Viviana Barbosa aprendió a desenvolverse en la política con las organizaciones civiles

A través de su trabajo con organizaciones civiles de jóvenes aprendió a desenvolverse en el medio político y a pesar de que fue correteada por perros y sufrir las inclemencias del tiempo en sus recorridos por la IV circunscripción electoral del país, Viviana Barbosa Bonola siempre tuvo claro su vocación por el servicio a los demás. Hija de un destacado político tlaxcalteca, la actual delegada de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) se ha desempeñado profesionalmente en las áreas de derechos humanos, equidad de género, impartición de justicia penal y electoral, y ha coordinado organizaciones civiles en apoyo al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Viviana Barbosa nació el 9 de julio de 1983 en Puebla y en 1989 se mudó a La Candelaria Teotlalpan, Tlaxcala, con toda su familia, pues su padre Federico Barbosa Gutiérrez es originario de Santo Toribio Xicohtzinco. Su madre es María Eva Alejandra Bonola García, originaria de la Angelópolis. Actualmente su papá asesora temas sobre reformas de ley, pero antes ha ocupado diversos cargos en la administración pública, entre ellos la titularidad de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), la Secretaría de Gobierno (Segob) y además fue diputado federal. Su mamá trabaja actualmente en el Sistema Estatal de Promoción del Empleo y Desarrollo Comunitario (Sepuede) en el área que verifica las actividades de los planteles del Instituto de Capacitación para el Trabajo de Tlaxcala (Icatlax). En entrevista con La Jornada de Oriente que se realiza en su oficina de la delegación de la STPS, Viviana Barbosa dice que tuvo una infancia muy feliz, llena de satisfacciones y sobre todo de mucha convivencia familiar. “Desde ese entonces a la fecha, los amigos que hice a los 6 años de edad siguen siendo mis amigos. No hemos tenido ninguna discusión ni ruptura, estamos más unidos que nunca. En casa mi mamá nos inculcó mucho el respeto, el amor y la lealtad a Tlaxcala, eso es algo increíble”, agrega esta joven funcionaria federal, quien en ocasiones se traslada en bicicleta a su despacho. Rememora que en las vacaciones de verano, debido a que sus padres trabajaban todo el tiempo, organizaban actividades con sus hermanos y amigos para que conocieran el estado de Tlaxcala, así fue como descubrió la talavera de San Pablo del Monte, la producción del pulque, la gastronomía local, las artesanías y la historia. “Todos esos factores me han permitido que ame al estado”. Agrega que su mamá inculcó a sus hijos el tema de la equidad de género y les pidió que aprendieran a conducir un vehículo y que siguieran preparándose. –¿Dónde estudió? – El preescolar en el Instituto Angelopolitano de Puebla, la primaria y la secundaria en el Colegio Esperanza de Chiautempan, la preparatoria en el Instituto José María Morelos también de esta ciudad y en la Universidad de las Américas (UDLA) me gradué en la Licenciatura en Derecho, además tengo una especialidad en Derecho Internacional. Entre sus compañeras en el Colegio Esperanza cita a su tocaya Viviana Espinoza González, Maricarmen Rodríguez, Claudia Romero, Angélica Tolteca Barbosa y Amalia Tlachi Aguilar, quienes formaron parte fundamental de su crecimiento. Todas trabajan en la iniciativa privada. –¿Participó en algún movimiento estudiantil en la universidad? –Nunca buscaba los reflectores, sólo apoyaba a las planillas del Consejo Estudiantil de la UDLA como parte del equipo de trabajo. Realizaba toda la estrategia para la campaña del CEUDLA, incluso hacía los discursos de mis compañeros. Planificaba a quiénes teníamos que visitar. Al comité directivo de la carrera también lo apoyaba con actividades muy similares. No me interesaba encabezar alguna planilla o el comité, mi interés estaba más enfocado en generar estrategias que nos permitieran ganar como equipo. Hay gente que tiene que ser la imagen y gente que ve la organización, la logística, la planeación, la integración, la conciliación y demás. Participativa siempre fui, pero jamás en un movimiento estudiantil. –¿Tiene posgrados, en dónde los hizo y de qué? –Tengo varios diplomados, uno es en Perspectivas Comparadas con la Sociedad Global Unión Europea por la Universidad Complutense de Madrid, estudié en la Universidad Austral de Chille a través de un intercambio universitario para realizar la especialidad en Derecho Internacional. Otro diplomado en Equidad de Género en el extinto Instituto Federal Electoral (IFE), otro en Seguridad en el Trabajo. La maestría en Administración Pública la hice en el Centro de Posgrados del Estado de México y también tengo otra maestría en Derecho Electoral en la Universidad del Valle de Tlaxcala, asegura la funcionaria federal. –¿Qué significa para usted ser tlaxcalteca? –Es mi máximo, creo que nadie defiende más a Tlaxcala que yo. Me vibra en la sangre el decir que soy tlaxcalteca, estoy muy orgullosa de ser tlaxcalteca. Estoy aquí, vivo aquí y me aferro a Tlaxcala, a mi Malinche y a mis tradiciones y a muchas otras cosas, se me llenan los ojos de lágrimas al decir que soy orgullosamente tlaxcalteca. –¿Ha ocupado un cargo en alguna organización de la sociedad civil? –Soy hiperactiva, he constituido diversas asociaciones civiles. Fui presidente de la desaparecida asociación Impacto Joven por Tlaxcala que impulsaba actividades de alto riesgo en agrupaciones que estaban en determinado grado de vulnerabilidad como violencia, delincuencia o adicciones. Incluso, por este tipo de actividades conoció al arquitecto Fernando Barrera (qepd), quien trabajaba con Enrique Peña Nieto en el Estado de México. Un día le preguntó a qué se dedicaba y le explicó lo que hacía y por eso la invitó a ir los fines de semana a trabajar en esa entidad con el tema de organizaciones civiles de jóvenes. “En el Estado de México conocí todo lo que se puede hacer para apoyar a gente con problemas de cataratas, de labio leporino, con quemaduras, mujeres maltratadas, etcétera. Eso era compatible con mi trabajo que realizaba en la asociación que teníamos y mi trabajo en Derechos Humanos. Fernando Barrera me fue metiendo a la vida política de manera activa, pues mi papá se dedicaba en Tlaxcala a eso, pero yo andaba en otro perfil. Me aventaba a dar la bienvenida en un evento, a invitar a la gente a generar actividades de comunidad, toda esa experiencia la fui adquiriendo los fines de semana”, recuerda. Viviana menciona que en el Estado de México conoció a la actual diputada federal, Leticia Calderón Ramírez, quien es presidente de la asociación civil Proyecto Nacional por y para México, y la invitó a ser representante de esta organización en Tlaxcala. “Me dijo, ya aprendiste todo este tiempo a desenvolverte, ahora te toca trabajar en tu estado y a coordinar la IV circunscripción electoral federal que abarca Guerrero, Distrito Federal, Puebla y Tlaxcala. Verificaba que los presidentes de la asociación trabajaran con la sociedad civil. Me correaron los perros, me aventaron piedras, me llovió”, explica entre risas al recordar esos pasajes de su vida. –¿Qué experiencia laboral y profesional ha tenido? –Trabajé desde la universidad en un despacho que brindaba asesoría jurídica gratuita en San Andrés Cholula, nos llegaban muchas mujeres maltratadas o que sufren violencia familiar. Después trabajé en el ayuntamiento San Pedro Cholula con el síndico y me enviaron al DIF para dar terapia a las personas que tenían cuadriplejia, sobre todo a adultos mayores y a gente que no tenía extremidades”. Posteriormente se fue a Chile y en ese país conoció al gobernador de Valdivia en una tienda de conveniencia donde vendían pan. “Se le cayó una charola al gobernador y le ayudé a recoger las piezas, sin saber quién era. Me dijo, tú no eres de aquí; le respondí que era mexicana y que estaba en un intercambio. Me dio su tarjeta, pero como andaba en otro rollo, la agarré y la metí a mi morral, me fui”. Después de mucho tiempo, Viviana estaba haciendo limpieza de su morral mientras hablaba con su novio de aquel entonces de nombre Juan y le comentó que se había encontrado a un señor que le había dado una tarjeta, se la mostró y le dijo que era el gobernador de Valdivia. “El gobernador me dijo que lo fuera a la visitar, pues lo voy a visitar. Fui a su despacho y su secretaria me dijo que me estaba esperando desde hace varios días. En la entrevista le platiqué el motivo de mi estancia y me invitó a trabajar, pero mi visa no era de trabajo. Entonces acordamos hacer un intercambio, yo le daba ideas de programas que podía aplicar para los jóvenes a cambio de una beca en la universidad que cubriera mi hospedaje. Sin embargo, el gobernador me dijo que todo trabajo tiene una retribución y que debía aprender a pedir. El dinero que gané lo ahorré para irme después de viaje por todo el país andino”. A su regreso a México trabajó en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) en Puebla, vino a Tlaxcala para laborar en Derechos Humanos, en el IFE y en el Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE) hizo una carrera judicial y ahora está al frente de la delegación de la STPS. La funcionaria llegó a la STPS después de apoyar la campaña de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República, por lo que pidió licencia en el TSJE, donde se desempañaba como secretaria de acuerdos de la Sala Penal. “Un día, a las 2 de la mañana me habló el oficial Mayor de la Federación para preguntarme mi nombre, si colaboré en tales lugares, mi edad y mis estudios. Al final me preguntó si me gustaría trabajar en el gobierno de la República porque me hacía la invitación el presidente. Respondí que por supuesto, al señor presidente no le puedo negar esa situación y me siento orgullosa de que me haya invitado a formar parte de su equipo”. Refiere que la citaron en la STPS un lunes en el Distrito Federal y para ello pidió permiso a su trabajo en el TSJE con la condición de regresar por la tarde a cumplir sus actividades. Cuando llegó a la STPS había nueve personas en la sala de espera del secretario del Trabajo, Alfredo Navarrete Prida y nadie hablaba porque no sabían a qué iban. Los fueron pasando uno por uno, hasta que a los nueve los formaron y les tomaron protesta como delegados. “No sabía que iba a ser delegada, todo fue rápido y cuando regresé a Tlaxcala ya estaba en las noticias mi nombramiento, ni siquiera le había dicho a mis papás. Cuando llegué al estado les hablé a mis padres y me dijeron que estaban ocupados, fui al Tribunal a esperar al presidente de ese entonces, Justino Hernández Hernández, y me dijo muchas felicidades, por qué no me había dicho. Le respondí que no sabía y le agradecí la oportunidad que me dio de incorporarme al Poder Judicial y sobre todo de reconocer mi trabajo”, ahonda. –¿Algún familiar cercano se ha dedicado a la política, aunque ya no lo haga en la actualidad? –Mi papá, Federico Barbosa ha tenido una carrera interesante, creo que ha sido afortunado porque ha desempeñado diversos desafíos como procurador,  magistrado, secretario de Gobierno, diputado local y federal, entre otras muchas actividades. Siempre me le pegué, era como un pegote con él. Siempre preguntaba donde estaba mi papá, me sentaba en su despacho, me decían que no hablara, pero escuchaba, no dimensionaba las cosas que pasaban donde estuviera. –¿En su casa se habla de policía? –No, nunca. Mi mamá tiene una regla de oro, aquí no se habla de trabajo ni de temas políticos, sino de temas más importantes para el entorno familiar, cómo te sientes, cómo va tu preparación o comentar temas sobre el campo porque a mi papá le gusta el campo. –¿Su familia tiende más hacia la ideología de izquierda o de derecha? –Tenemos libertad de elección, no porque sea priista mi demás familia lo debe ser, tenemos libertad de pensamiento. Tengo una hermana que es apartidista y mis otros hermanos no comparten la misma perspectiva, pero tenemos un respeto mutuo hacia nuestros pensamientos y a nuestro sentir. Mi ideología es liberal, tiendo a ser una persona liberal contemporánea. –¿Ser político es una profesión o una vocación? –Es una vocación, es algo que quizá no pides, es algo que se va dando y las circunstancias y las decisiones que uno toma te van encaminando hacia algo que se vuelve adictivo y apasionante. –¿Tiene amigos en otros partidos políticos, quiénes son? –Sí, claro. Unos los he conocido por la vida y otros por la universidad, tengo amigos priistas, panistas, perredistas, del Verde y de Nueva Alianza. Convivimos bien, respetamos nuestro trabajo, de repente nos hacemos bromas unos a otros, pero nunca nos hemos entrometido en nuestro trabajo. Mis amigos son Santiago Sesín Maldonado, Sandra Corona, Bladimir Zainos, Rebeca González, Fernando Díaz de los Ángeles, Luis Pluma e Ivonne Leyva, entre muchos otros. –¿Por qué dedicarse a una actividad tan desprestigiada como la política? –No lo creo, toda persona realiza actividades políticas, No creo que sea desprestigiado todo lo que hacemos como ciudadanos. Hacer política es comunicar a la sociedad nuestro trabajo, nuestro sentir, lo que queremos hacer. –Me puede decir tres cosas que haya hecho en su trabajo y que hayan beneficiado a la sociedad –Comunicar el tema de la formalización del empleo, es necesario y urgente tener una cultura laboral que nos permita romper la curva de la pobreza, esto se traduce en tener servicios, seguridad social, calidad de vivienda y sobre todo impulsar el desarrollo regional. Ser un ente de previsión a través de las brigadas interinstitucionales. Generar condiciones de paz laboral, es uno de los grandes logros que tengo. –Dígame tres características que tiene para ser considerado un buen político. –Soy leal, honesta y muy trabajadora. –Desde su actual posición, ¿cuáles considera que son los principales problemas de Tlaxcala? –Un desarrollo regional planificado, somos el estado más pequeño, pero el más sobrepoblado demográficamente, no tenemos un crecimiento óptimo que permita un desarrollo integral como agua potable, drenaje, luz, pavimentación y banquetas; el tema del empleo sin duda es prioritario, todos queremos trabajar; y la educación, ese es nuestro talón de Aquiles, exigir como padres de familia a los profesores y a las autoridades en recibir educación de calidad. Teniendo educación de calidad, también vamos a poder exigir nuestros derechos, porque el desconocerlos es como si pasara una generación y otra y no vamos enfocados al derecho de pedir y de dignificar el trabajo y la calidad de vida. –¿En 10 años dónde le gustaría estar? –En Tlaxcala, por supuesto, desarrollando una actividad que beneficie a mi estado, no sé en qué lugar, pero sí seguir trabajando por mi estado, más madura y con otros proyectos más estables y con una familia. –Si por cualquier motivo tuviera que dejar su actividad política, ¿a qué se dedicaría? –Me encanta pintar, soy muy buena en las artesanías, escribir, ser profesora, asesorar, regresaría al Poder Judicial, hacer ejercicio, diseñar algunas cosas, aprender a tocar el piano.