Primavera silenciosa

Este es el título del libro de la bióloga Rachel Carson, publicado en 1962 y en el que de manera lúcida y consciente denuncia los peligros que ya amenazan al medio ambiente, representados por el uso indiscriminado del DDT (dicloro difenil tricloroetano) y los efectos tóxicos, no solo para el medio ambiente, sino para el ser humano, mismos que fueron probados con el paso del tiempo y llevaron a prohibir su uso, al menos con ese nombre en la mayoría de países del mundo. El otro gran peligro que vislumbraba era la contaminación radioactiva de la energía atómica, del que Chernobyl es el mejor ejemplo. El título del libro hace alusión a que de continuar usando sustancias tan tóxicas como el DDT o la energía atómica, un día es posible que se extinga la vida sobre el planeta y éste se convierta en un páramo yermo y silencioso. Otra de las aportaciones fundamentales de esta obra, considerada precursora de la conciencia ecológica que ya permea cada vez más en los ciudadanosdel mundo, fue la denuncia de las mentiras y manipulaciones de la industria para negar los efectos nocivos de sus productos y la complicidad del poder público para defender sus intereses y su enriquecimiento por encima de los de la sociedad. La industria química, como era de esperarse, la atacó y trató de desacreditarla negando su condición de científica, de mujer y de persona mentalmente sana; sin embargo, el tiempo le ha dado la razón y ha validado todo lo que ella veía desde entonces. Nunca como ahora el mensaje del libro es más revelador, pues la semana pasada la Unión Europea autorizó el uso del glifosato de Monsanto por cinco años más, a pesar de las advertencias de la Organización Mundial de la Salud de que hay evidencias de que, además de afectar gravemente al medio ambiente, provoca cáncer (linfoma de Hodgkin) en los seres humanos, y a pesar de que en meses pasados científicos y víctimas del glifosato de los campos de soya transgénica de Argentina presentaron pruebas ante el Tribunal de los Pueblos de La Haya. A pesar de esto hay algunos países europeos, como Francia, que mantendrán la prohibición de su uso. Lo más escandaloso de esta aberración es que la autorización se apoyó en el dictamen de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), organismo que se supone debiera velar por la producción de alimentos sanos, pero que, en realidad, responde a los intereses de las agroindustrias, porque la mitad de sus integrantes y de los asesores científicos están relacionados de manera directa o indirecta con ellas; es decir, tanto en este como en muchos otros casos, los funcionarios que se desempeñan en puestos claves de la administración del Estado, son colocados ahí por sus patrones, los corporativos de la muerte. Esto lo afirma el Observatorio Europeo de Corporaciones, quien lo ha venido denunciando desde hace años, encontrando el silencio de los gobiernos cómplices. Las corporaciones industriales de alguna manera han venido usurpando el poder de esta manera, e incluso han colocado a sus incondicionales en puestos clave, como la presidencia de USA, en donde un desequilibrado mental dice que el cambio climático es puro cuento, que la guerra nuclear es inminente, que todo aquél que no se someta a la voluntad del imperialismo yanqui es un terrorista y que solo la raza blanca debe prevalecer y sobrevivir después de la catástrofe a la que nos lleva el capitalismo neoliberal… ¿Seguiremos esperando la fatalidad pasivamente?