Nuevas legislaturas y cambio político

Aun no se mide la magnitud del cambio político en México. La toma de protesta en las cámaras de Diputados y la de Senadores, así como la realizada en Tlaxcala en el Congreso local, son actos simbólicos que expresan que el Poder Legislativo sufrirá un cambio paradigmático en su decir y hacer. Por primera vez en dos décadas, el Ejecutivo federal tendrá un apoyo político y legislativo sin precedentes en la reciente historia política de México. Andrés Manuel contará con el apoyo incondicional de Morena, PT, PES, al que se han sumado PVEM y Movimiento Ciudadano, en su momento se integrarán varios perredistas, los independientes y posiblemente alguno que otro panista y priista. El cambio político ha iniciado y con él la cuarta transformación.

A pesar de los detractores que suponen que el regreso a las mayorías es el regreso del PRI convertido en Morena, la realidad es mucho más compleja y el cambio mucho más profundo de los análisis simplistas que reducen sus planteamientos a mirar con otro lente lo que está ocurriendo en México, parecería que los detractores estaban más cómodos con el saqueo, la corrupción e impunidad en la que operaba el PRI y sus fieles aliados. De hecho, las nuevas legislaturas de entrada rompen con el monopolio del PRIAN que había secuestrado al país en las últimas décadas, en tiempos de cambio, el amasiato que aprobó las reformas constitucionales para anclar el modelo económico neoliberal cuyos resultados propiciaron el aumento de la pobreza, la desigualdad social y económica y el uso faccioso de los recursos públicos para el goce personal, se rompió. El amasiato ahora tendrá una posición marginal, en Tlaxcala, por ejemplo, el PRI sólo tendrá una legisladora que podrá hacer muy poco por detener el cambio político; a nivel federal, tanto en la Cámara Baja como en la Alta, el tricolor tendrá una posición de espectador, mientras que el PAN luego de obtener la peor derrota en los tiempos recientes, tendrá que buscar nuevos aliados, pues la confrontación abierta, sin cuartel, durante la campaña presidencial les dejó un divorcio que apunta a consolidarse con el Revolucionario Institucional, por primera vez, el duopolio no podrá formar mayoría y tendrá que sujetarse a los cambios que promueva la fracción parlamentaria que tiene el control político de las cámaras, eso no es cosa menor, se les ha quitado el botín.

Aunado a lo anterior, los tiempos del cambio implican un cambio importante en la clase política, con la mirada en el pasado reciente los detractores de Andrés Manuel han criticado que los nuevos legisladores, en su mayoría, son novatos y que su escasa experiencia tendrá efectos negativos sobre todo por el proceso de formación y capacitación en el arte de legislar. Eso también es el cambio, empezar a desplazar a la clase política corrupta que tenía tomado por asalto al Poder Legislativo, ya tuvimos legisladores que brincaban de un lado a otro desde los congresos locales, a la Cámara Baja y luego a la Alta, y luego al gobierno y viceversa, muchas caras conocidas que más que velar por los intereses de la nación, velaban por sus intereses, los de su partido y los del gobierno; esos legisladores fueron cómplices del saqueo, su probada experiencia les permitió retorcer la ley, hacer uso de ella y sacar ventaja a cambio de prebendas, muchas prebendas que hoy les permiten jubilarse con su vida económica resuelta, si esa es la añoranza de los detractores, si ese es el reclamo de la falta de experiencia, pues que lamentable aspiración.


El cambio político tiene que pasar por un cambio de la clase política, las elecciones del 1 de julio mostraron el hartazgo del pueblo de México, los resultados electorales expresaron que el cambio también se debe dar en el Poder Legislativo, para muchos mexicanos es preferible tener inexpertos legisladores, que tener viejos lobos de mar que saben los vericuetos para hacer tranza.

De hecho, el cambio en las nuevas legislaturas implica también un cambio en la orientación del Presupuesto de Egresos, tal como está es imposible revertir las condiciones económicas de los mexicanos, con escasa inversión pública como hasta ahora es imposible generar una mejor distribución de la riqueza, se necesita darle una sacudida al presupuesto, cuyos efectos estén ligados a una política de austeridad, de eliminar privilegios y sobre todo reactivar la economía mixta, impulsar desde el Congreso una justa e impostergable política de desarrollo. El recurso público debe ser detonante para la inversión privada y no al revés, puro mercado nos llevó al despeñadero. Eso también es el cambio, las nuevas legislaturas inexpertas son una oportunidad para enterrar las viejas prácticas, esas que aclaman los que desean que sigan los legisladores expertos en robar. Sobra decir que los ahorros en el Poder Legislativo se podrán canalizar a proyectos de desarrollo, con un efecto multiplicador. De hecho, los diputados y senadores ya tienen agenda, confiamos que serán de hondo calado. El cambio está en curso.

Entre tanto, la cocina mexicana luce sus mejores olores y sabores, la sal y la pimienta adereza el paladar, entre el mes que terminó y el que inicia nos recuerda como agua para chocolate, que la cocina despierta los sentidos, nogada, mariachis y mezcal no caerían nada mal para aderezar un momento de felicidad. Ver para creer.