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Miércoles, 26 de octubre de 2010
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ALTERNATIVA ECONÓMICA  

Los errores económicos del innombrable

 
ARTURO HUERTA GONZÁLEZ

El lunes 25 de octubre, el ex  presidente de México que firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá dijo que éste permitió que las relaciones comerciales entre México y EU adquiriesen “certidumbre”, al estar basadas en unas “reglas claras”, y no en “criterios discrecionales” de cada gobierno. Señaló que durante la negociación del tratado, en los años 90, se reconoció la “asimetría” que existía entre los tres distintos países que lo signaron; cada uno tenía “realidades distintas”, y por eso se acordó una apertura gradual, misma que a la postre no se supo concretar.

La certidumbre aludida, ha actuado a favor de las empresas estadounidenses y no de las nacionales, pues si las asimetrías se hubieran reconocido, no tendríamos ahora menos industria, menos agricultura, menos empleo productivo y formal que existía antes de dicho TLC. Decir que se acordó una apertura gradual, implicaba suponer que México en ese período (que fue de 14 años para la apertura total y la eliminación práctica de los aranceles en la mayoría de los productos), alcanzaría los niveles de desarrollo de productividad y competitividad de Estados Unidos. Es decir, que en ese lapso pasaríamos a ser del primer mundo, lo que evidencia lo iluso de su gobierno de pensar que ello podría realizarse. Al eliminar los criterios discrecionales del gobierno y dejarle al libre mercado de economía abierta la determinación del rumbo nacional, evidencia la debilidad del Estado para anteponer lo nacional, frente a los de EUA.

Ahora nos dice que el TLC, es “un instrumento, no la panacea”. Resulta que ese no fue el discurso durante su gobierno. Ellos decían que con el TLC, México iría a las Primeras Ligas Mundiales, que tendríamos acceso al principal mercado del mundo. México antes del TLC era la novena economía del mundo y ahora es la decimocatorce evidenciando que dicha política no fue la panacea, ni es un instrumento para el crecimiento. El contexto de economía abierta actúa a favor de aquellos países que tienen una productividad por arriba de la media internacional, que no es nuestro caso.

En la defensa esgrimida en torno al TLC, señaló que “el país tuvo un despegue en todo el sector de la manufactura de exportación, pero lo que no dice es que ello no se tradujo en mayor desarrollo industrial, ni en menor déficit de comercio exterior. El crecimiento de las exportaciones manufactureras ha ido acompañado de mayores importaciones. Las exportaciones tienen un alto componente importado, por lo que su dinámica no irradia en mayor crecimiento productivo, ni en mayor generación de empleos. El empleo que generan, no contrarresta el desempleo provocado por el cierre de empresas que ocasionan las importaciones.

Cabe recordar que en el discurso que el innombrable pronunció en 1993 en el Congreso de EU (para que aceptaran la firma del TLC con México), señaló que ello frenaría la migración de mexicanos a dicho país, y los resultados han sido todo lo contrario. El se lo adjudica a la crisis de 1995, como si ésta no fuese resultado de las políticas de libre mercado impulsadas en su gobierno. Dijo que el TLC, permitió “revertir más rápido” los efectos de la crisis, pero lo que no reconoce es que el TLC nos ha llevado a depender del acontecer de la economía estadounidense, y de que dejamos de tener motor interno de crecimiento. De hecho el señaló que con el TLC, el peso del comercio exterior del PIB se incrementó de 38 a un 65 por ciento, pero no se da cuenta que ello nos coloca en un contexto de mayor vulnerabilidad externa, ya que pasamos a tener menos condiciones endógenas de acumulación y crecimiento. De ahí que ante cada recesión de la economía de EU, México cae en mayor proporción que ella, por no tener condiciones productivas, y manejo soberano de política económica para encarar tal situación.

Expresó su desacuerdo con la idea de que “la globalización cancela la soberanía”. Durante su mandato se le dio autonomía al banco central, lo que le quita al gobierno el manejo soberano de  la política monetaria, y con ello el manejo soberano de la política fiscal, ya que lo obliga a trabajar con disciplina fiscal, ante la falta de financiamiento propio. Ello nos ha llevado a no tener política contracíclica para contrarrestar la caída de exportaciones y de las remesas y de la entrada de capitales, lo que nos llevó a la grave crisis de 2009, y no obstante ello se dice que “la globalización no cancela la soberanía”.

Para él, México no avanzó al ritmo de otras economías emergentes en el mundo, por la falta de consolidación del tratado, ya que se incumplió la etapa para la segunda generación de reformas financieras. Tal planteamiento es falso, pues todos sus sucesores no sólo impulsaron la liberalización y extranjerización del sistema bancario y financiero, sino el resto de las reformas estructurales de orientación de mercado, y los resultados han sido mayor subdesarrollo de la economía nacional, mayor extranjerización, mayor vulnerabilidad externa, mayor pobreza y violencia, y no obstante ello, se sigue insistiendo en lo mismo, evidenciando que no hay Proyecto de Nación alguno por parte de los que nos han gobernado en las últimas décadas.

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