Recuperando el territorio vital

El inicio de 2014 ha estado marcado no sólo por los datos económicos que apuntan a la falsedad de la promesa de que el remate de nuestros recursos energéticos traerá bonanza, y el costo del gas y la electricidad bajarán, sino sobre todo por la violencia generada entre grupos del crimen y los ciudadanos organizados para su autodefensa.

El escenario de la violencia generada en varios estados del país (Michoacán y Guerrero, principalmente) es complejo y los medios se han encargado de hacer más confuso el panorama, condenando a los ciudadanos que, ante el abandono de las fuerzas de seguridad del Estado, se organizan y toman las armas para defender su vida y sus bienes y, de paso, condenando (más suavemente) a los grupos del crimen organizado, todo en nombre del principio de que “nadie se puede hacer justicia por su propia mano”. Sin embargo, no hay que perder de vista varias premisas subyacentes al estado generalizado de violencia que estamos padeciendo: a) El estado de violencia e inseguridad es necesario para mantener el miedo en la población de tal forma que se puedan imponer las reformas neoliberales, inhibiendo la participación y oposición de la ciudadanía; b) El mismo estado de violencia permite a las fuerzas de seguridad reprimir cualquier manifestación de inconformidad y descontento social originado por la radicalización del modelo neoliberal de explotación; c) El aparato del Estado es un fiel sirviente de los intereses de las corporaciones transnacionales que tienen como finalidad administrar esta “violencia necesaria”, fomentando y protegiendo con la impunidad a los grupos del crimen organizado; d) Al Estado y sus amos les conviene que la ciudadanía llevada al extremo de la inseguridad, tome las armas para autodefenderse, porque tiene la justificación necesaria para reprimirla en nombre de la ley violada; e) El surgimiento de los grupos de autodefensa en diversas entidades del país revela en última instancia la incapacidad/complicidad del Estado para combatir al crimen organizado; f) El resultado final de la estrategia es la creación de grupos paramilitares (llámense crimen organizado o grupos de autodefensa) que mantengan en los hechos una guerra civil, cuyo objetivo es generar el clima de terror necesario para el funcionamiento del modelo económico.

Con base en las anteriores premisas, los enfrentamientos entre autodefensas, Ejército y crimen organizado se pueden leer de manera diferente a la que plantean los monopolios mediáticos, es decir, que el Plan Mérida sigue al pie de la letra los pasos del Plan Colombia: generar y mantener un clima generalizado de violencia para un mejor control de la población que se rebela ante la irracional imposición del neocolonialismo y la explotación de las riquezas y del trabajo humano, a un nivel sin precedentes y a escala planetaria. La trampa es perfecta: te abandono y te dejo en completa indefensión ante los grupos violentos creados por el Estado, esperando que tomes las armas, te enfrentes con ellos y si sobrevives, te enfrentes al supuesto “Estado de derecho”, que significa que las fuerzas estatales te puedan combatir por haberte defendido “fuera de los causes legales”. Aquí la pregunta fundamental es cómo romper este círculo vicioso, cómo desactivar la trampa armada por el sistema, y cómo recuperar definitivamente los territorios de la vida que nos quieren arrebatar.