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Martes, 19 de julio de 2011
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

Una búsqueda humanizante

 
Guillermo Aragón Loranca

Apenas hace un semana lamentábamos la partida de uno de los grandes filósofos que nutrieron la reflexión del marxismo crítico en México y el mundo, Adolfo Sánchez Vázquez, cuando ahora el mundo de la filosofía se enluta de nuevo en nuestro estado: hace unos días falleció Ricardo Avilés Espejel, maestro de varias generaciones en las facultades de Trabajo Social, Ciencias de la Educación y Filosofía y Letras de la UAT, quien además impartía clases en la Ibero Puebla y en la Universidad del Atiplano y participaba en numerosos grupos de reflexión.

Fiel a su vocación de maestro, en el amplio sentido de la palabra, a su formación jesuita y, en especial, fiel a la filosofía–pedagogía de Bernardo Lonergan, Ricardo realizó una intensa labor educativa, organizativa, reflexiva y de acompañamiento con campesinos de Atlangatepec, estudiantes universitarios y compañeros de docencia, con religiosas y laicos de la pastoral social, siempre tratando de hacer descubrir a todos ellos sus potencialidades para conocer y actuar responsablemente sobre la realidad, en función de su fe y de la construcción de una visión más integradora del mundo, en la que se entrecruzan credos y ciencias de todo tipo, emanadas de la experiencia humana de la vida.

En todas sus actividades, como maestro, como amigo, como padre, Ricardo se dio a fondo, en todo momento, a esa “búsqueda humanizante” que implica que el ser humano como sujeto se descubra sí mismo, dentro de sí mismo, saciando esa sed de comprender que le es propia, pero que está negada y adormecida por la civilización del confort, del consumo y del hedonismo egoísta que impone el capitalismo, para mantener su hegemonía. Cuando el hombre logra romper, aunque sea por un momento, con ese adormecimiento y es capaz de estar atento a la realidad, cuando la puede organizar de manera comprensible, se la puede explicar racionalmente para sí mismo y toma decisiones que lo comprometen a actuar ante ella como sujeto, es cuando sus horizontes de vida se expanden, cuando se recuperan todos los elementos vitales que el sistema ha dejado fuera de la vida, como la trascendencia, la ética, la filosofía, las ciencias al servicio del hombre, la amistad, la solidaridad, la posibilidad de otro mundo posible, en definitiva.

Todo lo anterior, y mucho más, es lo que el maestro Ricardo nos ha legado a todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo y tratarlo como maestro, como compañero, como amigo, y todos tenemos la responsabilidad de retomar la estafeta, de revivir esos grupos en los que se compartían las reflexiones, en donde se establecían compromisos, en donde se aprendía a ver y se tejía un gigantesco “Insight” colectivo, un despertar a una nueva conciencia. El mejor homenaje que podemos ofrecerle es continuar por el camino que él nos enseñó a recorrer con su palabra y con su ejemplo, y seguir con esa búsqueda humanizante como seres humanos, seamos creyentes o no, pero que nos hermana por encima de credos, por encima de disciplinas y de ciencias, para vislumbrar juntos un horizonte común y esperanzador.

 
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