El problema ecológico y el “ecosocialismo”

 Irracionalismo y enemistad contra el progreso son inseparables”.

Lukács.

I.- El problema.


En su proceso de desarrollo histórico, el capitalismo ha impulsado un gigantesco salto en los niveles de la productividad del trabajo y, en un proceso estrechamente ligado, un no menos impresionante avance en el plano de la ciencia y de la tecnología. En otros tiempos, el hombre era un ser prácticamente inerte frente a los “demonios” de la naturaleza. Hoy, por lo menos en potencia, se ha acercado bastante a ese ideal de ser “señor y dueño del universo.” El hombre ha llegado a saber las leyes objetivas que regulan su entorno natural y con cargo a este conocimiento – la “astucia de la razón” según decía Hegel- ha sido capaz de regular y controlar esos procesos naturales. En principio y en abstracto, se podría decir que eso engrandece y fortalece a la misma humanidad. Pero si observamos al fenómeno más de cerca y con mayor cuidado, veremos que es el capital el que sí se ha fortalecido. Y dejado en la estacada (la distribución de los frutos del progreso científico y técnico ha sido muy desigual) a buena parte de la humanidad. Como sea, el potencial liberador del fenómeno allí está.

El modo capitalista, en su cúpula, no sólo se apropia del grueso del pastel. A la vez, en términos asaz contradictorios, desfalca gravemente al mismo ser humano y a su entorno natural. En palabras de Marx, “la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre.”[2]Obviamente, este proceso – a menos que la humanidad opte por el suicidio colectivo, algo difícil de aceptar- a la larga debería conducir a la supresión y superación del régimen capitalista. En otros tiempos, el problema casi no llamaba la atención. Ahora- segunda década del siglo 21- se ha tornado dramático y provoca discusiones agudas. Inclusive, comienza a poner en el primer plano de la escena, el problema de los límites del capitalismo.

El problema ecológico (cambio climático, calentamiento global, efecto de invernadero, polución, etc.) es complejo y ha venido desatando polémicas largas.[3] Como no tenemos capacidad para dirimir las posiciones en juego, nos limitaremos a indicar, muy brevemente, lo que parecen ser las posturas centrales y más opuestas.

La primera visión es la más publicitada  (a veces con estridencia) y pronostica que la mantención de las tendencias actuales daría lugar, hacia fines del siglo XXI o antes, a una crisis mayor, a una verdadera catástrofe de los eco-sistemas del planeta. La segunda postura la enarbolan autores “anti-catastrofistas”. Sus críticas apuntan a la falta de teoría sólida y al uso de modelos predictivos simplistas.

La perspectiva “catastrofista”.[4]

En la primera visión –posible catástrofe- se parte de una constatación: la creciente expansión de los gases de “efecto invernadero” (bióxido de carbono, metano, óxido nitroso, etc.) en la atmósfera terrestre (ver Cuadro 1). Siendo éste, un fenómeno que nadie discute. Esta expansión está muy asociada a la industrialización capitalista, pues a partir de la “revolución industrial” se observa una expansión espectacular. Este sería un segundo paso que tampoco, según parece, provoca grandes discusiones. El tercer paso es el que asocia el fenómeno del efecto de invernadero provocado por los gases indicados, al llamado “calentamiento global”. En consecuencia, el “calentamiento global” sería provocado por el estilo de producción y de consumo que se ha venido desarrollando en los últimos dos siglos o algo más. Por eso se habla de “causas antropogénicas”: “es muy probable que el grueso del aumento de la temperatura del planeta observado durante los últimos cincuenta años se deba a las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades humanas.”[5] Un cuarto paso apunta a las consecuencias. De ellas (a revisar más adelante), destacan dos: el calentamiento conduce a derretir polos y elevar el nivel del mar. Si las cosas no se modifican, Hansen pronostica que un “aumento del nivel del mar de al menos dos metros, es probable a lo largo del siglo XXI.”[6] El otro dramático impacto se refiere a la bío-diversidad: pudiera darse una extinción en masa de especies animales y vegetales. Un quinto momento señala que el calentamiento global así determinado, provoca efectos acumulativos: “lo alarmante es que, por la capacidad de persistencia de esos gases y el efecto acumulativo de las emisiones, el ecosistema cada vez tiene menos capacidad para absorber los excedentes, de modo que, incluso contaminando menos, aumentan las concentraciones. La biósfera, que debería absorber una cuarta parte de los gases, está cada vez más saturada, y los océanos, el otro gran amortiguador, están sufriendo un proceso de acidificación sin precedentes que amenaza el ecosistema marino.”[7] El carácter acumulativo del proceso significa que todo retraso en las políticas de contención, lo tornará más difícil y costoso. El sexto paso apunta a las consecuencias más concretas del calentamiento global. Después de comentar el Cuadro I, que se relaciona con las causas del efecto de invernadero y lo que éste puede provocar, retomamos el punto de las consecuencias concretas, de acuerdo a lo que suelen plantear los autores que agrupamos en esta corriente “pesimista”.

 

Cuadro I: Concentración de bióxido de carbono (CO2).

 

Año     ppm (*)                    Proyecciones
     1750      280 Año     Baja    Prognosis (**)
     1958      315   2015     390      414
     2009      387   2020     397      429
     2011      391   2025     402      442
     2013      396   2030     406      461
   1958 / 1750      12.5 %   2035     410      480
   2013 / 1958      25.7 %  2035/15     5.1%      15.9%

(*) ppm = partículas por millón.

(**) Se mantienen prácticas empresariales.

Fuente: a) Proyecciones: Cubash y Wuebbles edits.,Introduction to Climate Change 2013. The Physical Science Basis; CUP, N.York, 2013; b) Datos previos al 2013: Anuario PNUMA, Nairobi, 2013.

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Conviene añadir un breve comentario a las cifras del Cuadro I. Se señala que un aumento de la temperatura media del mar de 2° Celsius, debe considerarse un tope. Más allá, se desatarían consecuencias inmanejables. El escenario que maneja concentraciones de bióxido del orden de 450ppm (entre 430-480) tendría una probabilidad del orden de dos tercios para evitar sobrepasar los fatídicos 2° C.  Con 550ppm o más, la probabilidad más alta es la de sobrepasar los 2°C. Este nivel de concentración, de acuerdo a las proyecciones, se alcanzaría hacia el 2100.[8] No está demás indicar: en la prognosis hay una aceleración en el crecimiento del bióxido de carbono: en el período 1958-2013 la tasa media es del 0.417% anual. En la fase 2015-2035 sube a un 0.741%. En esta fase de prognosis, en la década 2015-2025 se maneja una tasa del 0.66% anual, la que se eleva a un 0.83% en la década siguiente.[9]

Prosigamos con las consecuencias. En términos muy elementales, podemos distinguir dos órdenes de problemas: a) los de contaminación ambiental; b) los referidos al agotamiento de recursos naturales básicos. Por cierto, se trata de dos aspectos que en la mayoría de los casos están internamente ligados. La distinción, se hace sólo para efectos de la exposición

La contaminación ambiental implica un proceso según el cual el ambiente que rodea a la vida humana empieza a dificultar a esta misma vida: el aire se torna irrespirable, las aguas de mares y lagunas se ensucian y matan a peces, pájaros y demás. Los ríos se transforman en basurales, en depósitos de heces fecales, etc. Allí mueren los peces y no hablemos de beber esas aguas; si alguien en ellas se baña, adquiere enfermedades a la piel (o de otro tipo) extremadamente graves. Emergen cambios climáticos que provocan sequías terribles o lluvias que, como en alguna novela de García Márquez, parecen de nunca acabar. En concreto, el calentamiento global, aparte de las consecuencias antes indicadas, también provoca una mayor varianza de las condiciones climáticas: se agravan sequías y faltas de lluvia; a la vez, se agravan ciclones, tormentas y lluvias devastadoras. La lista de males se puede alargar casi ad-infinitum, pero nos basta el punto básico: el ambiente en que despliega su existencia el ser humano empieza a causarle problemas que ya son graves y pueden empeorar aún más en un futuro no lejano. Estos fenómenos, señala esta corriente, están muy conectados con el tipo de desarrollo económico experimentado en los últimos tres siglos. Este proceso, no sólo ha elevado drásticamente la productividad del trabajo y, por lo mismo, posibilita niveles de vida que ni se soñaban hacia el 1700. El problema radica en que, en términos paralelos, el ambiente de los terrícolas se ha ido ensuciando y deteriorando en términos graves. En esto, la forma capitalista ha tenido una responsabilidad mayor: por el horizonte de corto plazo que se maneja y por evitar costos reductores de ganancias, no ha habido casi ningún recaudo ante el deterior ambiental.

Si las tendencias actuales se mantienen, al cabo de un siglo se puede arribar a una situación catastrófica que pondría en riesgo a la misma vida humana. En el 2012, Hansen indicaba: “el cambio climático ya está aquí y es peor de lo que habíamos pensado”.[10]Las predicciones cuantitativas resultan dramáticas.[11] Por el lado del calentamiento global, se señala que un aumento de 2°C en la temperatura media del planeta ocasionaría consecuencias críticas e irreversibles: deshielo de los polos, levantamiento de los mares y, por consiguiente, “hundimiento” de islas y zonas costeras, desaparición de especies (la bío-diversidad se colapsa), sequías, etc. Por el lado de las emisiones de dióxido de carbono (y de otros gases de efecto de invernadero), se estima que superar los 750 billones de toneladas métricas acumuladas implicaría situaciones y procesos dramáticos. Al ritmo de incremento actual, esta “meta” (o puerta a los infiernos) se podría alcanzar hacia el 2028. En corto, se puede arribar a “condiciones ecológicas apocalípticas”.[12] En un sentido similar, un estudio de Naciones Unidas apunta que “si continúan las tendencias actuales, en los próximos años se producirán pérdidas rápidas de carbono del suelo a la atmósfera, con lo que no solo se exacerbará el cambio climático, sino que además aumentará la superficie de suelos degradables en todo el mundo y disminuirán muchos de los servicios esenciales de los ecosistemas. Las consecuencias de que se siga perdiendo carbono del suelo tal vez no se evidencien hasta dentro de varios decenios, pero para entonces podría resultar difícil o demasiado caro remediarlo.”[13]

Un segundo gran problema se refiere al eventual agotamiento de los recursos naturales. Si se pueden sustituir por otros recursos o surgen innovaciones tecnológicas que los tornan innecesarios, no surgen mayores problemas. Pero hay recursos, como vg. el agua,  que: i) es renovable pero a una tasa inferior a la de su uso. Luego, los mantos freáticos se agotan; ii) el recurso es absolutamente imprescindible; iii) no se vislumbran, en un plazo razonable, innovaciones que la puedan reemplazar.[14] Por cierto, si no hay sustitutos, la ruta de salida es la de evitar desperdicios y mejorar el uso del recurso. Lo cual, entre otras cosas, exige alterar los estilos del trabajo agrícola.

La perspectiva “escéptica” o no-catastrofista.[15]

Los autores que podemos agrupar, con un más o un menos, en esta perspectiva, suelen criticar el manejo sensacionalista (más mediático que científico) del problema. Se señalan predicciones simplistas sin sustento teórico y procedimientos que poco respetan los cánones del rigor científico. El francés Leroux, por ejemplo, señala que el “calentamiento global es una impostura científica”. Figueiredo apunta que “no está probado que las emisiones antropogénicas de bióxido de carbono tengan un efecto significativo en el calentamiento global”.

Los críticos, para dar algún ejemplo, rechazan que exista una asociación clara entre alto CO2 y altas temperaturas: sostienen que en otras épocas se han dado temperaturas mayores a las actuales en un marco de bajo CO2, del orden de las 100ppm. También señalan que no se visualiza una asociación positiva y clara entre CO2 y nivel del mar. En 1900-1950, el óxido de carbono sube 0.33ppm por año; entre 1950 y 2000 sube 1.17ppm por año. No obstante, el nivel del mar se eleva 2.03 (+/- 0.35) mm por año en 1904-1953. Luego, en el período 1954-2003, el nivel del mar sube menos: 1.45 (+/-0.34) mm por año. O sea, movimientos inversos a los que postulan los de la primera corriente. Digamos de inmediato que los “catastrofistas” y organismos oficiales (como el PNUMA), manejan una evidencia estadística diferente y que apoyaría los nexos causales que suponen James y cía.

En lo que sigue, nos limitamos a exponer los puntos que pensamos son nodales en esta postura.

En cuanto a la tendencia de largo-largo plazo al calentamiento global, se indica que no existe todavía una teoría sólida y los modelos predictivos usados son muy incompletos. Puede decirse que estos autores introducen un factor de cautela (o de relativo escepticismo) en el manejo de la hipótesis. En todo caso, parece que, a partir de los más recientes trabajos empíricos, algunos “escépticos”, tienden a aceptar la hipótesis. Pero sólo en términos factuales.

El segundo momento se refiere a los factores determinantes del proceso. Aquí, se tiende a rechazar la causa antropogénica y se alude a oscilaciones de muy largo plazo, las  que responden a factores estrictamente naturales. En lo básico, se trataría de cambios en la energía e irradiación solar. Este movimiento, por lo demás, no sería nuevo en la historia de la tierra, la que en otros periodos se habría adaptado, a procesos de calentamiento global. En cuanto al impacto de la civilización industrial capitalista, se le asigna un rol menor (salvo a nivel de microclimas).

En lo señalado, conviene mencionar la diferencia entre cambios climáticos de muy largo plazo y el nivel de polución o “contaminación ambiental”. Los autores de esta corriente, separan con fuerza el factor polución del factor climático global. Amén de que el factor polución lo conectan claramente al impacto de la industrialización capitalista y los modos de consumo que le acompañan. Arruda, por ejemplo, distingue entre “microclima” y “clima global”. El primero afectaría a las grandes poblaciones urbanas, sería causado por el tipo de industrialización capitalista y provocaría los impactos dañinos conocidos. El segundo caso –el global- dependería de causas naturales (sol, océanos, volcanes) y sería ajeno al control y voluntad humana.[16]

En lo referente al impacto del proceso de calentamiento global (que algunos rechazan como hipótesis científica validada), se entiende que puede ser significativo, causando algunos problemas mayores en tales o cuales lugares. No obstante, se rechaza la posibilidad de una catástrofe ecológica universal. En estas discusiones hay un aspecto que es especialmente subrayado en el enfoque que ahora nos preocupa. Ante el cambio climático-ambiental y su impacto eventualmente desquiciante en los seres vivos, se subraya que se trata de entidades biológicas. O sea, seres vivos que, en cuanto tales, tienen capacidad para reaccionar y adaptarse a las nuevas condiciones.

¿Podemos llegar a alguna conclusión? Para un amateur, dilucidar el problema controvertido es prácticamente imposible y sería muy poco serio pretender reemplazar a los científicos consagrados al tema. En todo caso, tomando la precauciones del caso, parece que la gran mayoría de los especialistas: i) reconocen el efecto de invernadero y la contaminación del aire en las grandes ciudades. Algunos, distinguen entre lo que llaman “micro-clima” y el “macro-clima”. El primero afectaría a las grandes urbes y vendría determinado por causas “antropogénicas”; El segundo, el macro clima o “clima global”, influido por factores naturales, no controlables por el hombre; ii) pocos rechazan el calentamiento global (las causas pudieran ser diferentes); iii) se tiende a reconocer la elevación del nivel del mar, aunque en proporciones muy diferentes y en plazos temporales no excesivamente largos. Para las tendencia seculares (dos siglos o más), hay diferencias; iv) Se reconoce –salvo excepciones cada vez más débiles- que se puede arribar a una situación problemática. Algunos, piensan en una adaptación factible y otros, en una situación muy difícil de superar.[17]

Las políticas a impulsar: breve alcance.

Cualesquiera sea el diagnostico, hay políticas contrarrestantes a impulsar. Sea para evitar los problemas o –si son inevitables- para adaptarse a ellos. En términos gruesos, se deberían impulsar: i) innovaciones tecnológicas que ahorren drásticamente el uso industrial y doméstico del recurso escaso y/o dañino. Básicamente, se trata de los combustibles fósiles; ii) impulsar políticas públicas que operen en el mismo sentido. Asimismo, aplicar políticas que eviten la degradación (deforestación, altas concentraciones de CO2, efecto de invernadero, cambio climático, etc.) del medio ambiente. De acuerdo a los especialistas, algo se ha avanzado en estos respectos pero hay bastante consenso en que el avance es muy insuficiente. De hecho se puede hablar de una miopía no menor a nivel de las instancias políticas dominantes.

Un aspecto a subrayar es: la solución o debilitamiento del problema ecológico es responsabilidad primordial de los países más desarrollados. Primero, por ser los que más contribuyen al deterioro ambiental.[18] Segundo, porque el ataque al problema exige una altísima capacidad tecnológica. Como no se trata de volver a la edad de piedra, la exigencia es la de encontrar tecnologías “limpias” que reemplacen a las que hoy se utilizan y lo hagan en términos que no afecten a los niveles de productividad que ya se han alcanzado. Los problemas que aquí emergen pueden ser muy complejos y sólo países muy desarrollados (EEUU, Alemania, Francia, Japón, etc.) poseen las capacidades científicas y tecnológicas que permiten abordar con éxito tamaña tarea.

También es imprescindible un fuerte cambio en la planificación urbana (menos cemento, más áreas verdes) y en los patrones de consumo. Hay elementos en el consumo familiar (sobretodo en los estratos de mayor ingreso) que amén de irracionales y enajenados, son altamente dañinos para el ambiente y el ecosistema. No se trata, valga el subrayado, de volver a la edad de piedra y de vivir como faquires. El punto es muy diferente. Por ejemplo, se debe reemplazar el transporte individual por uno de carácter colectivo y que utilice otro tipo de energía. Para distancias cortas, usar bicicletas, etc. La eliminación del consumismo irracional es indispensable y en este proceso, se debe incluso elevar el nivel y la calidad de vida. Valga también subrayar: se trata de políticas complementarias: caminar por el cemento escuchando el alarido de buses, camiones y demás, no es lo mismo que caminar por áreas arboladas escuchando a los pájaros cantar.

El energético, es el problema central y se trata de abandonar los métodos hoy dominantes: combustión de materiales fósiles, por mecanismos nuevos y limpios. Amén de ahorrar los recursos disponibles y de mitigar al máximo los efectos de invernadero, la ruta principal y de largo plazo apunta a la energía eólica y, muy especialmente, a la solar. Para lo cual, no parecen existir todavía las tecnologías que, por costo y eficacia, posibiliten un uso masivo.[19]En el ínterin, muchos científicos (incluyendo a James Hansen) proponen impulsar la energía nuclear. Se habla de mejorar los mecanismos de seguridad y de plantas de cuarta generación en las cuales los desechos de material radiactivo (hoy, muy elevados) se reducirían a niveles muy bajos y, por lo mismo, el serio problema del almacenamiento de los desechos nucleares, disminuiría considerablemente. En la actualidad (octubre 2014), la opinión pública (alarmada por el desastre japonés de Fukuyama) se opone muy fuertemente a la industria nuclear. Pero esto pudiera cambiar. Sobremanera si emergen tecnologías seguras y menos costosas. Y no está demás subrayar: las nuevas y potentes tecnologías que el problema exige pueden tener efectos múltiples y positivos. Por ejemplo, la desalinización del mar hoy es costosa y obliga a emplear recursos energéticos contaminantes. Pero  una energía nuclear que fuera muy segura y barata, permitiría resolver del todo los actuales y futuros problemas hídricos.[20]

Las políticas deben ser impuestas a empresas y naciones. La empresa capitalista no lo hará a menos que todas lo hagan y eso exige decisiones a nivel estatal. A nivel de países surge una exigencia análoga que, obviamente, es bastante más difícil de lograr. Sobremanera en el caso de las grandes potencias, como EEUU, China, etc. Las cuales, por lo demás, son las principales responsables del deterioro global. El problema exige una respuesta global coherente y normas que sean obligatorias para todos los países y empresas. También implica elevar los costos privados de producción, por lo mismo, las empresas suelen ser renuentes a esas medidas: son “miopes”, piensan en el lucro inmediato y no en las catástrofes que se pueden venir. La gran pregunta que emerge es si tales políticas pueden ser ejecutadas en un contexto de dominio capitalista. Como es el mismo modo capitalista el que ha generado los problemas, se puede sostener que sin suprimir sus bases estructurales, no hay solución posible. Algunos, como la corriente político-ideológica que nos interesa examinar, piensan que en un marco capitalista, no hay solución posible. Si optamos por un pronóstico más cauteloso (no confundir deseos con realidades) se pudiera pensar en un cambio muy profundo y que, a la vez, preservara la matriz más básica del sistema: se pasaría a otra modalidad (o “patrón de acumulación”) del capitalismo. Algo bastante difícil más no imposible (probabilidad muy baja, pero no igual a cero). Ciertamente, existe la ceguera histórica de las clases dominantes. Pero el costo es tan elevado que pudiera provocar una reacción de supervivencia. Lo que sí parece indiscutible es que sin una movilización popular muy vasta y fuerte, el problema no se resolverá. Esta movilización, por su misma fortaleza, debería desembocar en un régimen social superior, de tipo socialista. O bien, si no tiene la fuerza suficiente para ello, por lo menos debería empujar y hasta obligar a un cambio de orden muy mayor en el régimen capitalista. En la actualidad, el movimiento verde es relativamente débil. Y el socialista mucho más. Pero si los pronósticos sombríos se empiezan a cumplir, se debería esperar un drástico cambio en la actual correlación política de fuerzas.

En las políticas de corrección (o de “mitigación”) hay un problema que por lo menos se debe señalar. Si aceptamos la cadena causal que suelen manejar los “pesimistas”, tendríamos que el ascenso del tercer mundo a un nivel de desarrollo industrial elevado – o sea, a salir del atraso- daría lugar a procesos de contaminación y calentamiento más agudos que en la actualidad. Si la revolución industrial, que ha tenido lugar sólo en una parte menor de la humanidad, es la causante de los males, ¿qué sucederá cuando se extienda a todo el “tercer mundo”? De aquí la pregunta que muchos, en voz muy baja, se hacen: ¿para evitar el problema, estos países deben renunciar al desarrollo?

Podemos ver que el punto no es venial y que bien puede ser usado por las grandes potencias actuales en contra de eventuales potencias emergentes (vg. China e India) que le pudieran pasar a disputar sus actuales posiciones hegemónicas e imperiales. O bien, ¿el “tercer mundo” debe sacrificarse y mantenerse en el atraso y miseria para evitar los problemas ambientales del primer mundo? [21]

 

 

II.- Opciones socio-políticas. Un supuesto para aclarar el punto en discusión.

            En estas notas, lo que buscamos es examinar lo que a veces se autodenomina “ecosocialismo”. En el numeral anterior hemos apuntado que el problema ambiental puede impulsar la lucha por el socialismo. Pero, en sentido estricto, no se puede afirmar que el modo capitalista resulte incapaz de resolver o suavizar el problema. En otras palabras: la probabilidad de que lo pueda hacer es baja pero no es igual a cero.

En todo caso, y sólo para mejor aclarar el punto en discusión, resulta útil suponer la incapacidad del sistema. El supuesto, nos permite concentrar la atención en el punto central a discutir: el de las opciones no-capitalistas que se pudieran abrir en el actual período histórico. Pasamos, entonces, a suponer que bajo el capitalismo no se puede resolver el problema. Ante esta realidad, la humanidad –que suponemos no opta por el suicidio universal- debería proceder a desahuciar este sistema. Si así son las cosas, tenemos que se abren (por lo menos en el papel) dos “opciones”: 1) avanzar a un modo de producción superior, socialista de nuevo tipo[22]; 2) volver a un pasado pre-capitalista, en el cual se supone que operaba una “relación armónica entre el hombre y la naturaleza”.[23]

La postura que mira al pasado como salvación de los problemas actuales es la que denominamos “irracionalismo romántico”. En torno a ella, con mayor o menor cercanía,  encontramos diversos personeros y grupos. En general, no es fácil encontrar una postura del todo coherente u homogénea. O sea, hay autores que en tal o cual aspecto, asumen la postura romántica, y en otros no.[24] En lo que sigue, para una caracterización más clara, supondremos que existe una postura homogénea.

 

 

III.- Antecedentes históricos preocupantes.

En general, se puede sostener que la constatación de los males no está equivocada. Pero, a la vez, hay una notoria ceguera o ignorancia en el conocimiento de sus causas. Asimismo, y esto es quizá lo más grave, las propuestas que se manejan para superar esta situación son completamente impotentes (i.e. imposibles de concretar) e inclusive poseen una muy clara connotación reaccionaria. En un grado que no es menor, recuerdan las reacciones que tuvo parte de la clase obrera en contra de la incorporación de máquinas en el proceso de trabajo. Esos “ludditas” culpaban a las máquinas (típica inversión fetichista) de su condición social y procedían a destruirlas. También, y en un grado peligrosamente mayor, recuerdan a la reacción romántico-feudal que hubo en Alemania frente a Napoleón y el avance de las relaciones capitalistas de producción. Valga detenerse, mínimamente, en este punto.

Napoleón, que consolidara el triunfo de las relaciones capitalistas en Francia, cuando invade a la Europa Continental lo hace con las banderas de la revolución: combatir al Antiguo Régimen (de base feudal) e impulsar las relaciones demoburguesas en esos países que siempre intentaban invadir y derrocar al régimen francés. En Alemania, algunos (Hegel, Holderlin, Schiller, en parte Goethe), dan la bienvenida al “triunfo de la razón”. Otros, que terminaron por ser mayoría, al oír de Robespierre y Saint-Just tiemblan y se les caen los pantalones, se amparan en el nacionalismo frente al invasor, recogen y profundizan la crítica feudal al capitalismo, pasan a idealizar las relaciones de la aldea antigua (la “gemeinschaft”) y medieval y caen de plano en un romanticismo delirante y del todo irracional (los hermanos Schlegel, Tieck, Novalis, von Kleist, Jacobi, el último Schelling, etc.). Novalis, escribía: “Quién amó con piedad el mundo pasado / no sabrá ya qué hacer en este mundo.” También, en clara alusión a los tiempos, “¡Qué lejos está mi patria / y qué lejos los sueños de antaño! /Aquellos árboles cayeron tiempo ha, y el viejo palacio ardió. / Terribles, impetuosas como un mar, vinieron hordas enemigas, / y el paraíso sucumbió.”[25]

Kleist, poeta muy histérico, grita que “me da asco todo lo que se llama Ciencia”.[26] Heine, que rompiera a tiempo con esa corriente, escribe que los románticos “quisieron restaurar la Edad Media católica, porque sospechaban que había en ella muchos sagrados recuerdos de sus antepasados y de su nacionalidad primitiva, conservados bajo otras formas. Estas reliquias, manchadas y mutiladas, despertaron en sus almas vivísima simpatía, y detestaron al protestantismo y al liberalismo, que se esforzaban en demoler con todo el pasado católico esos restos sagrados del germanismo.”[27]Dicho sea al pasar, este irracionalismo romántico, casi un siglo después, tendrá resonancias macabras en el movimiento hitleriano.

El populismo ruso (los “naródniki”) también muestra amplios puntos de contacto con el actual irracionalismo romántico.[28] Según Lenin, el populismo “se basaba en la crítica romántica y pequeño-burguesa del capitalismo”. En esta postura, muy importante en la Rusia de fines del siglo XIX y algo más, Lenin destaca tres rasgos fundamentales que conviene recoger.

Uno: los populistas critican con dureza al capitalismo e incluso lo consideran una regresión histórica. En vez de progreso, genera atraso. En palabras de Lenin, “en lugar de la ardiente fe de los ilustrados en el desarrollo social dado, apareció la desconfianza hacia este desarrollo; en lugar del optimismo histórico y de la elevación del espíritu, el pesimismo y el desaliento basados en la certidumbre de que cuanto más marchen las cosas tal como marchan (es decir, por la vía capitalista, nota de JVF), tanto peor, tanto más difícil será la solución de los problemas planteados por el nuevo desarrollo; aparecen entonces la proposiciones de ‘detener’ y ‘paralizar’ este desarrollo, aparece la teoría de que el atraso es la felicidad de Rusia, etc.”.[29]

Segundo: plantean la “originalidad del régimen económico ruso, en general, y de la del campesino con su comunidad, artel, etc., en general”.[30] En breve, idealizan el pasado feudal y a las milenarias comunidades campesinas. Obviamente, hay aquí un llamado a reconstruir ese pasado, de echar hacia atrás el carrete de la historia.

Tercero: olvidan y rechazan el nexo entre intelectuales y clases sociales. Es decir, primero independizan a los intelectuales para luego transformarlos en hacedores de la historia

En términos generales, se puede llegar a una conclusión bastante segura: el actual irracionalismo romántico combina un rechazo básicamente sentimental del capitalismo, con el rechazo a toda idea de desarrollo y progreso, más el afán –declarado o no- de vuelta a un pasado remoto y groseramente idealizado.[31]

 

 

V.- Inconsecuencias e ignorancias.-

Se rechazan, entonces, al capitalismo y al mercado. Y no olvidemos que el conjunto “mercado” es bastante más amplio que el conjunto capitalista. Si paramos mientes en este último aspecto, podemos deducir que tal rechazo al rasgo mercantil, conduce en automático a la necesidad de un régimen de planificación central. Y como ya se ha rechazado la planificación “burocrático-autoritaria”, debemos suponer que se postula una centralización democrática. En todo esto surgen diversas y no menores dudas pues la corriente que comentamos, amén de poco homogénea, suele ser muy ambigua. E identifican las posibilidades objetivas con los deseos del buen samaritano.

Por ejemplo: a) parecen tener una gran ignorancia sobre la igualdad “no mercado= planificación”; b) también manifiestan una gran carencia: no discuten las condiciones objetivas que permiten la existencia de una economía planificada. Debería estar claro que la supresión del mercado y su reemplazo por una gestión económica planificada no es algo que dependa de puros buenos deseos sino de condiciones materiales (grado de socialización de las fuerzas productivas) muy precisas y que sólo se  alcanzan para muy altos niveles de desarrollo económico; c) como una parte nada menor de los autores ligados a la corriente rechazan el desarrollo económico, surge entonces la pregunta: ¿cómo demonios quieren suprimir el orden mercantil? ¿Con un simple pase mágico? d) la vuelta hacia atrás y la base campesina que se postula, provoca una interrogante clave: ¿quién producirá los alimentos que exige la población urbana? En verdad, los bajos niveles de productividad de la economía campesina que se postula determinan que el excedente “mercadeable” o simplemente “transferible” a las ciudades, obligaría a un recorte drástico de la población urbana. Esta difícilmente podría superar un 20% o menos de la población total. Y bueno sería que nuestros románticos le pregunten a las capas urbanas si en realidad están dispuestas a volver al campo. Ciertamente, todo hijo de terrateniente gusta de irse al campo, sobretodo de vacaciones. Encuentra buen aire, ríos donde nadar y pescar, frutas y verduras frescas, campesinas jóvenes dispuestas a “servir al patroncito”, etc. Pero, entonces, ¿de qué se trata? ¿De salvar al medio ambiente o de volver al pasado feudal y recuperar el “derecho de pernada”?  e) el movimiento social que debería impulsar la propuesta del ecologismo romántico está integrada, en su mayor parte, por grupos y pueblos que están organizados en términos que no son capitalistas y cuyo grado de mercantilización es reducido, de un 50% o menos.[32] Encontramos aquí diversas relaciones de propiedad, las que: i) son pre-capitalistas; ii) son del todo ajenas a las relaciones de propiedad colectivas que exige el proceso de planificación democrática.

Dado esto se puede sostener: el grueso de los grupos y clases sociales que integrarían el movimiento romántico, estarían completamente opuestos a la propiedad colectiva. Baste una pregunta: ¿de cuándo acá el pequeño campesino se ha transformado en un entusiasta de la propiedad colectiva?

En este marco, insistir en un ordenamiento planificado implicaría un poder  patrimonial único y, a la vez, privado. O sea, una parte (bastante pequeñita aunque “iluminada”) le impondría su voluntad –bajo la forma del plan- al conjunto de la sociedad. En suma, nuestros ecologistas románticos, dando fe de su tremenda irracionalidad, se transformarían en férreos dictadores y émulos del odiado Stalin, para así salvar al mundo del desastre (Stalin, más modesto, sólo quería salvar a la URSS).

 

 

VI.- La dimensión religiosa.

            En la actualidad, movimientos como los que hemos venido examinando, operan con una componente religiosa que no es menor. Por lo mismo, en él encontramos un elemento milagrero muy característico. En un movimiento que se precia de rechazar al pensamiento ilustrado, no extraña esta recaída en la sinrazón. Pero hay algo más: ¿cómo hablar de libertad de los humanos si se reivindica a un ente “superior” e “infalible”? ¿Cómo hablar de liberación y crítica, si se invita a fumar opio? ¿Las feministas, adorando a la virgen María?

Es sabido que la alienación que el hombre sufre en su vida real, se transfigura en términos del corpus religioso. Por lo mismo, la religión sólo desaparece en cuanto se acaban sus fundamentos materiales. Pero el que a la religión se acoge, nos está también indicando que sólo busca una falsa liberación. En la fantasía y no en la realidad. De hecho, la religión pasa a operar como uno de los fundamentos de todo orden opresor. Napoleón Bonaparte, refiriéndose a la religión, le recomendaba a uno de sus ministros: “no vea en ella el secreto de la encarnación, sino una garantía del orden social”. Y agregaba con su simpar realismo cínico: “la sociedad no puede existir sin la desigualdad de fortunas, y la desigualdad de fortunas no puede subsistir sin la religión”.[33]

La presencia de una forma religiosa extendida, valga insistir, implica: a) que opera como un signo o expresión, en la conciencia social –obviamente desfigurada e indirecta- de una miseria real. En palabras de Marx, “la religión es el suspiro de la criatura agobiada”[34]; b) tal expresión opera en términos muy peculiares: sostiene que junto a este “valle de lágrimas”, existe en el más allá otro mundo, de carácter celestial, donde sí impera la felicidad.[35] Agregando también que la condición para acceder a esa felicidad extra-terrenal es el respeto y sumisión al orden real vigente: aquí hay que doblar la cerviz, evitar toda rebeldía (algo propio de Lucifer) y soportar todo. Luego, en el otro mundo, “habrá sopa para todos” (Neruda dixit); c) también es la expresión, bastante indirecta, de una insatisfacción o protesta contra la miseria real: aquí se vive muy mal, pero si nos sacrificamos, en el más allá encontraremos la felicidad. De aquí que, de acuerdo a Marx, “la superación de la religión como la dicha ilusoria del pueblo es la exigencia de su dicha real. Exigir sobreponerse a las ilusiones acerca de un estado de cosas vale tanto como exigir que se abandone un estado de cosas que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad.”[36]

El elemento religioso afecta al problema de diversas maneras. Uno, por la sempiterna oposición de las iglesias al desarrollo de las ciencias. Dos, el factor religioso estimula, a veces en términos inconscientes, a buscar en un pasado que se idealiza la solución a los problemas actuales. Es la noción del “salvaje feliz”. Tres, el daño que el espíritu religioso causa a la voluntad de los humanos: estimula la pasividad y el fatalismo ante los grandes problemas. Como regla, se llama a rezar y a esperar el milagro. Al final de cuentas, el punto más decisivo se refiere a la posible desaparición del reflejo religioso. Si la humanidad supera el problema ambiental, muy probablemente también estará avanzando a un orden social superior. En este marco, la “miseria real” (Marx dixit) dejará de existir y, por lo mismo, su reflejo religioso se tornará superfluo.

 

 

VII.- Algunas consideraciones finales.

En el último tiempo, el problema ambiental se ha venido agravando en términos exponenciales y asume caracteres graves. Los cambios, como el climático, pueden deberse a causas naturales, como pudo ser la emergencia de la “edad del hielo”. O bien, pudiera ser  el factor humano el responsable. Más precisamente, el modo capitalista de llevar adelante las tareas de producción y consumo. Entre los científicos, se discute el punto aunque en el último tiempo parece ganar aprobación el factor antropogénico. En todo caso, si distinguimos el cambio climático del efecto polución, por el lado de la polución no hay mayor discusión: es la forma de producción la responsable.  En esto, inciden factores que responden a los rasgos más  esenciales del sistema, los que se pueden sintetizar en su lógica del lucro, la de la fórmula D-M-D’ en que se trata de maximizar, a cualquier costo, la tasa de ganancia del capital o cuociente D’/D. En esta búsqueda del mayor lucro posible, se suele operar con una visión corto-placista (“después de mi el diluvio”) y que no vacila, con tal de reducir los costos monetarios, por despilfarrar recursos naturales, generar “externalidades” negativas, etc.[37] Si se va a dar el reajuste profundo que exige la crisis ambiental, la responsabilidad principal recae en el llamado “primer mundo”. O sea, en el capitalismo más desarrollado. No sólo por ser el principal responsable del problema sino, también, por ser el que posee las capacidades tecnológicas y científicas que pueden posibilitar su superación. Por cierto, las capacidades científicas y tecnológicas no bastan. Se necesita una correlación de fuerzas que presiones y obligue a tomar las medidas adecuadas. En este tipo de contexto, la posibilidad de abrir una ruta socialista es muy alta. Con lo cual, las hipótesis primigenias de Marx y Engels –en el sentido de que el socialismo debería emerger en las zonas de más alto desarrollo capitalista, donde sí existirían las condiciones pasa avanzar a un orden social efectivamente superior- volverían a situarse en un primer plano. Y lo que es más importante, se podría asistir a la emergencia de ordenamientos socialistas ajenos a las penurias y deformaciones que se han observado en las experiencias históricas conocidas, todas ellas de corte “tercer mundista”. En este marco, ¿cuál pudiera ser el papel de los países más atrasados? La respuesta parece clara: no solamente tomar las medidas que la crisis ambiental exige sino presionar políticamente –con la mayor fuerza política- para que el primer mundo asuma sus responsabilidades. La imagen sería la del juego del palitroque: si la revolución se hace en un lugar, esto presiona por su propagación en otros. Si cae la burguesía en un lugar, podrá caer también en otros. Y si esto llega a suceder, será porque la izquierda mirará hacia adelante y no hacia pasados remotos nada atractivos y lo hará empleando a fondo las armas de la razón, no refugiándose en magias y purgas reaccionarias.

[1] Departamento de Economía, UAM-I. El autor agradece a Mónica Bruckman (Perú-Brasil) y a Jorge Figuereido (Portugal), el estímulo y ayuda dada sobre el tema. Aunque muy probablemente estén en desacuerdo con la perspectiva manejada.

[2] C. Marx, “El Capital”, Tomo I, pág. 424. Edición FCE, México, 1964. Este “poder” depredador no es monopolio del capitalismo. Las formas antiguas también provocan consecuencias dañinas. Según Marx, “el cultivo, cuando progresa en forma primitiva y no es controlado conscientemente (como burgués, no llega, desde luego, a esto), deja tras suyo desiertos: Persia, Mesopotamia, etc.”.Carta de Marx a Engels, 25/03/1868. Citamos de C. Marx, “Formaciones económicas precapitalistas” (prólogo de Hobsbawm). Editorial Platina, Buenos Aires, 1966. Una presentación general de lo que sería una visión marxista, en J. B. Foster, “Marx and the Rift in the Universal Metabolism of Nature”, en Monthly Review, December 2013. Una presentación más amplia en el libro de John Bellamy Foster, “The Ecological Revolution”, Monthly Review Press, N. York, 2009. No está demás subrayar el peligro que implica adjudicarle a un autor muerto hace un siglo y medio, nociones que giran en torno a fenómenos actuales y muy poco indagados en el pasado.

[3] Parte de estas polémicas son inherentes al desarrollo científico, sobremanera en un tema hasta hace algunas décadas, poco desarrollado y muy complejo. Pero todo parece indicar que también operan intereses económicos y políticos muy fuertes y que presionan –no de acuerdo a la ciencia sino a sus intereses pecuniarios- a favor de tal o cual perspectiva. James Hansen ha denunciado que ha recibido presiones para suavizar sus denuncias. En cuanto a las políticas, apunta que “los cambios han sido bloqueados por intereses particulares, los que se mueven por afanes de lucro a corto plazo y que poseen gran influencia en Washington y otras capitales.” También ha indicado que los dueños de las grandes empresas que controlan la energía fósil conocen del daño que causan pero no reaccionan. Luego, “los presidentes de esas corporaciones deben de ser juzgados por sus crímenes contra la humanidad y la naturaleza.” Ver J. Hansen, ”Guest Opinion: Global warming twenty years later”. En Worldwatch Institute; 23/06/2008. Lo curioso es que los oponentes teóricos de Hansen, también se quejan de presiones políticas y de intereses oscuros.

[4] Textos útiles y al alcance del no especialista, pueden ser: 1) James Hansen, “Storms of my grandchildren: the truth about the coming climate and our last chance to save humanity”, Bloomsbury, N. York, 2009; 2) Bill McKibben ed.: “The Global Warming Reader: A Century of Writing About Climate Change”, Penguin Books, N. York, 2012.

[5] “Cambio climático”, resumen de Green Facts sobre Informe de Evaluación 2007 del IPCC. Página electrónica http:/www.greenfacts. org/es/cambio- climático-ie4..

[6] Hansen, “Guest Opinion: Global warming twenty years later”, texto citado en referencia 13.

[7]  Ver El País, “La Tierra, de mal en peor” (editorial), 11/09/2014.

[8] Datos y proyecciones los tomamos de IPCC, “Climate Change 2014. Mitigation of Climate Change”. Chapter 1. Informe del Grupo de Trabajo a la 39° sesión del IPCC, 12/04/2014, Berlín.

[9] El interés compuesto suele ser fatídico en estas circunstancias. Si la tasa anual de crecimiento llega a un 1.0% , el valor inicial se duplica en 70 años.

[10] James E. Hansen, “Climate change is here –and worse than we thought”, en Washington Post, 3/08/2012.

[11] Ver World Meteorological Organization, “A summary of current climate change findings and figures”, Génova, 2013. También la publicación anual de la ONU, “Anuario PNUMA”, Nairobi, diversos años.

[12] Ver J. B. Foster y Brett Clark, “The planetary Emergency”, en Monthly Review, December, 2012.

[13] Cf. “Los beneficios del carbono del suelo”,  Anuario PNUMA, pág. 29; Nairobi, 2012.

[14] Sobre el problema del agua y sus repercusiones políticas, ver Mónica Bruckman, “Recursos naturales y la geopolítica de la integración sudamericana”, Caracas, Venezuela, 2013. Los datos básicos en Green Facts, “Recursos Hídricos”, resumen del “2° Informe de Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo”.  Ver www.greenfacts.org/es/recursos-hídricos.

[15] Ver, por ejemplo: 1) Jorge Figuereido, “Acerca da impostura global”, en Resistir.Info; página electrónica; 2) Marcel Leroux, “Aquecimento global: uma impostura científica”; en Resistir.info, página electrónica; 3) M. Leroux, “Global Warming-Mith or reality?”; Springer, Berlin & Chichester, 2005; 4) Ralph B. Alexander, “Global Warming False Alarm”, Canterbury Publishing, Michigan, 2012 (2° edición); 5) Richard S. Lindzen, “Aquecimento global: origen e natureza de alegado consenso científico”, en Resistir.Info, página electrónica.  Textos que critican específicamente algunas hipótesis de James Hansen: 4) S. B. Idso y C. Idso, “Carbon Dioxide and Global Change: Separating Scientific Fact from Personal Opinion”, Center for the Study of Carbón Dioxide and Gobal Change; www.co2 science.org; june 2007; 5) C.D. Idso y K.E. Idso, “Carbon Dioxide and Global Warming. Were We Stand on the Issue”; Center for the Study of Carbon Dioxide and Global Change, 2014; 6) A.B. Robinson, N. E. Robinson y W. Soon, “Environmental Effects of Increased Atmospheric Carbon Dioxide”, Journal of American Physician and Surgeons, n°12, 2007.

 

[16] F. Arruda, “Río + 20: A cimeira da hipocresía global”, en Resistir.Info, página electrónica.

[17] Para los puntos i), ii) e iii), datos actualizados en IPCC, “Climate Change 2013. Headlines Statements from the Summary for Policymakers”. En www.climatechange 2013.org.

[18] Las emisiones de dióxido de carbono por habitante son muy disímiles. El promedio mundial, en el año 2008, llegaba a 4.8 toneladas por habitante. En Europa a 8.0 y en Estados Unidos a 17.4 toneladas por habitante. Cf. Anuario PNUMA 2012; pág. 65. Naciones Unidas, Nairobi, 2012.

[19] Cuando se habla de costos no se debe olvidar que se trata de costos relativos y que, en la actualidad, el precio de los combustibles fósiles parece estar bastante subvencionado. Es decir, sus precios no reflejan el real costo social (hay muchas des-economías externas en el proceso) que suponen.

[20] En el planeta hay mucha agua, pero poca agua dulce.

[21] No pocos autores señalan que este tipo de problemas y consideraciones vienen condicionando bastante la investigación y las políticas públicas que se manejan o recomiendan en torno al problema ecológico. Como suele suceder, los intereses privados contaminan a la actividad científica.

[22] Cundo hablamos de “socialismo de nuevo tipo” estamos pensando en una ruta que sea capaz de superar las deformaciones burocrático-autoritarias que han hundido a todos los intentos, hasta ahora conocidos, por avanzar a la nueva sociedad.

[23] Pocas aseveraciones más estúpidas que ésta. Se olvida por completo el estado de terrible orfandad y miedo con que vivían nuestros antepasados más remotos. La ansiedad era tal que esos pueblos tuvieron que inventarse toda clase de fetiches y dioses (“hombres débiles= dioses fuertes”) con los cuales sobrellevar una relación que muy frecuentemente los aniquilaba por completo.

[24] Por lo mismo, elegir tal o cual autor concreto, pudiera confundir en vez de aclarar los polos de la discusión. En América Latina, podemos citar al cura Frei Betto, a M. Lowy, etc. Este último, que antes fuera militante trotskista y escribiera textos lúcidos, hoy se declara “ecosocialista”. Reclama contra el productivismo, pide una economía planificada apoyada por indígenas y campesinos, se declara admirador del zapatista Marcos (el que acaba de declararse “inexistente”) y pide incorporar al marxismo los aportes de autores como Sorel, Péguy y Pascal, un trío beato y fascistoide. Asimismo, señala que la revolución debe considerarse como una “apuesta melancólica”. También señala que lo rescatable de Walter Benjamin es su rechazo a visualizar “la historia como progreso”. De Lowy, entre otros textos ver: 1) “¿Qué es el Ecosocialismo?”, en Democracia Socialista, revista electrónica, http://www.democraciasoialista.org. Oct. 2013.; 2) Con Frei Betto, “”Ecosocialismo: espiritualidade e sustentabilidade” Foro Social Mundial, 2009, Belén do Para; 3) “Ecosocialismo: anticapitalismo y movimientos sociales”, entrevista, en Puño y Letra, julio-agosto 2014. Santiago de Chile.

[25] F. Novalis, “Himnos de la noche” y “Enrique de Ofterdingen”, págs.. 15 y 73.  RBA editores, Barcelona, 1994.

[26] Según Stefan Zweig, en “Heinrich Von Kleist”, aparece como prólogo  de H. Kleist, “M. Kohlhaas y otras narraciones”, pág. XVII. Edit. Grijalbo, México, 1993.

[27] E. Heine, “Alemania”, págs.. 68-9. Porrúa, México, 1991.

[28] Martínez Alier, un ecologista conocido, se declara partidario de lo que llama “neonarodnismo ecológico”. Ver Joan Martínez y Klaus Schlüpmann, “La ecología y la economía”, pág. 34. FCE, Madrid, 1992.

[29] V. I. Lenin, “¿A qué herencia renunciamos?”, en Lenin, O.E. Tomo I, pág. 101. Edic. en Lenguas Extranjeras, Moscú, s/f.

[30] Ibídem, pág. 98.

[31] Hay autores que mucho se enojan con esta perspectiva y, como el filósofo francés Alain Badiou, declaran que “la ecología es el nuevo opio del pueblo”. También: “La ecología es hoy un misticismo que no teme asumir modalidades catastrofistas y escatológicas. Con el declive de las religiones históricas, la ecología, con el énfasis que ella coloca en cuestiones como la ‘preservación de la naturaleza’ o aún del restablecimiento de una relación con ella ya perdida, me parece que opera como una nueva forma de mesianismo. Yo no me preocupo, para ser exacto, con el destino de la naturaleza sino con el destino de los hombres. Es esa la preocupación que debería regular nuestras actuales acciones.” Cf. Alain Badiou, entrevista de G. Bianco y V. Safatle, en Folha de Sao Paulo; 6/07/2014. Como buen francés, a Badiou le gusta “épater”, con el claro peligro de trivializar un problema que es bastante grave.

 

 

[32] Por “grado de mercantilización” se entiende el cuociente entre la producción que asume la forma de mercancía y la producción total. En el capitalismo, este grado es igual a la unidad.

[33] Citado en Emil Ludwig, “Napoleón”, págs.. 479-80.  Edic. Ercilla, Santiago de Chile, 1936.

[34] C. Marx, “Introducción a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”, en C. Marx y F. Engels, “La Sagrada Familia”, pág. 3. Edit. Grijalbo, México, 1967 (2° edición).

[35] Heine, con su proverbial rebeldía, escribía “queremos aquí sobre la tierra, el reino de los cielos construir” (Wir wollen hier auf Erden shon / Das Himmelreich errichten”), agregando que “el cielo lo dejaremos /para los ángeles y los gorriones”. Ver Heinrich Heine, “Alemania. Un cuento de invierno”, pág. 117,  edición bilingüe, Edit. Bosch, Barcelona, 1982.

[36] C. Marx, “Introducción…”; edic. citada, pág. 3.

[37] Sobre la miopía y voracidad criminal del capital, los ejemplos son interminables. Uno, muy reciente, tiene que ver con México. La reciente ley que privatiza las actividades petroleras (2014), le posibilita al capital extranjero la exploración profunda usando el método de “fractura hidráulica”. Estos métodos, cada vez más usados, se usan para obtener gas de esquisto y pueden provocar entre otros impactos: “ i)contaminación del agua potable como resultado de la inyección de productos químicos a grandes profundidades durante el proceso de fractura hidráulica; ii) la huella de gases de efecto invernadero (o huella del carbono) de las operaciones de fractura hidráulica, concretamente emisiones fugitivas de metano; iii) actividad sísmica, que puede ocurrir cuando se inyecta agua u otros líquidos a grandes profundidades durante ese proceso.” Ver Anuario del PNUMA, 2012, pág. 10. Naciones Unidas, Nairobi, 2012.