Otra más en el infierno

Otra familia se encuentra en el infierno que enfrenta la indolencia de las autoridades, ante la ausencia de una joven mujer. La consigna parece ser no dar celeridad ni atención a este tipo de casos. El feminicidio de Karla López Albert duele, porque es un crimen que pudo haberse evitado, pudo haberse hecho mucho, mucho más para encontrarla con vida.

Indigna, porque casos como éste se repiten sin cesar; ya es común ver en las redes sociales los llamados a postear fotos y datos de mujeres y niñas desaparecidas, y conocer la incapacidad e ineficiencia de la autoridad que dice mucho y hace nada.

Los feminicidios constituyen los últimos eslabones de la violencia contra las mujeres, tras y después de ellos hay una estela de corrupta y asqueante impunidad y la criminalización de la víctima con un “ella se lo buscó: por crédula, por tonta, por temeraria…” y las justificantes abundan y la justicia no es más que quimera. La justificación para el asesino es común, no sabía lo que hacía, no estaba en sus cabales y la búsqueda de atenuantes legaloides: ¿crimen pasional?


El caso de Karla es más que aterrador, tenía cinco meses de embarazo y el novio sencillamente no quería hacerse responsable. La hicieron perder a su bebé, la golpearon sin piedad y la asfixiaron, un crimen de odio, un feminicidio más, de esos que las autoridades se niegan a nombrar y reconocer en Tlaxcala. Sí, hoy duele Karla como también duele Nadia González Bretón, de 30 años de edad, que tenía tres meses de embarazo y que fue salvajemente asesinada al ser apuñalada en diversas ocasiones, fue levantada en Ocotlán y encontrada en la Candelaria Teotlalpan el 1 de agosto de 2012, todo esto en menos de una hora, ¿y las autoridades? ¿Y las órdenes de protección? ¿Y la alerta de género?

Por Karla y por Nadia, por todas las mujeres víctimas de feminicidio, de trata de personas, por todas las desaparecidas en Tlaxcala y en el país debemos de renunciar a la resignación estéril, es momento tomar acción y desnaturalizar a la violencia, es momento de mirar y actuar desde las víctimas, para que ninguna mujer y ninguna familia más pase por esté infierno.