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Jueves, 10 de diciembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Narcisismo o empoderamiento en la exposición Rostros de usos múltiples

 

Aguja mágica, petatillo, canasta, panalillo y pata de gallo, son algunas de las técnicas con las que 11 diferentes personas construyeron el rostro de Miguel Cruz. “Esta es mi cara fragmentada, todo lo que ves aquí no me pertenece, sin embargo soy yo”, escribe el artista en su propio bordado / Fotos Abraham Paredes
ALONSO FRAGUA

Probablemente Miguel Pérez no lo sabía al principio de su carrera, pero eventualmente descubrió que el arte puede ser una actividad catártica y de empoderamiento. Hace cuatro años, en una clase de la licenciatura de Artes Plásticas de la UDLA, el oriundo de San Pedro Cholula se enfrentó por primera vez a sí mismo a través de un autorretrato.

Luego de luchar contra el temor de ver frente al espejo su propia imagen –la cual creía imperfecta gracias a los modelos estéticos contemporáneos–, el joven continuó estudiando su cuerpo en distintas piezas que dieron como primer resultado una retrospectiva titulada Cómo me quiero –que incluía una fotografía de él desnudo y cubierto de chocolate–, que produjo calificativos como narcisista, morboso y grotesco; pero también reflexiones sobre el cuerpo de los propios espectadores.

En 2009 la exploración alrededor de su cuerpo e identidad alcanzó una nueva etapa con el proyecto Rostros de usos múltiples –apoyado por la beca Foescap– donde las agujas de bordado de nueve mujeres, de un artista plástico y de él mismo, intervinieron para reinterpretar esa cara de tez morena y nariz ancha que tiene sobre los hombros.

Pero esta nueva exposición montada en la Casa del Caballero Águila hasta el 28 de febrero de 2010, no es sólo un ejercicio artístico, sino también un esfuerzo antropológico; una revaloración de la tradición del bordado que practican las mujeres de San Pedro Cholula al interior de sus hogares o en esos tiempos muertos durante un día de mercado, explica Pérez, mientras recorre la galería con paso lento y un rostro afable, sin dejar de destacar el talento y habilidad de esas manos que pululan por su ciudad.

“Tomaba mi carro, lo estacionaba en algún lugar céntrico y empezaba a caminar. Con las señoras que encontraba en el camino me acercaba y les pedía que me enseñaran a bordar, y no querían; me cuestionaban el motivo y el hecho de que fuera un hombre el que se interesara por su actividad”.

A pesar de la dificultad, finalmente logró que nueve mujeres –entre familiares, amigas y totales desconocidas– aportaran sus distintas técnicas de bordado para construir la imagen que ellas quisieran. Algunas, como Clemencia Luna, empleada doméstica de una tía, jamás vio a su modelo, pero elaboró una pieza con un notable parecido con la realidad, hasta en detalles como lunares.

Las flores moradas que salen del cráneo –y que se observan en la inviotación a la exposición– son parte del imaginario de Doña Clemencia, de la misma forma que el bordado de lentejuela de la virgen de Guadalupe hecho por Doña Soledad del Carmen, madre de Pérez, es un recordatorio de la fe que su hijo no profesa.

La propuesta para obtener la beca Foescap incluyó un estudio de campo, un bordado previo con estudio de materiales, y una investigación sobre psicoanálisis, el cual habla de que “nuestro cuerpo está dividido en dos partes: lo que debes de ser y lo que realmente eres. Así que siempre estamos luchando entre esas dos posiciones y yo seguía preguntándome ‘¿yo qué soy?’ Las piezas entonces son la parte neutral: lo que realmente soy como artista y persona, y lo que debe de ser como cholulteca.

–Considerando que el bordado es una actividad practicada generalmente por mujeres, y dada la reticencia de éstas a enseñarte, ¿qué reflexión podrías hacer sobre el tema del género en tu proyecto?

–Es un tema difícil para mí. La gente relaciona la actividad con otro tipo de cosas más personales, como mis preferencias sexuales. Se pregunta, ‘¿por qué le gusta bordar?’ Pero finalmente es la educación quien determina ese tipo de expectativas en la gente.

“Yo respeto todo, por lo mismo que yo no me respeta por como soy físicamente, por eso me molesta mucho que hagan juicios a partir de cómo te comportas o cómo hablas; no tiene nada que ver con lo que eres como persona”.

Para descubrir el verdadero rostro de Miguel Pérez –o las interpretaciones de éste– el público puede visitar la Casa del Caballero Águila de jueves a martes, en 4 Oriente 1, frente al zócalo de San Pedro Cholula.

 
 
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