Resistir y reconstruir

Aún bajo la euforia de los resultados electorales, en medio del clima de esperanza, es fundamental no perder de vista que esto no ha sido más que el comienzo de lo que puede llegar a ser un cambio radical y verdadero de un nuevo proyecto de nación, que retome el camino de una sociedad más democrática, más tolerante y más responsable de su propia historia. La votación ha demostrado la abrumadora voluntad de la mayoría de mexicanos por decir ¡Basta de pobreza, de violencia y de corrupción!, queremos otro país, queremos otra sociedad diferente. Sin embargo, hay que estar conscientes de que las elecciones representan apenas la posibilidad real de hacer cambios radicales al proyecto neoliberal de nación que desde hace varios sexenios se nos ha venido imponiendo por la fuerza de la violencia a todos los mexicanos.

No se ha llegado a la meta, apenas se está iniciando la carrera, el verdadero proceso de cambio no va a realizarse solo, como por arte de magia o por el trabajo de una sola persona, sino con el trabajo y las aportaciones de todos quienes apuestan por otro modelo de sociedad. Los políticos corruptos y sus amos, los grandes consorcios del capital que han detentado el poder por décadas, a pesar de sus declaraciones de aceptación de la voluntad popular y de sus llamados a la unidad, son tan vanos como lo fueron sus esfuerzos de meter miedo, de engañar y de comprar la voluntad ciudadana. No se van a resignar tan fácilmente como ahora lo declaran; y desde estos momentos en que todavía no entra en funciones el nuevo gobierno, ya están trabajando sus estrategias de presión económica, de desestabilización social, de incremento a la violencia para estatal, de difusión de mentiras, para minar de antemano el terreno a la nueva institucionalidad que puede establecerse a favor de las mayorías y no a favor de los intereses del capital, como lo han venido haciendo en Chile, en Brasil, en Ecuador, en Venezuela, para demostrar, con los muertos, que su modelo excluyente y depredador es el único posible; para ellos, la historia ya terminó y no queda más que vivir en un mundo donde prive la ley del más fuerte.

En la campaña de miedo desplegada antes del proceso electoral, muchas veces se usó a Venezuela como ejemplo de lo que podría pasar si la izquierda llegara al poder, culpando a un gobierno “populista y dictatorial” de ser el causante de la situación de caos, cuando todo el mundo sabe que los movimientos antigobiernistas desestabilizadores son promovidos y financiados por el capital transnacional, principalmente el norteamericano que quiere adueñarse de su petróleo, como lo ha hecho en Irak, en Afganistán, en Ecuador o en Brasil. Por eso es importante tener en cuenta que los que queremos otro modelo de país, tenemos que estar alertas para informarnos y resistir a las campañas de mentiras y de desestabilización que pueden empezar a desarrollarse. Pero, por otro lado, esto no basta, también hay que construir nuevas alternativas, nuevos modos de vivir en sociedad, con otros valores que no sea el consumo y la acumulación depredadora, otra manera de hacer política, y en definitiva otra manera de concebir los fines de la vida humana que vayan más allá de un “vivir para trabajar”. Los retos son enormes y el trabajo por el cambio verdadero apenas comienza y va a depender de nuestro compromiso, de nuestro trabajo como individuos, como comunidades y como sociedad: nosotros somos el cambio.