Vale la pena estudiar

Se empatan las ceremonias de graduación

Los himnos que se entonan con grabaciones

No siente nada por terminar la primaria


La cita era a la una de la tarde. El auditorio de la benemérita era el lugar. Llegamos a tiempo y entramos al auditorio, pero apenas si pudimos asomarnos porque estaba a reventar. Como pudimos fuimos resbalándonos hacia las escaleras hasta que logramos divisar el escenario. Un grupo de niños bailaba comedia musical.

Al término del numerito se encendieron las luces y mientras unos intentaban salir y otros entrar: ¿Llegamos antes de la una de la tarde y no vimos que le entregaran su certificado al Tránsito?, dijo la Malinche.

No cabe duda que tenemos mala suerte, ojalá alcancemos testificar cuando termine la secundaria, dijo la Xóchil.

Estábamos a punto de tomar hacia la salida, cuando una voz se escuchó por el aparato de sonido. “Solicitamos a los padres de familia que desalojen el teatro para que procedamos a la siguiente graduación”, eso nos agarró de sorpresa, ¿cuántas ceremonias de graduación se hacen? Una señora amablemente nos explica que la ceremonia que finalizó era de la primaria Xicohténcatl.

Nos quedamos mirando y sin decirlo, esperamos que se levantaran los que habitaban los asientos para ocuparlos y esperar la ceremonia de la escuela del  Tránsito que llevaba ya una hora de retraso, pero bien valía la pena porque como dice el PRI ¡Para ganar el futuro, vale la pena estudiar!

Mientras empujábamos para sacar a los ocupantes de nuestros asientos, una señora comentó que son tantos los niños que se gradúan que el auditorio es rentado sólo por tres horas y empiezan a las 10 de la mañana con la primera ceremonia, a la una entra la otra, a las 4 la que sigue y a las 7 la última. ¡Pero todas se atrasan!

Una vez que logramos conquistar las butacas, escuchamos por el sonido: “Les agradecemos a los padres de familia que no ocupen las primeras 15 filas porque son para los graduados, ya que el día de hoy celebramos conjuntamente todos los programas del Instituto Tlaxcalteca para la Educación de los Adultos”.

Nos quedamos viendo y empezamos a contar las filas para descubrir en cual estábamos y si alcanzábamos lugar, pero cuál fue nuestra sorpresa que toda la planta baja del auditorio no tenía más que 15 filas, pero la parte de arriba ya estaba ocupada, así que no quedaba más que volver a posesionarnos del pasillo.

Primera llamada para los graduados

Mientras los maestros colocaban a los estudiantes en sus asientos, en el escenario se instalaba la mesa para el  presídium y el pódium. Como si se tratara de una obra de teatro, el maestro de ceremonias anunció: primera llamada, primera llamada, después de 15 minutos la segunda llamada y luego de otros 10 minutos la tercera llamada ¡Comenzamos!

El Tránsito estaba muy nervioso porque le tocaba dirigir la escolta. Cuando se anuncia la presencia de la enseña patria, todos se ponen de pie. Muy orgulloso el Tránsito da las órdenes y todos le obedecen con lo que logra llevar a buen término su tarea y poner la bandera en el centro del escenario.

El maestro de ceremonias pide entonar el himno nacional y solicita a la maestra Juanita, que según él era toda una institución en la puesta del himno, para que dirigiera, la maestra se puso frente al micrófono y al alzar la mano, de un disco salieron las notas del himno que todos siguieron, menos la maestra Juanita porque estaba emocionada conduciendo y por tanto no cantó.

Una vez concluido el numerito, el maestro de ceremonias pidió a la maestra que dirigiera “nuestro hermoso himno a Tlaxcala”, de nueva cuenta el papel estelar se dejó a una grabación, que fue acompañada por la voz de todos los  asistentes que orgullosos cantaron: “como el sol que corona el Matlalcuéyetl…”.

Realizada la ceremonia cívica, se procedió a presentar a las autoridades que  “nos acompañan”, salvo el director del centro donde estudio el Tránsito, ninguna de las autoridades mencionadas se encontraba presente, todos, hasta el líder de la sección sindical, había mandado representante.

La vecina que estaba enfrente dijo: “es que por estas fechas andan muy ocupados”.

Hubo cambio de maestro de ceremonias y la nueva dijo: vamos a pedirles a los tutores –conforme los vayamos nombrando– que pasen hasta este micrófono para que procedan a dar el último pase de lista a sus estudiantes. Nombró el primero y conforme fueron mencionado los escolapios se ponían de pie y se presentaban ante el presídium quien les entregó un papel enrollado.

Lo importante es terminar los estudios

A nosotros se nos cocían las habas por ver el certificado de primaria del Tránsito, ¡nunca habíamos visto un original!, pero tendríamos que esperar tres meses después de la graduación, porque lo único que le entregaron fue un bonito pensamiento hecho por su tutor, porque los papeles oficiales le dijeron que se los entregarían después.

¡Lo importante es que ya terminaron!, dijo la vecina.

Después de la entrega del primer grupo, se anunció un bailable; el grupo en el que estaba el Tránsito había ensayado la coreografía de “Grease”, todos vestidos de negro, mostrando el calcetín, las muchachas de falda de crinolina de colores chillantes. El Tránsito resultó ser el galán y la “Patsy” su pareja.

Al terminar el baile se procedió a llamar al segundo grupo y entre uno y otro se ejecutaba un baile, hasta que pasaron los 15 grupos, para esto ya eran la 5 de la tarde. El calor estaba insoportable, pues el auditorio no tenía aire acondicionado y los olores se dejaban sentir.

Era un perol donde se cocinan las almas del infierno, dijo la Xóchil.

Salimos del auditorio y fuimos a esperar al Tránsito para felicitarlo y entregarle sus regalos. La Sábila le había comprado media  docena de rosas, la Malinche un globo que decía “felicidades graduado”, la Xóchil una playera de la selección, el Margarito un libro de autoayuda y yo un sacapuntas eléctrico.

El Tránsito iba muy elegante con sus padrinos, los había escogido porque son los más estudiados del tianguis, ella alcanzó el primero de prepa y él el segundo, pero desde que se conocieron se comieron la torta en el recreo y tuvieron que incorporarse al negocio de venta de frutas y verduras para mantener al chilpayate y ya llevan seis.

¿Qué se siente haber terminado la escuela?, pregunta el Margarito, con algo de envidia.

El Tránsito le respondió: ¡Nada!

Más tarda en pronunciar esa fatídica palabra que su padrino en irse a la yugular. Deberías estar orgulloso que a tu edad haigas logrado terminar la escuela, lo que te augura un mejor futuro porque podrás pedir trabajo en la fábrica y en una de esas hasta puedes llegar a ser secretario general del sindicato y diputado local.

La Tuti no se quedó atrás y le reclamó que para qué la invitó de madrina, de qué servía haberle hecho su mole de panza, si no siente el orgullo de haber terminado la primaria, porque ahora ya no es uno más del montón porque al saber leer y escribir, es casi igual que ser doctor en leyes.

El graduado, la familia y los padrinos llegan hasta la casa del Tránsito, ponen la olla de mole  de panza en el anafre, calientan las tortillas, mientras el padrino destapa una caguama para celebrar al ahijado, a cada uno le sirven un pocillo de mole. Se brindó y comió por el graduado. Todos le metieron duro porque por las prisas nadie había desayunado.

Después de medio kilo de tortillas por cabeza, una vez agotado el contenido de la olla del mole de panza, procedieron a jalar sus cajas y sentarse bajo el árbol del patio. Esperemos que no llueva, dijeron ellas. El Tránsito se metió a su cantón y se puso a barrer, por si los invitados tenían que  adentrarse por el agua. Colocó unos ladrillos, una tabla y quedó lista la sala.

La familia celebró gustosa la culminación de un periodo en la vida del Tránsito y todos comentaban lo importante que es la educación, sobre todo cuando están en edad, porque conforme pasa el tiempo resulta más difícil. Por eso hay que reconocer al Tránsito que sacrificó sus domingos para ir avanzando hasta lograr su certificado.

Eran tantas las emociones que el Tránsito se quedó dormido, mientras los invitados celebraban su graduación. Cuando despertó, recordaba algunos de sus sueños, en ellos había alcanzado a sacar la secundaria y encontró un maestro muy buena onda que no tenía hijos que lo llegó a querer como tal, quien le heredó una plaza de maestro de inglés. Eso fue lo que lo despertó porque estaba frente a un grupo de niños que hablaban espanglish y no entendía nada. ¡Esto me pasa por no estudiar!

Se paró y vio que los invitados todavía seguían dándole al tlachicotón. La graduación continuaba.




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