Resistiendo al despojo

En medio de un clima electoral en el que predominan los ataques y las descalificaciones personales, por encima de un análisis claro de los problemas nacionales y posibles propuestas de soluciones, el gran capital se aprovecha del “río revuelto” para tratar de ganar terreno con avances sorpresa en alguno de los muchos frentes que tiene abiertos en contra de la sociedad. En medio de la alharaca electoral, pasan casi desapercibidas numerosas notas periodísticas que revelan las luchas de los pueblos indígenas y de las comunidades campesinas y de la sociedad civil, por defender sus tierras y sus recursos.

Así en las semanas pasadas, un grupo de seudocientíficos a sueldo de las transnacionales agroindustriales, presentó un libro que recopila toda una serie de artículos a favor y defensa de los transgénicos, sin otro argumento que sus “bondades teóricas potenciales”, y ocultando los mecanismos destructivos de la biodiversidad natural que conllevan, y por supuesto, ocultando que detrás de todo está el despojo de la producción de alimentos por parte de las empresas.

Este primer paso preparó el intento de madruguete legislativo encabezado por el Partido Verde para aprobar, como siempre en lo oscurito y fast track, la Ley General de Biodiversidad, mediante la cual se legalizaría de facto el despojo completo del derecho a la vida, ya que permitiría la privatización de los recursos biogenéticos, la destrucción de las reservas y parque naturales y, como siempre, las empresas podrían registrar y patentar a su nombre, flora, fauna o recursos, con base en las transformaciones que en sus laboratorios les hubieran incorporado: el mismo esquema de los transgénicos. Afortunadamente los dos intentos fueron rápidamente enfrentados por una sociedad civil que cada día va tomando conciencia de las verdaderas dimensiones de este sistema que nos presentan como la opción única, y numerosos científicos críticos y comprometidos, desmontaron los falsos argumentos de los promotores de los OGM y, posteriormente, ante las protestas y  denuncias de la sociedad, el madruguete se desactivó y la propuesta de ley se ha retirado por ahora; sin embargo, no hay que bajar la guardia, pues en cualquier momento nuevos intentos tendrán lugar.


A la par de estos acontecimientos, otras notas dan cuenta de la suspensión de una supuesta consulta organizada para hacer que los comuneros de Unión Hidalgo, Oaxaca. aceptaran otro proyecto eólico, esta vez francés, para entregar sus tierras en beneficio del capital extranjero. En días anteriores, igualmente comuneros de Acacoyagua y Escuintla en Chiapas, se opusieron a 21 concesiones mineras, otorgadas por el gobierno federal sobre su territorio, pues ya han experimentado en carne propia lo que este tipo de concesiones implica: contaminación de suelo, agua y aire; destrucción de los caminos, destrucción de la biodiversidad, amenazas y hostigamientos de grupos paramilitares pagados por las empresas, sin olvidar las campañas mediáticas en contra de los ejidatarios. Lo mismo hicieron los Yaquis de Cajeme, Sonora. ante 17 concesiones mineras sobre su territorio, avaladas por falsas asambleas y falsas autoridades, en un plan orquestado por las empresas, el gobierno federal y estatal. Todo esto revela que la idea del despojo total es lo que persiguen las políticas neoliberales, disfrazadas de desarrollo o de modernización, y que al mismo tiempo hay que unir todas las resistencias.