Enrique Graue, rector de la UNAM

Javier Flores
La decisión de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en favor del doctor Enrique Graue Wiechers para ocupar la rectoría de esa casa de estudios tiene dos cualidades: fue sorpresiva para algunos, pero ha sido muy bien recibida por la comunidad universitaria.

Como lo señalé en este mismo espacio, desde la selección de los 10 aspirantes que fueron entrevistados finalmente por la junta, asomaba como propósito principal de ese órgano de gobierno cuidar la estabilidad de la institución. Ese criterio fue el que a mi juicio prevaleció hasta el momento en que su presidente, el doctor René Millán Valenzuela, leyó el comunicado oficial.

Uno de los comentarios más extendidos luego de conocerse la noticia es que el nombramiento recaía nuevamente en un médico (para no irnos más atrás, los dos rectores anteriores, Juan Ramón de la Fuente y José Narro Robles, son médicos). En algunos espacios universitarios se consideraba que Graue tenía pocas posibilidades de ser nombrado, no porque careciera de méritos para ocupar el cargo, sino por su profesión. ¿Otra vez un médico? Se preguntaban.

Es interesante, porque en la valoración realizada por la Junta de Gobierno fue preferible ese inconveniente que los que hubieran resultado de nombrar a otros candidatos en términos de la estabilidad de la institución.


Finalmente, pesó mucho la relación de algunos de los aspirantes con las funciones públicas, pero, en mi opinión, no fue esa la razón principal (grandes rectores habían ocupado antes cargos públicos), sino que, en el contexto nacional actual, cada una de las acciones que se emprendieran por el nuevo rector irían acompañadas de la sospecha, fundada o no, racional o no, de la intervención gubernamental.

Esto dificultaría mucho la introducción de nuevas estrategias indispensables para el desarrollo de la UNAM, algunas de ellas incluidas en el último comunicado de la junta, como la innovación en los procesos docentes, la creación de nuevas licenciaturas interdisciplinarias y, especialmente, la vinculación con la sociedad. En todas ellas, algunos grupos invocarían la obediencia al neoliberalismo y la influencia del gobierno de Peña Nieto. Creo que algunos de estos sectores fueron los que involuntariamente dañaron la posibilidad de que la universidad contara por primera vez con una rectora.Y no me refiero a la izquierda universitaria, pues ésta se presentó muy fragmentada durante el proceso: unos apoyando a la doctora Rosaura Ruiz y otros a los doctores Sergio Alcocer, Fernando Castañeda o Leonardo Lomelí, entre otros. Me refiero a una línea de pensamiento un tanto mecánica en la que pareciera válido que los argumentos estén desprovistos de evidencias o elementos verificables.

Como sea, entre las consideraciones en las que fundamentó la Junta de Gobierno su decisión hay un punto muy revelador: “(…) la necesidad de equilibrar la estabilidad y los cambios institucionales futuros” ¿Más claro?

En mi opinión, la junta realizó un trabajo excepcional. Coincido con lo dicho por Ortiz Tejada en su columna publicada ayer en este diario: la elección de Graue es una prueba de que la Junta de Gobierno decidió con plena autonomía (un dato curioso, el cantinfleo del presidente de la instancia universitaria, René Millán, al leer el nombre del nuevo rector: “Luis Graue… Luis Enrique Luis Graue Wiechers”, se convirtió en un instrumento diagnóstico interesante, pues los miembros del gobierno del más alto rango que se apresuraron a felicitarlo a través de sus cuentas de tuiter ni siquiera sabían como referirse a él).

Enrique Graue Wiechers, inicia su primer periodo al frente de la UNAM con el pie derecho. Como señalé al principio, cuenta con un gran capital político, pues su nombramiento ha sido muy bien recibido por la comunidad universitaria. Ahora deja de ser el compañero, colega o director de la Facultad de Medicina. Representa a una institución, quizá la más noble con que cuenta el país. Su responsabilidad es muy grande, pero su voz está dotada ahora de una gran autoridad moral, no sólo en la universidad sino ante la nación. Como muchos otros universitarios, le deseo el mayor de los éxitos.