#NoMeFelicites

Con la campaña #NoMeFelicites y con la convocatoria a participar en el paro internacional, así como a “dejar colgado el delantal” algunas Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) y activistas tlaxcaltecas conmemoran el Día Internacional de la Mujer.

Como cada 8 de marzo, se exponen los grandes rezagos en los que la población femenina mundial, mexicana y tlaxcalteca todavía se encuentra sumergida, porque el avance de su desarrollo en diferentes ámbitos transcurre lento y es obstaculizado por el machismo y la violencia, incluida la institucional.

Luchar por los derechos de las mujeres no es cuestión de ideologías. Es una exigencia que se garanticen, ¿por qué?, por el hecho de ser personas. Hacerlos efectivos no es un favor ni una dádiva. Desde hace varios siglos inició la batalla y aún parece interminable.


Con la tolerancia de autoridades, en Tlaxcala se llega a esta fecha con el incremento de la violencia hacia la mujer y con su peor expresión: los feminicidios. El Colectivo Mujer y Utopía (CMU) ha registrado, apoyada en publicaciones de medios de comunicación, más de 100 del año 2008 a la fecha. En lo que va de 2018 se han perpetrado alrededor de cuatro, todos cometidos con bestialidad.

Otras nuevas formas de agresión son efectuadas a través del uso de la tecnología. Las redes sociales en internet se han convertido en el espacio donde niñas, adolescentes y mujeres jóvenes, principalmente, son presa fácil de violencia cibernética.

La violencia tradicionalmente ejercida contra este sector: física, emocional, psicológica, económica, laboral y sexual, se agudiza por condiciones de color de piel, origen étnico y nivel educativo. Las campesinas aún tienen mucho que lidiar ante oídos sordos. En lo político la pugna no claudica, porque el camino que la población femenina sigue hacia los espacios de poder se prolonga en el cargo, si es que se le permite ejercerlo.

La campaña #NoMeFelicites, emprendida por el Frente Nacional para la Sororidad, tiene sentido. La fecha no es para celebrar, mucho menos en Tlaxcala. La desaparición de niñas, adolescentes y mujeres continúa y algunos casos son vinculados a la trata de personas con fines de explotación sexual. El estado no es un paraíso.