Operación cicatriz tricolor

Las dirigencias estatal y nacional del PRI tendrán que tejer muy fino tanto para lograr con éxito la operación cicatriz como para que no les salga el tiro por la culata y la tan cacaraqueada gran coalición electoral que formaron con otros tres partidos políticos les dé los resultados esperados.

Hasta el momento parece ser que la estrategia empleada por quienes han sido designados para conducir estos trabajos no va por buen camino, y como ejemplo de ello es el hecho de que la dirigencia estatal se reservó la designación de las candidaturas en la mayoría de los ayuntamientos y distritos electorales.

Es claro que las dirigencias del PVEM, Panal y PS no quieren ser meros comparsas del tricolor en el proceso electoral vigente y tratarán –al menos eso– de que quienes tienen la decisión final tomen en cuenta sus propuestas para los diversos cargos de elección popular que están en disputa.


La operación cicatriz es otro asunto que requiere la sensibilidad de las dirigencias nacional y local priista para lograr que los frustrados aspirantes a la candidatura al gobierno del estado trabajen a favor de quien finalmente fue el elegido, y tener los oídos bien abiertos para escuchar sus pretensiones.

Con Ricardo García Portilla y Anabel Alvarado Varela pareciera que no hay mayor problema, pues son los únicos de los ex aspirantes que continuarán en la nómina del erario como diputados federales. Pero no son los casos de Noé Rodríguez Roldán, Anabell Ávalos Zempoalteca y Guadalupe Sánchez Santiago, quienes ya están fuera de la palestra política y del servicio público.

La propuesta que les ha hecho la dirigencia estatal del PRI de ungirlos como candidatos a las presidencias de sus respectivos municipios no ha sentado bien a dos de ellos, cuentan personas cercanas a estos políticos. Hay razón, pues a diferencia de Anabell Ávalos que tiene posibilidades de ganar la alcaldía de Tlaxcala, el panorama para Guadalupe Sánchez y Noé Rodríguez Roldán se ve complicado en Apizaco y Calpulalpan, respectivamente.

A ello se suma el hecho de que todo el esfuerzo partidista estará enfocado, en primer plano, a refrendar la gubernatura y, en segundo, ganar el mayor número de distritos electorales, por lo que no descartan la posibilidad de que, como en 2013, se sacrifiquen las principales alcaldías con tal de tener el control en el Congreso local.