Productividad a la baja; Asignatura pendiente; SEP: que siempre no

Persiste el razago en la productividad laboral, señala un estudio del Centro de Investigación en Economía y Negocios
Persiste el razago en la productividad laboral, señala un estudio del Centro de Investigación en Economía y Negocios, del Tecnológico de Monterrey. La imagen corresponde a una trabajadora de la fábrica BRP, ubicada en el estado de Querétaro. Foto Notimex

México SA

Carlos Fernández-Vega

En el arranque del gobierno peñanietista una de sus luminarias explicó a propios y extraños que era tal la voluntad modernizadora de la administración entrante, que daría un giro a la política económica nacional y que ésta se basaría en la democratización de la productividad.


¿Con qué se come eso?, preguntaron propios y extraños, y de inmediato salió Luis Videgaray a explicar el concepto: “¿De qué se trata entonces la política económica? De democratizar la productividad. Tenemos que hacer una agenda de cambios, de reformas que sean democratizadoras de la productividad. Democratizar la productividad significa democratizar el capital humano… Se democratizarán la innovación, el acceso a la energía, el acceso a la tecnología de la información, el crédito, la posibilidad de emprender y las oportunidades económicas”.

Treinta y un meses después de tan clara iniciativa nadie tiene la menor idea de lo que quiso decir el ministro del (d) año, ni se tiene claro si tal giro ya se dio, está en lista de espera o se dejará para mejor ocasión, porque en los hechos la política económica es exactamente la misma desde hace seis sexenios, al igual que sus abundantes resultados.

Mientras los desesperados filólogos siguen en su intento por descubrir qué quiso decir el susodicho, lo cierto es que, democratizada o no, la productividad se mantiene en el suelo y México ha sufrido una evolución marginal en materia de productividad en años recientes.

El Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, campus estado de México, documenta que en 2012 el país retrocedió 0.5 por ciento en sus niveles de productividad laboral, mismos que aumentaron en la misma proporción durante 2013 y apenas 0.6 por ciento en 2014, y si bien esta última cifra es superior a los resultados obtenidos por otras naciones emergentes, como Sudáfrica (-0.4), Brasil (0.3) o Rusia (0.4), todavía se encuentra muy rezagado si se compara con las tasas de crecimiento de India (3.8), Indonesia (5.9) y China (7).

La productividad, detalla el CIEN, representa una variable esencial para lograr incrementos significativos en los niveles de ingreso, que a su vez permitan mayor generación de riqueza y bienestar para la población. Una de las medidas de productividad más utilizadas a escala mundial es la denominada productividad laboral, la cual cuantifica la relación entre el volumen de producción y la cantidad de trabajo utilizado en el proceso productivo durante cierto periodo. En el caso mexicano, los trabajadores laboran mayor número de horas y su ingreso es cada vez menor en términos reales.

Para 2015, con democratización o sin ella, luce complicada una recuperación significativa de la productividad laboral mexicana, ya que durante el primer trimestre del presente año ésta apenas se incrementó 0.4 por ciento a tasa anualizada con base en las horas trabajadas.

Lo anterior, explica el CIEN, obedece a que si bien existió un incremento de 7.7 por ciento en la productividad laboral de las actividades primarias, resultado de la combinación de un aumento de la producción (6.8 por ciento) con una caída en el número de horas empleadas (-0.8 por ciento), y a un laza de 1.1 en la productividad laboral de las actividades terciarias (este renglón comienza a dar signos de desaceleración). Tales cifras fueron compensadas a la baja con la caída de 2.6 por ciento del sector secundario.

Por lo que toca al índice de productividad de las manufacturas (el sector consentido del gobierno), presentó un avance de sólo 0.3 por ciento con base en el personal ocupado y de 0.5 considerando las horas trabajadas. A pesar de que las cifras todavía se encuentran en terreno positivo se aprecia una desaceleración de la productividad de las manufacturas, ya que su índice no exhibe tasas de variación positivas desde hace tres trimestres, situación que se ve reflejada en una tendencia con comportamiento negativo. Lo anterior se podría traducir en tasas de crecimiento inferiores o incluso negativas para la productividad de las manufacturas en los trimestres subsecuentes.

A pesar de que se ha observado una leve disminución en la tasa oficial de desocupación, no se ha presentado un incremento sostenido en los niveles de producción que permita elevar la productividad nacional. Si bien la capacitación y la mejora de las competencias de la fuerza laboral son necesarias, éstas deben venir acompañadas de un aumento en la generación de puestos de trabajo que aporten una cantidad mayor de valor agregado a la producción nacional.

Para lograr lo anterior es indispensable el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, que contribuyen con cerca de 90 por ciento de los empleos en nuestro país, mediante una participación más activa de la banca de desarrollo, cuya reactivación (otra promesa peñanietista perdida en el tiempo) se mantiene en lista de espera.

Otro factor que tiene implicaciones negativas en la productividad del país tiene que ver con el alto grado de la población inmersa en la informalidad laboral (poco más de 57 por ciento de la población ocupada). Las empresas que se encuentran bajo dicha condición difícilmente podrán ofrecer a sus trabajadores oportunidades de capacitación o mejora de habilidades, lo cual impide el crecimiento de las competencias laborales aunado a la carencia de derechos sociales como las pensiones, acceso a instituciones de salud y prestaciones, entre otros.

De esta forma, para alcanzar mayores niveles de productividad es necesario combatir eficientemente la informalidad del mercado laboral a través de la generación de empleos formales de calidad que tengan mayor aportación a la generación de valor agregado para la economía nacional. Para ello se vuelve indispensable la participación activa del sector privado en materia de inversión, así como una administración eficiente de los recursos de la banca de desarrollo en apoyo a las pequeñas y medianas empresas de nuestro país, con la finalidad de incrementar los niveles de bienestar y prosperidad para la población.

Las rebanadas del pastel

Para dejar en claro que llueva o truene se aplicará la evaluación docente, y que ésta no admite excepciones ni es negociable (Emilio, El Certero, dixit), la SEP decidió suspender los exámenes respectivos en Michoacán y Oaxaca por no haber condiciones para su realización. Tal vez sucedió lo mismo con la democratización de la productividad.

Twitter: @cafevega

D.R. cfvmexico_sa@hotmail.com