La liberación de Europa, el aprisionamiento de la historia

Maciek Wisniewski* /I
La vieja premisa la verdad es la principal víctima de la guerraes llevada al extremo por las nuevas guerras híbridas –guerra convencional/irregular/mediática/cyberwarfe–, que se tratan de puras mentiras y medias verdades.

¿Un ejemplo? El conflicto en –y alrededor de– Ucrania. ¿Y la verdad histórica? Es aun otra víctima.

Si bien por ejemplo los combates en Donbas confirmaron según algunos analistas la importancia del viejo tanque para el moderno campo de batalla, la más poderosa arma de esta guerra era la historia.

Matar a un enemigo importa, pero antes conviene sujetarlo a nuestra propia versión del pasado.


Quizás nunca antes el revisionismo histórico iba tan de la mano con la guerra y la geopolítica. Las fechas redondas que caían este año: el 70 aniversario de la liberación de Europa (8-9/5/45) o Auschwitz (27/1/45), ofrecieron un escenario particularmente propicio.

Las torceduras de la historia de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), algo en que incurrían todas las propagandas –occidental/polaca/ucrania y rusa–, eran responsables incluso por la radicalización del conflicto. Echaban gasolina al fuego.

Según Kiev, Ucrania defendía a Europa de la invasión de Putler –Putin+Hitler– (¡sic!); según Moscú, los separatistas de Donbas “la defendían de los neo-banderovsty”/herederos del hitlerismo (algo más acertado, pero igualmente instrumental).

Tal vez lo único que uniría hoy a Europa sería la memoria del Holocausto, si no fuera por el hecho de que éste funciona ya como algo autónomo, cuasimetafísico, estéril y ahistórico, sin conexión con el contexto europeo y/o la modernidad.

Así los revisionistas lograndescubrir que los ucranios liberaron a Auschwitz, no el Ejército Rojo (véaseLa Jornada, 13/2/15), o lavar la imagen de las fuerzas involucradas en él (los fascistas ucranios de la OUN/UPA).

Claramente no todos los revisionismos son iguales: responden a los mismos impulsos y procesos macro, pero difieren en forma y objetivos. Mientras los revisionismos a) occidental (EU/UE/OTAN) y b) ruso son revisionismos del centro: pragmáticos, funcionales, estado-nacionales, imperiales, los revisionismos c) polaco y d) ucranio son revisionismos de la periferia: nostálgicos, reaccionarios, tribales, post comunistas.

Pero todos rescriben los conflictos en términos conservadores, sustituyen las divisiones de clase con el nacionalismo y/o etnicismo, ocultan a la gente como agentes de cambio (sólo hay grandes actores), y si bien parecenultrapolitizar la historia, en efecto la despolitizan tal como lo requiere el capitalismo tardío.

Reflejos de todos estos procesos estaban en las diferentes narrativas sobre la liberación de Europa.

En la saneada versión del Occidente, donde la lucha contra el fascismo fue sustituida por el imaginariopop (con su símbolo: flor de amapola) y el papel de la industria cultural que prioriza sólo los episodiospropios (D-Day, etcétera).

Y en el bombástico show militar en Moscú organizado para legitimar la agenda rusa en Ucrania (derrotamos al peor mal de la historia, también tenemos razón ahora) y subrayar las legítimasambiciones neoimperiales del neozarPutin.

Dos razones por las que el imperio en/de decadencia (EU/UE/OTAN) boicoteó estos festejos y un ejemplo de cómo las rivalidades interimperiales desembocan en los choques de políticas históricas.

Un momento. ¿No que la URSS acabó la guerra rompiendo –de verdad– la espina de la máquina nazi a un enorme costo de 27 millones de víctimas, liberando de paso a una buena parte de Europa? Sí. La Gran Guerra Patria (1941-1945) –término que subraya la excepcionalidad de la contribución soviética y cuyo fin se festeja el día 9/5, no el 8, por la diferencia de horario en Moscú al momento de firmarse la capitulación en Berlín– ha sido crucial.

No obstante también ayudó a… empezarla.

El pacto de no agresiónRibbentrop-Mólotov (23/8/39) –¡un shock para el movimiento comunista internacional!– partió a Polonia en dos (la URSS atacó 16 días después del Tercer Reich), dio tiempo a Hitler a derrotar a Francia y preparar su ataque a Stalin (que no lo podía creer…).

Los estalinistas invirtieron esta historia insistiendo en que fue Stalin quien quería ganar tiempo, algo que (básicamente) repitió… Putin (en la conferencia con la canciller Merkel), tildando al pacto deinevitable –¡sic!– (Gazeta Wyborcza,10/5/15).

Para los revisionistas el pacto Hitler/Stalin es la máxima prueba de la verdadera naturaleza de los dos totalitarismos; para el gran Eric Hobsbawn fue un episodio oportunista sin ninguna importancia (Histoire et illusion, en: Le Débat, núm. 89, 1996, p. 138).

¿Nos quedamos a la mitad del camino?

Si bien el conflicto en Ucraniadestapó la nueva política histórica rusa, el proyecto estaba en marcha ya desde hace tiempo. Escuchemos a Ilya Budraitskis, un historiador ruso:

Putin quería una historia donde cupieran el zar, Stalin y Yeltsin y que subrayase la continuidad desde Rus de Kiev hasta hoy. Algo sin conflictos ni contradicciones (¡sic!).

Hasta la Revolución de 1917 empezó a ser considerada no en términos de ruptura sino de… continuidad (¡sic!), y si Lenin resultaba demasiado controvertido, Stalin y la mitología de la Gran Guerra Patria quedaban ideales.

La guerra contra los nazis es un pilar de la historia sin contradicciones, la única manera en que la narración nacionalista y comunista puede encajar en algo coherente. De hecho fue Stalin quien inventó este modelo, legitimándose con las figuras nacionalistas, incluso chovinistas y comunistas. Usó hasta a la Iglesia (Krytyka Polityczna, 16/1/15).

También en los ojos de Slavoj Zizek la política –no sólo histórica– de Putin es una extraña fusión de zarismo yestalinismo –¡sic!– (Lenin v. Stalin en Kiev, en: LRB, 8/5/14).

La materialización de esto estaba en las –¿esquizo­frénicas?/¿delirantes?– banderas que portaban algunos separatistas en Donbas: mitad soviética (roja/hoz y martillo), mitad zarista (negra/amarilla/blanca).

El nombre de la ya frustrada confederación de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk que buscaba independizarse de Ucrania eraNovorrusia. Bien podía haber sidoNovohistoria. (Continuará.)

* Periodista polaco

Twitter: @periodistapl