UN ESPACIO PARA LA REFLEXIÓN

Las fronteras de lo político siempre son inestables, lo que plantea el reto y la tarea de buscar las formas para crear y formar identidades políticas que sean congruentes con la esencia del pluralismo.

El orden político siempre podrá ser de otra manera, lo que demanda de negociación entre los actores a fin de lograr acuerdos bajo el principio de que siempre hay alternativas para resolver los conflictos.

Las relaciones políticas son lo que da forma al poder y nadie puede asumir la representación de la unidad por la manifestación de la pluralidad que emerge como producto de los resultados de las elecciones.


El pasado 7 de julio provocó una tensión entre los antagonistas que deben reconocerse como adversarios y no enemigos, lo que significa admitir la legitimidad del oponente y buscar mecanismos para distender las relaciones.

Estos mecanismos se encuentran en los deseos y las fantasías de las personas para ofrecer formas de identificación que conduzcan a la creación de prácticas e instituciones democráticas.

Los dirigentes de los partidos políticos han dado muestras de no comprender la realidad que deja la elección intermedia de 2013 y en su imaginario mantienen la visión del Estado de partido único que dejó de existir en 1997.

El problema es que no tienen la capacidad para buscar alternativas a la realidad que la ciudadanía expresa en las urnas y que produce no sólo gobiernos divididos, sino gobiernos plurales con visiones y proyectos antagónicos.

Esperemos que la clase política tenga el tiempo para abrir espacios de reflexión que permitan construir nuevos caminos para la gobernabilidad y termine con la parálisis que se ha vivido durante los últimos años de destrucción del sistema de un solo partido.




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