Tlaxcala y su influencer

Las redes sociales han configurado una nueva estrategia de promoción cultural que pocas veces las regiones por sí mismas alcanzan a tener, esta nueva modalidad, dicen los que saben, tienen una profundidad e impacto para influir en el turismo, tanto nacional como internacional. Los gobiernos locales y las secretarias de Turismo recurren con frecuencia a esta nueva figura promotora que, en la mayoría de las veces, es completamente ajena a la región y a la cultura que se pretende promocionar.

Estos nuevos divos y divas son las y los influencer. Idealmente son figuras públicas y cibernéticas, reales maquinarias del marketing. Son figuras clave en la época de la llamada infoxicación, en la que todo, a través de las redes, es tangible, cercano y, además, apetecible.

Los influencer tienen como característica primordial promover la cultura a través de los valores que la región adquirió a lo largo de su historia, aunque estos influencer no tengan ni la más remota idea o conocimiento alguno de la historia del lugar que promociona.


Los influencer promueven las regiones a partir de una serie de valores, siempre unívocos y plagados de emociones. La emocionalidad real o fingida del influencer sobre la región y su cultura incentiva a que el espectador anhele estar ahí, más por la simple experiencia que por la riqueza histórica y cultural de la región.

El influencer suele promocionar a través de las redes un turismo muy laxo e impulsivo que busca en sus viajes vivir la experiencia al máximo. El prototipo del consumidor de turismo y cultura a través de los influencer es el millennial, ese consumidor que anhela vivencias que sacudan su apatía, que desea una aventura colmada de experiencias multisensoriales.

Hoy por hoy, los influencer suelen ser embajadores de todo el mundo, tanto real como virtual, tal como lo sentenció Kosha Canda: el olimpo de las celebridades está pasando por un proceso de democracia plena.

Hace apenas unos días, en la ciudad de Tlaxcala, el cantante Carlos Rivera, oriundo de Huamantla, fue considerado por algunos medios de comunicación local como el embajador de Tlaxcala a nivel internacional. Ello después de que terminara de filmar el video de la canción Regrésame mi corazón en sitios históricos y emblemáticos de la ciudad capital.

El vídeo muestra el sincretismo de la cultura tlaxcalteca: se observan en escena huehues,charros de San Juan Totolac, tapetes de aserrín, elementos de la fiesta brava, mariachis y bailarinas de flamenco. El sonido es una mezcla de mariachi con flamenco al estilo de los Gipsy Kings. Los espacios más emblemáticos de la región que se muestran en el video son monumentos del periodo virreinal, la capilla abierta, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, fragmentos del ex convento de San Francisco, los murales de Palacio de Gobierno y la plaza de toros.

Para el cantante huamantleco, Carlos Rivera, fue trascendente esta grabación, según lo dijo en entrevista, ya que uno de sus proyectos más importantes en su carrera siempre había sido el mostrar su estado, todo lo que es, su cultura, su historia y todo lo hermoso que Tlaxcala ofrece a los mexicanos y al mundo.

Sostuvo que era lamentable que los anteriores gobiernos no se hubieran comprometido con su proyecto, que no les haya interesado, pero que agradecía el apoyo del gobernador Marco Mena y a la Secretaría de Turismo por permitir hacer realidad su sueño.

El cantante lamentó que el anterior gobierno haya truncado los sueños de los tlaxcaltecas, impedir que todos los sueños se realicen, se desarrollen y se fortalezcan.

Durante la entrevista, Rivera también sostuvo que él está orgulloso de ser tlaxcalteca, que está orgulloso de ser un guerrero tlaxcalteca, que él, como guerrero, no ha parado de luchar. Que él no fue un privilegiado, que fue como el resto de los y las tlaxcaltecas, la única diferencia, sentenció, es que él soñó muy grande y se atrevió a ir por sus sueños.

Exhortó a los tlaxcaltecas a soñar, a que pongan en su Facebook, en su Twitter, en su Instagram, que son tlaxcaltecas, que posteen donde viven, que lo muestren. Que presuman que son de Tlaxcala, que presuman sus carnavales, la Noche que Nadie Duerme, la plaza de toros, que digan al mundo que los tlaxcaltecas tienen lo que no tiene nadie más.

Carlos Rivera, embajador de Tlaxcala a nivel internacional, no se salió del guión, promovió la “cultura” o lo que el gobierno del estado o la Secretaría de Turismo entienden por ello, con una carga valorativa muy escurridiza, efímera. La cultura que este influencer promueve a través de su video son elementos a veces contradictorios al interior del estado, como la conciliación plena de huehues y flamenco, mariachi y flamenco, etc., su promoción rayó en una idea romántica de sí mismo como tlaxcalteca, evidenciando un limitado conocimiento de la historia de la región. Promocionó más desde un sincretismo emotivo.

La promoción de la región a través del proyecto ifluencer del cantante Rivera con el apoyo del gobierno del estado y la Secretaría de Turismo, evidencia que el proyecto cultural de la región o está distanciado o es polifacético.

Existe una real gobernanza en los temas de cultura y turismo. Todo apunta que el gobierno del estado y la Secretaría de Turismo poco se han enterado de los proyectos y el desarrollo cultural que ha desarrollado el Instituto de Cultura del estado, ese trabajo con y desde abajo, en donde nace, se desarrolla y madura la cultura.

Puede ser que no se conozcan sus acciones, pues la prensa local y los medios han mantenido soterradas sus labores, tal parece, no son dignas de incorporarse como nota informativa.

Ahí la importancia de recurrir a influencer para la promoción turística del estado, pero no cultural. La cultura no necesita de maquinarias del marketing, hay que voltear a ver lo que culturalmente se ha logrado hacer en el estado musicalmente, en la danza, la pintura, artes visuales, las letras, la poesía, la escultura y el grabado. El Centro de las Artes puede ser una ventana ideal para observarlos.