Norte y caribe

Diez años ya se cumplieron el pasado 16 de julio que dejamos de escuchar el famoso “aaazúúúca” de Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz Alfonso, mejor conocida como Celia Cruz, su jocosidad sigue vigente, las grabaciones por montones se siguen escuchando en la radio y las orquestas siempre tienen al menos un número de los temas que la hicieran famosa. Un espíritu que nace para hacer música sería una descripción de “La guarachera de Cuba”, desde su infancia muestra una voz peculiar y su madre le asigna la tarea de arrullar con su canto a los hermanos y primos menores, esa voz le hizo ganar su primer par de zapatos y esa voz también le hizo pasar el coraje de vida a su padre, quien hubiera querido que la joven talentosa fuera maestra en lugar de cantante, la vocación era clara y Celia abandona la carrera magisterial para irse al conservatorio y dedicarse a la música.

Uno hubiera pensado que la trayectoria de Celia Cruz ha sido siempre de éxitos masivos, al menos mi generación y la que sigue pensará que Celia Cruz es “La vida es un carnaval” o “Vasos vacíos”, los vericuetos por los que pasó desde muy joven dan cuenta de otra Celia, la que contribuyó a construir el imaginario musical de Cuba para el mundo y que será el modelo de trabajo de productores siguientes.

Celia pasó por las formaciones y espectáculos diversos como música de carpa, programas de radio para aficionados, pequeñas agrupaciones locales, su gigantesca voz le llevó en poco tiempo a formar parte de las orquestas más importantes de Cuba, quizá su paso por la Sonora Matancera será el parte aguas de su vida como solista y por qué no, también de la Matancera como agrupación sin lugar a dudas, su versatilidad para integrarse a músicas y agrupaciones caribeñas no quedó allí.


En un viaje a México poco después de la llegada del comunismo a Cuba, decidió no regresar y se estableció en Estados Unidos, hasta el norte fue a dar con su sabor y rumba, allá los otros talentosos migrantes New Ricans le esperaban para fortalecer el imperio de la música latina que serán pocos años después. Celia Cruz no necesitaba de Fania Records para seguir siendo la estrella que ya era, pero sabía muy bien aprovechar los espacios de oportunidad y allí su voz se impuso, luego Tito Puente confirma su llegada y juntos construyen parte de lo que hoy conocemos como salsa. Celia no es sólo la reina de la salsa, es también princesa de boleros, duquesa de guarachas, condesa de los sones… los títulos los podemos sumar.

No dejé de recordar las grabaciones que son muchas, pero una de las imperdibles es su participación en la innovadora ópera latina “Hommy”, compuesta por el judío con más jicamo del rumbo del Harlem, “Larry Harlow”, inspirada de la ópera rock Tommy. Allí Celia es todo ese talento caribeño que se mudó a New Jersey para descansar el resto de sus días.




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