Rigoberto se juega la vida en su trabajo

Rigoberto Cruz Palma reconoce que su actividad tiene “algo de ilícito”, porque vende discos compactos apócrifos o piratas, pero asegura que “no le hago daño a nadie, le llevo música a la gente que no tiene la posibilidad de comprar disco originales”
Rigoberto Cruz Palma reconoce que su actividad tiene “algo de ilícito”, porque vende discos compactos apócrifos o piratas, pero asegura que “no le hago daño a nadie, le llevo música a la gente que no tiene la posibilidad de comprar disco originales”

La falta de oportunidades para desarrollarse en alguna empresa y la necesidad de sobrevivir han llevado a Rigoberto Cruz Palma a jugarse literalmente la vida entre los automóviles para tratar de vender alguno de los discos de música que ofrece a automovilistas y choferes.

Aunque reconoce que su actividad tiene “algo de ilícito”, porque se trata de discos compactos apócrifos o piratas, Rigo, como lo conocen sus amigos, asevera que “no le hago daño a nadie, le llevo música a la gente que no tiene la posibilidad de comprar disco originales.

“Hay gente que hace más daño engañando a la gente que va a hacer de su pueblo o del estado un mejor lugar para vivir o que yo sí cumplo o mejores acciones y obras, cuando esos políticos de los que te hablo, sólo nos buscan en esta época para vivir bien ellos y sus cuates”, refiere, mientras saca de entre sus pertenencias una serie de trípticos y dípticos de candidatos a alcaldes de varios partidos políticos.


A sus 26 años de edad, ha encontrado en esta actividad una forma de sobrevivir “no de sobresalir, porque la verdad no hay futuro en esto. Pensé que en esto de la venta de los discos iba a durar unos meses, mientras no tenía un empleo estable y bien pagado, pero mire, ya voy para los dos años y no veo la mía”.

Originario de La Magdalena Tlaltelulco, Rigo llega a Tlaxcala alrededor de las 8 de la mañana para tratar de comercializar sus “productos” en una de las gasolineras más concurridas de la ciudad capital, hasta donde espera a los parroquianos para tratar de vender algunos discos.

“Si por mí fuera, estaría aquí a las 6 de la mañana, pero por desgracia no se puede, porque no hay mucho transporte desde la comunidad de donde vengo, pero me apuro y antes de las 8 de la mañana estamos por acá para lograr algunas ventas y si nos va bien, nos regresamos como a las 7 u  8 de la noche, pero si no hasta donde el cuerpo aguante y nos dé tiempo regresar a casa”, refiere el hablantín joven.

Con una mochila negra al hombro o bien frente a él, Rigo se aposta frente a la estación de la franquicia de Petróleos Mexicanos (Pemex) que le ha acogido como centro de trabajo y uno a uno de los automovilistas es recibido con una sonrisa y con el ofrecimiento de un “paquete de discos”.

En “su repertorio” ofrece de todo, desde música clásica, boleros, ranchera hasta baladas en inglés, románticas del ayer, lo más reciente de la discografía nacional e internacional, “porque aquí viene de todo, desde personas que nunca compran nada y te ve como bicho raro, hasta aquellos que se llevan de 10 o más discos, porque hay de todo”.

Pero Rigo se tiene que jugar el físico, porque tiene que meterse entre un vehículo y otro para ofrecer sus discos y lo hace a una velocidad tremenda que el mejor delantero de la selección mexicana de fútbol o de algún club de la liga mexicana desearía.

“Es que el gerente de la estación no nos deja ofrecer los discos en las bombas de gasolina, por eso tenemos que agarrarlos antes de que lleguen para que así podamos vender algo, de lo contrario, no sacamos nada”, refiere.

A sus clientes, el joven les entrega un paquete de 30 discos “para que escojan” y prácticamente los deja a su aire para que ellos puedan revisar y seleccionar.

“Se los dejo con la confianza que debemos tener, porque no me daría tiempo seguirlos, así mientras ellos llegan y les cargan la gasolina se dan tiempo de revisar y checar, si se quedan con alguno y no lo pagan, queda en ellos, pero sí les doy confianza, ellos me dan venta, así que estamos contentos”, refiere el joven que aprendió el oficio de su padre.

–¿Se vive bien de esta actividad?–, se le inquiere.

–Pues no me quejo, pero creo que con lo que gano no me alcanzaría para comprar una casa o mandar a los hijos a buenas escuelas. Este negocio lo veo como algo pasajero, porque si al rato quiero tener familia, no veo a mis hijos chambeando en esto como para sacar los gastos, responde.

Hace unas semanas, Rigo perdió toda su mercancía, pues en un operativo de seguridad le fue decomisada su “mercancía” y “de nuevo a levantarse, porque de cada disco que vendo guardo una parte para reinvertir y otra más para ahorrar, porque si me quitan los discos tengo que volver a empezar, eso es lo malo de esto, pero no lo ven las autoridades ni los candidatos, ellos se preocupan por llegar aunque sea comprando a la gente, mientras nosotros si vendemos, comemos y si no, sólo olemos”.

 




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