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Miércoles, 26 de octubre de 2010
La Jornada de Oriente - Tlaxcala - Sociedad y Justicia
 
 

Francisco trabaja para distraerse

 

Don Francisco Romero trabajó 30 años en la industria textil y ahora lamenta que los productos sean más sintéticos, pues ya no hay algodón y la gabardina ya casi nadie la utiliza / Foto Alejandro Ancona
JOSÉ CARLOS AVENDAÑO

Tras pasar 30 años detrás de una máquina haciendo telas de gabardina y manta en una empresa del ramo textil, Francisco Romero se jubiló y para entretenerse ahora emprendió un negocio propio en el que vende objetos de barro en localidades de la periferia de la capital.

Sentado en un banco metálico debajo un árbol para protegerse de los rayos del sol, Francisco espera pacientemente la llegada de los primeros compradores del día en un espacio que ocupa a un costado del río Zahuapan, en la comunidad de Acxotla del Río, en Totolac.

Con la satisfacción de haber cumplido una etapa laboral de mucho esfuerzo para sostener a sus cinco hijos, quienes ya hicieron su vida propia, don Francisco todos los días sale con unas cajas de plástico en un diablito para trasladar las cazuelas, sahumerios, jarros, ollas y candeleros en los tianguis que se instalan en las comunidades aledañas a la capital del estado, pues refiere que con esta actividad se entretiene y así no se enferma por añorar su trabajo detrás de las máquinas.

Para este señor de 62 años de edad, originario de Cholula, Puebla, pero avecindado en Panotla desde hace tiempo, la temporada de Todos Santos es buena para la actividad que realiza, ya que la gente acude a su negocio ambulante a comprar cazuleas, sahumerios y candeleros para utilizarlos en las ofrendas que se ponen a los fieles difuntos en los hogares.

Los objetos de barro los compra a artesanos de San Miguel Tenezatiloyan, estado de Puebla, porque “la verdad es que tiene poco que agarré este oficio, dejé de trabajar en una empresa y ahora me dedico a esto”, reitera don Francisco, cuya tez morena ya pinta arrugas, pero su vitalidad por vivir es grande y siempre está dispuesto a platicar con los transeúntes para que se le haga menos pesado el día.

“Trabajaba en la empresa textil El Roble y ya me jubilé, entonces me pregunté qué hago y por eso decidí vender objetos de barro para la cocina a fin de emplear mi tiempo en algo porque se llega uno a enfermar de no hacer nada”.

–¿De qué trabajaba en la empresa textil? –se le inquiere a don Francisco.

–Laboré 30 años en esa empresa, era tejedor en una máquina automática, cuidaba que no se reventará el hilo para hacer telas de manta y gabardina.

–¿No extraña usted ese trabajo? –se le inquiere.

–No, porque con esta actividad me distraigo en la calle, si estuviera encerrado estaría peor.

–¿Siente usted nostalgia por la industria textil que cada día se va acabando?

–Claro, cada vez los productos son más sintéticos, ya no hay algodón, eso se va acabando y la gabardina ya casi nadie la utiliza.

Durante 30 años, este señor todos los días trabajó de 7 a 15 horas en la empresa y para hacer ejercicio caminaba alrededor de 2 kilómetros para ir a pie a su centro de trabajo, por eso es que conserva un estado físico saludable.

–¿Por qué se vino a vivir a Panotla? –se le pregunta.

–Soy originario de Cholula, pero como tenía amistades de Panotla me animaron y me vine para acá, ese poblado es tranquilo y Puebla ya es una ciudad muy congestionada de gente y de vehículos.

–¿Le alcanza lo que recibe de pensión para vivir cómodamente? –se le inquiere.

–Lo que me pagan de pensión son 3 mil pesos al mes y por eso busco otra alternativa laboral para ganar más dinero, pero insisto que lo principal es entretenerme para no enfermar.

–¿Qué le recomienda a las personas que se jubilan?

–Para mí hay que distraerse en algo, qué haría yo estando encerrado, nomás se enferma uno.

–¿Se ve usted muy animoso?

–En la calle siempre pasa alguien y comienza uno a platicar, compren o no compren, pero se entretiene uno.

–¿A qué aspira usted en los próximos años?

–No aspiro a otra cosa, la única esperanza que tengo es vivir y distraerme en el negocio –señaló.

Para este señor, lo importante es que las personas le tomen sentido al trabajo que realizan, a efecto de que se les haga menos pesado, por eso él no se desespera en explicarles a las mujeres que compran sus objetos de barro de cómo deben curarlos para que no se truenen y además les muestra cazuelas de diferentes tamaños para que compren la que mejor les sirva.

 
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