Ficción, elecciones y voto verde

En el curso de una semana los gobiernos federal y estatal difundieron dos “noticiones” para el sector agropecuario tlaxcalteca. Probablemente en lo que resta del año y en el inicio del siguiente harán otros anuncios más. Ya preparan el terreno.

En 2018 la ciudadanía mexicana tendrá que ejercer su derecho al voto en los comicios del 1 de julio, para elegir presidente de la República, senadores y diputados  federales. Nada extrañará que en pocos meses crezcan los apoyos al campo. El lunes 25 de septiembre pasado, la delegación de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) dio a conocer que más de 11 mil productores podrán solicitar su reinscripción al Proagro Productivo para poder recibir el incentivo.

Dos días después, la Secretaría  de Fomento Agropecuario (Sefoa) y la propia Sagarpa armaron una mega exhibición de proyectos diversos. Con bombo y platillo exaltaron que la suma de esfuerzos de ambas dependencias, a través del Sistema Estatal de Capacitación y Asesoría Técnica Agropecuaria del estado, de la Unidad de Extensionismo Rural, de unidades móviles con desarrollo tecnológico y del Proyecto de Seguridad Alimentaria para Zonas Rurales (PESA), representa una inversión de 23.4 millones de pesos en beneficio de 4 mil 200 productores.


Solo así pudieron inflar la aportación, porque por sí solo cada uno de esos programas y esquemas significaría una cantidad inferior, poco atractiva. Es la ficción para atraer el valioso voto campesino. Por fortuna no todos los beneficiarios creyeron el cuento y algunos expresaron que el apoyo debe ser mayor.

Poco duró el gusto. Organizaciones de oposición al partido en el poder, integrantes del Frente Auténtico del Campo, echaron abajo el teatro el martes pasado al tomar la delegación de Sagarpa en protesta por el rezago en la entrega de apoyos y deficiencias en el manejo de programas. Las cosas no son color de rosa para los agricultores.

El que más llama la atención es el caso del Proagro Productivo, antes Procampo, pues desde sus inicios en la década de los años noventa cumplió bien el objetivo de uso electorero. Es oportuno recordar la reflexión de Sergio Barrales Domínguez, rector de la Universidad Autónoma de Chapingo (Uach), durante una visita al estado en diciembre de 2015, para exhortar a los campesinos a que valoren su voto en lugar de venderlo, porque es “el arma más poderosa” para cambiar a este país.