Nuevo desarrollismo. La estrategia nacional para México.

Nuevo desarrollismo

Nuevo desarrollismo. La estrategia que tiene el país ante los pobres resultados que registran los gobiernos desde 2000. Suárez Dávila, un funcionario público y académico en el área financiera del gobierno mexicano durante las épocas del desarrollismo estabilizador, escribe inicialmente un capítulo para la colección “México 2018. La responsabilidad del porvenir” que transforma en el texto: “México 2018. En busca del tiempo perdido”.

Apunta que “El liberalismo, en sus dos momentos, fue un fracaso en cuanto a resultados. En la primera etapa de 1930 a 1932, crecimiento promedio menor a 9.2 por ciento y deflación. Su última fase de 2000 a 2017, crecimiento promedio de 2.0 por ciento e inflación 3.5 por ciento”. En cambio, “el desarrollismo con inflación moderada de 1940 a 1952, crecimiento promedio de 6.1 por ciento e inflación de 10 por ciento. El desarrollo estabilizador, crecimiento de 6.8 por ciento e inflación de 3 por ciento. ¡Las cifras son elocuentes!” (pág. 48).

El gobierno electo, desplaza al grupo que desde hace varios años domina el área de finanzas y hacienda pública liderado por los herederos de los liberales en la figura del Instituto Tecnológico Autónomo de México e incorpora, a los economistas del Colegio de México que quizá inclinen la balanza hacia el nuevo desarrollismo.


Nuevo desarrollismo. La estrategia nacional para México

Ante el fracaso del neoliberalismo Bresser-Pereira propone un nuevo desarrollismo como : “estrategia nacional de desarrollo, basada principalmente en la macroeconomía keynesiana y en la economía del desarrollo”. Su liderazgo recae en el gobierno y en los elementos más activos de la sociedad civil. Su instrumento primordial es el mismo Estado, sus normas, políticas y organización.

Da por supuesto que los países …requieren de empresas competitivas que puedan exportar, por 2 ventajas. Primero, la disponibilidad de mercado para las industrias no está limitada al mercado interno. Segundo, si un país adopta esta estrategia, las autoridades económicas, con el diseño de una política industrial en beneficio de sus empresas, tienen acceso a una norma de eficiencia que los guía. Sólo empresas con suficiente eficacia para exportar se beneficiarán con la política industrial.

Rechaza las nociones equivocadas de crecimiento, basado sobre todo en la demanda y el déficit público, muy popular en Latinoamérica durante los sesenta. El nuevo desarrollismo no lo defiende por ortodoxia, sino por entender que el Estado es el instrumento de acción colectiva par excellence de la nación. Si el Estado es tan estratégico, su aparato debe ser fuerte, sano, amplio y, por esta sola razón, sus finanzas deben estar equilibradas. Para más, su deuda debe ser pequeña y larga de cumplirse.

El Estado puede y debe promover el ahorro obligatorio e invertir en ciertas industrias estratégicas, pero el sector privado nacional ahora tiene los recursos y la habilidad gerencial para efectuar una parte considerable de las inversiones necesarias. El nuevo desarrollismo entiende que en todos los sectores donde exista una razonable competencia, el Estado no debe ser un inversionista, sino concentrarse en defender y garantizar la competencia. Aun después de excluido, quedan muchas inversiones para el Estado, financiadas con ahorros públicos, antes que con deuda.

Acciones que bien podrían tomar en consideración

David Ibarra Muñoz, al reseñar el libro de Moreno-Brid y Ros (Desarrollo y crecimiento en la economía mexicana, México, FCE, 2010). Apunta: “México, debilitado, debe iniciar un doloroso proceso de ajuste económico a lo largo de las tres siguientes décadas, al tiempo que reorienta las políticas públicas en concordancia con los nuevos paradigmas del orden económico universal. El país vulnerable a fenómenos externos y sin consolidar senda segura, sufre una sucesión de crisis (1982, 1987, 1995, 2001, 2008) que reducen su tasa de crecimiento promedio a no más de 2% anual entre comienzos de la década de los ochenta y el primer decenio del siglo actual.

Hoy en día, los escollos fundamentales al acceso del bienestar de la población, son el bajo nivel de la inversión pública, el desmantelamiento de la política industrial, la escasez de financiamiento a la producción, el sostenimiento de la sobrevaluación cambiaria. Y en lo social, los problemas del rezago educativo, de la cobertura de los sistemas de salud y de seguridad social, tanto como la explosión desorbitada de la informalidad y la concentración persistente del ingreso.

De lo expuesto, los autores derivan un esbozo razonable de acciones que bien podrían tomar en consideración autoridades y elites políticas: ampliar el espacio fiscal y del gasto público, alterar a fondo la política monetaria, cambiaria y de crédito, imprimir profundidad a las políticas de desarrollo sectorial con el respaldo de los bancos públicos, mejorar deliberadamente la inserción externa y poner el énfasis en las políticas de empleo. Como se ve, la tarea es enorme y, lo es, por el descuido de décadas a las cuestiones medulares del manejo económico de nuestra sociedad.

Un futuro con crecimiento e inclusión

En marzo 2018, la OCDE realiza el seminario México 2018. Un futuro con crecimiento e inclusión. Entre sus conclusiones destaca: “México sigue enfrentando retos muy importantes. A pesar de los avances, la mayor parte de la población mexicana sigue viviendo en condiciones de pobreza y vulnerabilidad. Los niveles de desigualdad siguen siendo sumamente altos, tanto en ingresos como en oportunidades, y entre regiones.

Por ello es fundamental continuar con la implementación de las reformas que funcionan, y lanzar una segunda ola de reformas para abordar la agenda pendiente: la construcción de instituciones, el estado de derecho, las capacidades en la administración pública, la informalidad, las grandes disparidades regionales, el combate a la corrupción. La Federación necesita un marco único de rendición de cuentas.

La continuidad de las reformas de largo plazo es crucial. Las sociedades más avanzadas, en sus procesos democráticos se aseguran de la continuidad de lo que si funciona…El gobierno que llegue determinará sus prioridades, seguramente ajustara las reformas y políticas a sus ideales y mandatos. Pero hay que asegurarnos que esto no implique perder la brújula. Hay que asegurarnos que el cambio de gobierno no implique cambiar todo sólo porque pertenece a una administración anterior. Eso tendría un alto costo para el desarrollo de México.

México necesita fortalecer al Estado y establecer un modelo de desarrollo integral que incorpore consideraciones de equidad y sustentabilidad ex-ante, un nuevo modelo que ponga a la persona en el centro de las estrategias, de los esfuerzos, de las políticas. En la OCDE ya lo tenemos claro y documentado, los beneficios del crecimiento no derraman automáticamente hacia abajo. Se requiere de un estado fuerte, moderno, eficiente, para emparejar el terreno y promover la equidad de oportunidades y resultados.

México 2018: En busca del tiempo perdido

Suárez Dávila, después de revisar las experiencias exitosas de desarrollo de Japón, Corea y Singapur reconoce que el nuevo desarrollismo es un modelo alternativo al neoliberal. Sugiere aprovechar lo que funcionó de este modelo en México entre 1935 y 1979 con el desarrollismo estabilizador. Propone 13 pistas para implementar esta estrategia económica:

1. Un estado desarrollador que impulse una motivación nacional hacia un crecimiento acelerado socialmente incluyente, 2. Elementos institucionales de respaldo. Un verdadero Plan Nacional de Desarrollo socialmente consensuado, 3. Acelerar el crecimiento económico hacia rangos de 5 a 6 por ciento, con generación de empleos de un millón, 4. Duplicar la inversión pública en infraestructura nacional y urbana, reviviendo la planeación regional y urbana.

5. El sector energético, con una nueva agenda verde. El de telecomunicaciones y el de turismo, deben ser motores de crecimiento, 6. Integrar política industrial, tecnológica y educativa para transitar a la cuarta revolución industrial y de servicio, 7. Sistema financiero orientado al desarrollo nacional, 8. Reforma fiscal: la madre de todas las reformas, 9. Reforma integral a la seguridad social para fortalecer las capacidades humanos.

10. Programa Nacional de atención a jóvenes, 11. Atacar la desigualdad y la pobreza, verdadero límite al crecimiento económico. El crecimiento debe ser redistributivo, 12. Transformación del sector rural para lograr seguridad alimentaria y también atacar la pobreza, y 13. Ajustar la política económico internacional a los nuevos tiempos: ir más allá de la política comercial.

El liberalismo económico llega a su fin con la gran depresión de 1929. El Estado de Bienestar social termina en 1982. Ya cuenta con acta de defunción el neoliberalismo. Es momento de darle oportunidad al nuevo desarrollismo. Hay que volver a leer a Cardoso y Faletto (1977) Dependencia y Desarrollo en América Latina.