Pasos desconcertantes

El cerco mediático tendido por el grupo tecnócrata–empresarial que se ha adueñado del Estado mexicano, en torno al movimiento indígena encabezado por el EZLN por la defensa de la vida, de la dignidad y de sus recursos naturales, ha tratado por todos los medios que el paso del tiempo y la desmemoria histórica borren de la realidad no sólo al movimiento zapatista, sino a todos los movimientos de resistencia que han ido surgiendo a lo largo y ancho del país durante estas tres décadas de sometimiento neoliberal.

Sin embargo, periódicamente y brincándose olímpicamente ese cerco, el movimiento zapatista vuelve a levantar su voz para decir: aquí estamos, seguimos resistiendo y seguimos construyendo otro mundo posible, no en la teoría, sino en la realidad de los caracoles zapatistas. Por ello, esta semana se llevará a cabo en los caracoles autónomos la “Escuelita de la libertad y la autonomía”, que no es otra cosa que abrir espacios de diálogo entre la sociedad civil mestizada, urbanizada y acomodada en el sistema de consumo/sumisión neoliberal, y las sociedades indias que, recurriendo a su cultura y sus saberes ancestrales, han sabido mantener un modo de vida diferente y opuesto al modelo de explotación y depredación de la vida.

El domingo pasado llegaron a San Cristóbal los más de mil 700 “alumnos” dispuestos a ver y aprender de las comunidades indígenas, cómo se ejerce un poder horizontal e igualitario entre los integrantes de las comunidades; cómo se hace realidad el principio de “mandar obedeciendo”; qué significa la participación activa de todos en la solución de los problemas comunes; qué fundamental papel juega la mujer en todo ello; y sobre todo, cómo es posible resistir al infierno del capital, rescatando los valores más esenciales de la vida humana, hoy combatidos por las leyes del mercado.


Mientras los políticos entreguistas y vendepatrias, los modernos Santa Anna, se aprestan, en medio de enormes campañas mediáticas, a representar la farsa de privatizar los recursos energéticos del país en nombre del “crecimiento”, el “desarrollo”, la “eficiencia”, “la competitividad”, la “modernización”, en el lado opuesto, los pueblos originarios nos recuerdan con gestos más sencillos y aparentemente más limitados, cómo en esta “escuelita” se descubre que mienten quienes dicen que no hay otra alternativa más que entregar a los rejuegos del capital, la libertad y la autonomía, a cambio de un “paraíso de abundancia” (que nunca ha llegado) y que no es más que la misma zanahoria de siempre: para vivir mejor en un futuro, hay que sacrificar todo en el presente, hay que vender lo vendible, hay que entregar a los consorcios todo: playas, manglares, flora, fauna, energéticos, agua, educación, carreteras, transporte, energías alternativas, investigación, para entrar en el paraíso del cómodo consumo pasivo, sin cuestionar nada y aceptar las migajas del sistema a cambio de la sumisión: ¡La esclavitud es libertad!, es el lema del “big brother” en la novela de Orwell.

Para muchos, los pasos de los zapatistas todavía parecen “desconcertantes”, porque van por caminos nuevos, por modos de vida negados en la sociedad de consumo, por valores perdidos; lo importante es que mueven conciencias y corazones.




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