Se acaba el año 2013 y la única esperanza es la organización

Estamos ya por concluir el año 2013, desafortunadamente el balance que se tiene para los derechos humanos no es nada positivo. El cambio de partido en el gobierno federal sólo ha mostrado la agudización de las diversas problemáticas económicas y sociales. El gobierno mexicano ha sido incapaz de revertir la brecha de pobreza y, por el contrario, sigue aumentando, en tanto el poder adquisitivo sigue en franca caída. Esta situación de pobreza es un factor fundamental para generar violaciones sistemáticas a los derechos humanos, en principio porque no permite la garantía de los derechos básicos como la salud, la educación y la alimentación, entre otros, pero en la medida que existen condiciones de pobreza se genera otro tipo de fenómenos como el narcotráfico, la trata de personas, la explotación laboral y la migración forzada que generan violencia extrema hacia las personas y las comunidades.

Lamentablemente vemos como el sistema económico ha subyugado al Estado, a sus instituciones y a los que se dicen llamar nuestros representantes para generar el bien común. Se ha generado un desvío de poder que garantiza la explotación humana para acumular riqueza a costa de la vida, mediante mecanismos legales e ilegales, tan es así que tenemos a los hombres más ricos bajo los dos mecanismos.

Las leyes de corte social que se van generando, como ha ocurrido históricamente, quedan sin aplicación real, entre ellas las leyes contra la trata, contra la violencia hacia las mujeres, para la protección del maíz, a favor de las víctimas, de protección a defensores, defensoras y periodistas… y la lista sigue larga e interminable. Todo lo contrario con las leyes de corte económico, pues lo acabamos de constatar con la reforma energética que en pocas horas se aprobó y seguramente su aplicación será muy pronto.


El futuro no se mira prometedor y en ese contexto la lucha por la exigencia para el cumplimiento de los derechos humanos debe continuar y se hace más pertinente.

2014 depara la continuidad de esa exigencia y sigue retando a la creatividad, misma que por cierto no ha faltado en 2013 y que me parece importante también reconocer. Pongo un solo ejemplo, en el presente año se inició la Campaña por la Digna Libertad, ésta aborda el tema de prevención de la trata de mujeres y niñas con un fuerte énfasis en las masculinidades alternas, se desarrolla en un contexto donde se han concretado leyes contra la trata y a nivel estatal una estrategia, pero que sin embargo no tienen aplicabilidad. Ante esta ausencia de Estado y simulación al señalar que reconoce el problema, pero no hace acciones, se planteó como reto impulsar la campaña, una campaña en redes sociales, pues es uno de los medios que también utilizan las redes de tratantes para enganchar a sus víctimas.

Se ha puesto al centro a la juventud como potenciales víctimas, pero también se reconoce en el sector una amplia capacidad y creatividad para hablar a sus pares.

La campaña se inició el 23 de septiembre de 2013 y a lo largo de estos meses las y los jóvenes han desarrollado materiales que se han colocado en facebook, se han sumado académicas, periodistas, el obispo Francisco Moreno Barrón y artistas, particularmente grupos musicales. Como iniciativa de las y los jóvenes, particularmente de los grupos musicales, se propuso realizar un concierto público que diera a conocer parte de la información generada, pero principalmente las canciones, que como lo dijimos públicamente, abordan el amor como mecanismo viciado para el enganche, el dolor del padre y la madre por la hija explotada y la violencia extrema de este delito.

El concierto se realizó el pasado 6 de diciembre en la Plaza Juárez, con una asistencia aceptable, alrededor de 400 personas contabilizando todo el evento. La actividad puede tener muchas críticas, pero hay que reconocer que es un espacio y un problema que las y los jóvenes están haciendo suyo, quizá esa sea la única esperanza real que se tiene frente al actual contexto nacional y estatal que tenemos, ellos y ellas deben fortalecerse como sujetos activos de las problemáticas que están viviendo y que les afecta, hacerse responsables de sus espacios de vida, de su ética, de la historia y del futuro, hacerlos y en ese sentido hacernos ciudadanía. ¿Es utópico? Sí, pero quizá en este momento de la historia únicamente lo alterno, lo utópico, organizado y lo humanizante pueda generar verdaderos cambios en lo individual, grupal y cultural frente a un sistema que únicamente coloca al consumismo, el dinero y su acumulación como el centro de la vida.

Sólo desde la organización y la participación crítica es posible ir modificando el actual sistema que nos ha generado devastación, muerte, explotación, mercantilización de la vida. De continuar esta tendencia, poco quedará a las generaciones futuras por lo que tengan que luchar y exigir. El concepto de derechos intergenaracionales nos pone entre sus principios “recibir el planeta en una condición no peor que aquella en la que lo recibió la generación anterior”, el principio me parece válido también para la herencia de nuestros espacios de vida concretos, entendidos estos como nuestras comunidades, estados y países. Y en ese sentido es que las diversas luchas por los derechos humanos deben continuar, pensando que un día no habrá más violencia hacia las mujeres y trata en el estado, no más daños a las comunidades por la contaminación industrial y el desarrollo de megaproyectos. Como bien dirían algunos pensadores, tomemos conciencia de que las acciones que hagamos o dejemos de hacer, pueden tener repercusiones mucho tiempo después.




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