El Tlaxcala que recibirá su nuevo obispo

El próximo lunes, el administrador diocesano, Jorge Iván Gómez Gómez se reunirá con el recién nombrado obispo de Tlaxcala, Julio César Salcedo Aquino, para informarle, entre otros asuntos relacionados con la iglesia tlaxcalteca, sobre diversos temas y circunstancias que prevalecen y caracterizan a esta entidad.

Entre ellos, según lo dio a conocer el clérigo en una rueda de prensa que ofreció este jueves para dar pormenores del nombramiento del nuevo obispo tlaxcalteca, le informará sobre el problema de la trata de personas con fines de explotación sexual que afecta a varios municipios de la entidad.

El panorama que recibirá el nuevo jerarca católico de Tlaxcala sobre este asunto no es nada halagüeño, pues el reporte que le será entregado está sustentado en el informe anual que recientemente presentó el Centro Fray Julián Garcés, asociación civil que se ha dedicado a recabar información sobre este flagelo social y a combatirlo a partir de diversas estrategias.


Las estadísticas no mienten, pues de acuerdo con el informe de este centro, tan solo en el sexenio pasado hubo 200 denuncias interpuestas por este delito, de las cuales el 70 por ciento de los casos quedó en acta circunstanciada, 30 por ciento como averiguación previa y nada más 6.5 por ciento con sentencia.

El problema de la trata de personas en la entidad es tan profundo que, incluso, ameritó que la Conavim advirtiera al gobierno del estado sobre la emisión de una Alerta de Género. A este panorama tendrá que hacer frente, desde su posición, el nuevo obispo de Tlaxcala, así como a las constantes violaciones y agresiones que sufren los migrantes en tránsito al pasar por territorio tlaxcalteca en su camino a Estados Unidos.

En su informe a Julio César Salcedo, el administrador diocesano también debe incluir una recomendación sobre el trato que debe dar a las comunidades de la entidad, si es que no quiere tener problemas con sus habitantes por la administración de las parroquias e iglesias como le sucedió al ex obispo de Tlaxcala, Francisco Moreno Barrón, quien trató de imponer los nombramientos, pero resultó contraproducente.