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Lunes, 10 de enero de 2011
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 CUITLATLÁN 

La nueva secretaría: una mezcla de manzanas sanas con podridas

 

 

MARTÍN HERNÁNDEZ ALCÁNTARA

El auge veloz que ha tomado la inconformidad de decenas de intelectuales, artistas y académicos ante la inminente absorción de la Secretaría de Cultura por parte de su homóloga de Educación es, según cuentan, un tema prioritario para el virtual titular de la nueva dependencia fusionada, Luis Maldonado Venegas, quien hasta hace poco ocupaba plácidamente un escaño en el Palacio de Xicoténcatl, donde legisló como integrante de la fracción parlamentaria de Convergencia.

Los operadores del veracruzano buscaron desde el lunes de la semana anterior a varios de los firmantes de las misivas que están circulando por correo electrónico y a los suscribientes de los desplegados dados a conocer en  periódicos locales, en los que han manifestado su repudio a la pretendida amalgama.

Sin embargo, los propios de Maldonado Venegas –que, curiosamente no militan en el partido naranja del senador sino en Nueva Alianza, la franquicia electoral de Elba Esther Gordillo Morales– han pospuesto en dos ocasiones el encuentro del futuro secretario con los representantes de la comunidad cultural poblana.

Originalmente se pactó un encuentro para el miércoles 5 de enero, pero tal vez los convocantes no cayeron en cuenta que el día siguiente era para agasajar a los reyes del hogar, y entonces trasladaron la cita al viernes 7.

Sin embargo, de última hora el cónclave fue pospuesto para hoy por la tarde en algún privado del Presidente Intercontinental, hotel que desde las internas de Acción Nacional ha sido el cuartel general del gobernador electo Rafael Moreno Valle Rosas y su séquito.

La verdad, varios de los invitados al diálogo ya van con serias dudas a la entrevista con Maldonado, no sólo por la informalidad corroborada, sino porque consideran que la decisión de desaparecer la Secretaría de Cultura está tomada y sólo le falta consumarse.

De todas formas, hay otros muchos intelectuales que están convencidos en que hay que dar la lucha hasta el final, aunque no se gane, y hoy se aprestan a apersonarse en la sede del Congreso local para entregar a los representantes populares que tendrán sus primeras funciones como miembros de la LVIII Legislatura, una carta en la que volverán a dejar claro, punto por punto, razón por razón, aserto por aserto, por qué es a todas luces un despropósito la idea de juntar en una sola dependencia, con un presupuesto compartido, a las secretarías de Educación Pública y Cultura.

 La ociosidad y
el modelo Boston

Para muchos en la comunidad artística e intelectual que integran este frente ciudadano que defiende su derecho a participar en las decisiones sobre el apoyo, la promoción y difusión de la cultura, no ha sido fácil dejar a un lado –temporalmente, claro está– sus inquinas, tan personales como añejas.

Sin embargo, ante la ausencia de información que ha primado en la Comisión de Transición nombrada por Moreno Valle, los intelectuales se han dado a la tarea de indagar cuáles pueden ser las razones que alientan la eliminación de la Secretaría de Cultura.

La gente cercana al próximo mandatario y al eventual secretario de Educación y Cultura les ha dicho que la decisión está tomada y que, de hecho, no esperaban que generara tanto aspaviento, porque no se trata de un proyecto estratégico para la que será la nueva administración, ni mucho menos.

Todo el entuerto, aseguran quienes dicen saber, tiene mera inspiración eficientista, made in Boston, pues lo que se intenta es lograr una estructura educativa que uniforme los objetivos del aprendizaje científicos con los de la ciudadanía, y, según les contaron, para aprender a ser ciudadano hay que apreciar la cultura, pero no como un conjunto de conocimientos atávicos y de “culto al pasado”, sino como elementos vivos, dinámicos, en constante transformación, pero sobre todo, en permanente perfeccionamiento (¿?).

La fusión de la Secretaría de Educación con la de Cultura, les siguieron diciendo, brindaría más “ventajas competitivas” a ambas áreas, pero sobre todo, haría que los ¡recursos! –aquí es donde aparece la que será la palabra más importante del sexenio que está por comenzar–, se utilicen de mejor manera.

Es, para decirlo en términos lumpen, un asunto de pesos y centavos o, para explicarlo en el idioma del régimen que está por llegar: is a matter of money, because with money dancing the dog and the rest.

Así, pues, es necesario ahorrar ¡re– cur–sos! para “obras prio–ri–ta–rias” que brinden modernidad a nuestro pueblo, quiero decir, a nuestra Puebla.

Empero, el ocio, que no es sólo padre de vicios sino también de grandes elucubraciones, hace suponer a varios en la comunidad intelectual angelopolitana que la fusión obedece más a una estrategia política sugerida, y por tanto ordenada, por la maestra Elba Esther Gordillo Morales, quien ha empezado a cobrar las facturas de su caro apoyo a varios de quienes hoy son gobernadores, como Rafael Moreno Valle Rosas y su homólogo veracruzano, el priista Javier Duarte.

En la lógica de esas mentes especuladoras, dadas a la ficción y el análisis profundo de la existencia, Gordillo estaría operando desde ahora para ir ganando terreno en algunas áreas de la burocracia intelectual que escapan todavía al avasallador corporativismo de su Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Porque fusionando en los estados las secretarías de Educación y Cultura, doña Perpetua iría ganando terreno en el dominio y sometimiento de trabajadores de la cultura oficial, que han logrado mantenerse independientes de su férula, pero que tienen relación directa y sustancial con las tareas culturales a nivel local, por ejemplo, los trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, del Instituto Nacional de Bellas Artes, de Radio Educación y del Canal 22, por mencionar a algunos.

Sea lo que fuere, cualquiera de los dos supuestos de la amalgama no parece razón de peso para quitarle autonomía a una de las pocas dependencias que en los sexenios recientes tiene más éxitos que fracasos.

Por otro lado, en la escuela se nos repitió hasta el cansancio que no se deben juntar las manzanas sanas con las podridas, porque aquéllas se contagian del mal. Si la metáfora sirve de algo para quienes han decidido la mentada fusión, es más seguro que la Secretaría de Cultura descienda a los peores índices de desempeño que ostenta la Secretaría de Educación a que ésta alcance los niveles de panzazo que ostenta la primera.

 

 

 
 
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