El tigre no es el dato

Definitivamente, el tigre no es el dato, es una licencia literaria, una cita, una referencia simple a un diálogo histórico. Evidentemente, los pocos informados en los temas y las narrativas de la historia no lo entendieron, no quisieron entenderlo o tergiversaron la referencia al famoso tigre y la convirtieron en una amenaza.

En esta trampa cayó la opinocracia, periodistas, intelectuales y hasta los candidatos a la Presidencia.

Una parte importante de la acción política y el discurso de Obrador parece estar anclado en el contexto del neoporfirismo y su intelectualidad. No es fortuito que, a pesar de sus reticencias, prologara el libro de su compañera Beatriz Gutiérrez Müller, intitulado Dos revolucionarios a la sombra de Madero. La historia de Solón Arguello Escobar y Rogelio Fernández Güell.


López Obrador, a diferencia de otras elecciones en las que ha participado, ha mantenido la prudencia, no se ha desbocado con declaraciones inicuas, ha cuidado no ser un peligro para sí mismo.

Las certezas de esta elección parecen ser distintas para Obrador: ocupa una posición privilegiada en la preferencia electoral, ha mantenido ya una distancia considerable con sus contrincantes que realizaron una precampaña pobre en términos de proyección, al parecer, encaminada a disputar por el segundo lugar de las preferencias, antes de que formalmente comiencen las campañas. Disputan un segundo lugar ocupado por un candidato que representa a una derecha fragmentada, dividida, pero por encima de un polícromo candidato que no es del PRI, pero representa a dicho partido.

Notablemente, el escenario favorece –hasta ahora– a Obrador, ello le ha bastado para posicionarse y dialogar desde una palestra de poder, a través de la cual intimida, acorrala y obliga al diálogo a múltiples sectores. Una palestra consentida y legitimada por la preferencia electoral, ello, según las encuestas.

Su discurso ante los banqueros es trascendental, es una lección de cómo se debe construir lo político y establecer política, instaurar agenda. Pocos distinguieron, obviaron e incluso ignoraron la agenda de Obrador por ponderar las últimas palabras del tabasqueño, en las que invocó la referencia histórica del famoso tigre.

El discurso de lo político que sostuvo Obrador ante los banqueros destacó por subrayar que él no confiscará bienes, no realizará expropiaciones o nacionalizaciones, que no afectará a la banca, exhortó a que le tengan confianza. Dijo que se necesita una banca fuerte, que amplíe su servicio en todo el país. Sostuvo que él trabajará para que la banca sea fuerte, se comprometió a no realizar reformas legales al actual marco jurídico, sino hasta después de tres años de su presidencia. Sostuvo que es necesario que en la inversión confluyan el Estado y los bancos, aunque se decantará por el incremento de la inversión pública para incentivar el desarrollo social.

Para ello, se deben liberar fondos para el desarrollo, evitar aumentar los impuestos, reducir primero y, posteriormente, saldar la deuda pública.

Subrayó, además, que se respetará la autonomía del Banco de México, que nada se realizará al margen de la ley.

El discurso sobre la acción política y de agenda propuesta por Obrador a los banqueros es el DATO. Ahí está el dato. No habrá, como han sostenido sus detractores, un cambio radical de las instituciones, lo que se llevará a cabo es una transformación de la vida pública, una moralización. Sostuvo que ello se logrará a través de una fórmula sencilla, pero profunda: “acabar con la corrupción, la impunidad y los privilegios”. Erradicar la corrupción equivale a un renacimiento del país, esa es la revolución pacífica que propone, la revolución es la moralización del país. No más corrupción.

Las instituciones serán las mismas, se respetará el marco legal, pero éstas no serán más instituciones que simulen, deben funcionar, no deben ser cerradas. Obrador sentenció, reiteradamente, que no se trata de una renovación institucional, sino de la renovación en las direcciones de las instituciones.

Obrador de frente dijo a los banqueros que la corrupción no va de abajo hacia arriba, sino que tiene otra dirección, de arriba hacia abajo, y que esta corrupción tiene el visto bueno del presidente y que, en los estados, tiene el visto bueno del gobernador.

Por tal motivo, sostuvo Obrador que el combate a la corrupción pasará a formar parte del Poder Judicial, poder que debe ser limpiado. Por tanto, en adelante, el Ejecutivo tendrá la facultad de proponer o nombrar a los ministros de la Corte. Ello implica que, él como presidente, detentará el combate a la corrupción y establecerá una “nueva” Suprema Corte de Justicia durante los tres primeros años de su mandato.

Sentenció que todos los acuerdos o contratos deben realizarse siempre en un marco legal. Los contratos deberán ser transparentes y, sobre todo, benéficos para la nación, sin ventajas para nadie.

El mensaje político y la propuesta política fueron claros, tajantes, contundentes. Obrador detentará, a través de la Suprema Corte de Justicia, la lucha anticorrupción, se eliminarán los anclajes de un poder vitalicio que, a ojos de muchos, ha sido, históricamente discrecional en la aplicación de la justicia.

La legitimidad de Obrador, de ganar la Presidencia, llegará a partir de la aplicación de la justicia ante la corrupción, eliminar la impunidad y establecer la transparencia como regla. Esta lucha anticorrupción e impunidad será aplicable tanto a ex presidentes, como al presidente en turno. Esta acción política, es mediáticamente poderosa en el ámbito nacional e internacional. La legitimidad de un gobierno que enjuicia la corrupción, encarcela a los corruptos y establece la justicia a través de la transparencia, llega a ser mundialmente abrumadora, son elementos bien valorados a nivel mundial, habla bien del país que no oculta, que no invisibiliza su corrupción. Ese país se gana de manera inmediata el apoyo internacional.

El tigre no es el dato, el dato está en el lavado de dinero en el que han incurrido algunos bancos y banqueros, así como la corrupción y la impunidad. El mensaje es el poder: la eliminación de los anclajes de poder de la Suprema Corte de Justicia, la cual, bajo la presidencia de Obrador, asumirá el papel que le corresponde, la aplicación de la justicia de manera imparcial, la reducción de la impunidad ante la corrupción perpetuada de arriba hacia abajo.

El dato está en que los banqueros tendrán que implorar la derrota de Obrador o acercarse a dialogar con el tabasqueño sobre lo político y la política. El tigre no es el dato, el dato está en el predicamento en el que Obrador puso, aparentemente, a los banqueros.