Prevenir o reproducir la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual

Marisol Flores García

En el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños plantea que la trata de personas se entenderá como “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación, incluida la explotación sexual de mujeres y niñas”.

Si bien este planteamiento nos ha servido como base para la identificación de esta problemática, reconocemos que la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual es una de las formas de violencia extrema hacia la mujer, un atropello a los derechos humanos, un delito y un problema social, que urge la intervención del gobierno del estado.


Consideramos que esta afirmación debe ser entendida y asumida por las autoridades responsables, si verdaderamente quieren contribuir a la erradicación de esta problemática, pues la misma realidad y las investigaciones nos lo han mostrado a lo largo del tiempo.

La anterior administración estatal hizo visible indirectamente que querer erradicar la trata de personas solo a través de la persecución de tratantes no es suficiente, más aun cuando las sentencias son mínimas, no se les incautan los bienes adquiridos por la explotación de mujeres y no hay capacidad en la investigación con resultados contundentes.

Pero, ¿qué tenemos que tomar en cuenta, si esta forma extrema de violencia hacia la mujer se sigue reproduciendo en nuestro estado y tienen alcances nacionales e internacionales? Tal vez sea importante recordar lo que nos dice el Dr. Óscar Montiel Torres en su tesis “Para prevenir y erradicar la explotación sexual de la prostitución ajena como forma de violencia hacia las mujeres tiene que recurrir a la perspectiva de género y derechos humanos y así sentar las bases para la trasformación y posterior eliminación del fenómeno o las circunstancias que los provocan y fortalecen.”

Esta forma de violencia extrema hacia las mujeres actualmente tiene todas las condiciones para desarrollarse, existe un orden social de género donde a las mujeres se les ha impuesto encontrar la razón de su existencia a través de los otros, que su papel fundamental es la reproducción; que su cuerpo, sexualidad y vida no son de ellas sino de los otros –en muchos casos de los hombres– y para los otros. En el caso de los hombres, este orden social de género mantiene la demanda de convertirse en el protector, caballeroso, seductor, proveedor y demás características que lo colocan en una posición social en importancia para mantener el orden de la sociedad. No se puede vivir en igualdad de derechos si continúan existiendo estas disparidades de género.

Es urgente y efectivo un trabajo preventivo desde la perspectiva de género, aquella donde se intervenga desde la afirmación que hace el Dr. Óscar Montiel Torres: “Los padrotes son un extremo masculino que se nutre del orden social de género de comunidades rurales: ser proveedor, protector, seductor, caballeroso, atento, pero con fines comerciales y de explotación, “se necesita favorecer que se cuestione el orden social de género en que vivimos, en el que aprendemos y vivimos nuestra sexualidad”.

Se necesitan acciones permanentes que favorezcan una masculinidad que no solicita servicios sexuales de mujeres y niñas que son tratadas, que impida la reproducción de tratantes, y disminuya y atienda los factores de riesgos económicos y sociales que enfrentan mujeres y niñas y las convierte en víctimas de las redes de tratantes para ser explotadas sexualmente.

La prevención no es un asunto menor, tal es su importancia que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC),  elaboró el Manual sobre la Aplicación Eficaz de las Directrices para  la Prevención del Delito en 2011, donde establece que la prevención implica “…estrategias y medidas encaminadas a reducir el riesgo de que se produzcan delitos y sus posibles efectos perjudiciales para las personas y la sociedad, incluido el temer a la delincuencia, y a intervenir para influir en sus múltiples causas.”

La prevención tampoco es un tema nuevo respecto a la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, es un eje de acción de la Estrategia Estatal para Prevenir, Combatir y Sancionar la Trata de Personas y Proteger a sus Víctimas, la cual fue aprobada en septiembre de 2011 en el Consejo Estatal contra la Trata de Personas.

La Estrategia Estatal es la base de acción gubernamental que especifica diversos ejes de acción, entre ellos la prevención, la cual plantea las “políticas y acciones encaminadas a evitar la trata de personas”, y en este sentido la Estrategia establece que se aborde en tres niveles: a) En un contexto donde no hay condiciones de riesgo de ser víctimas de trata y tratantes se eliminen las posibilidades de que los hombres aspiren ser tratantes, lo que significa ir más allá de disuadir su interés debido a las consecuencias como delito, sino de un rechazo social a esta práctica masculina y en la práctica masculina de quienes consumen cuerpos de mujeres y niñas que son explotadas. Así como de acciones estratégicas que empoderen a las mujeres para evitar ser enganchadas; b) Que si existe un contexto de riesgo de ser tratante y víctima, hay condiciones de respuesta institucional, familiar y comunitaria instaladas para evitar que se concrete su integración al problema como víctima y victimarios; y c) Que las instituciones a través de los servidores públicos den una protección y atención anticipada a posibles víctimas y victimarios.

Las autoridades estatales y municipales tienen un reto frente a este flagelo social, que es el  de generar las condiciones económicas, sociales e institucionales que no coloquen en vulnerabilidad a la sociedad tlaxcalteca, además de implementar la Estrategia Estatal en el eje de prevención como un elemento esencial para evitar la reproducción social del problema e impedir  que aumente, sin dejar de desarrollar a la par los ejes de Atención y Protección Integral, así como el de Investigación y Judicialización de la situación existente.

En tanto, la sociedad civil organizada tenemos que seguir incidiendo desde nuestra responsabilidad ciudadana y comunitaria, pues esta forma de violencia extrema hacia las mujeres, como es la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, no se detiene y menos los tratantes que solo buscan su enriquecimiento, el poder social y el poder político.