No sólo cantidad

El 17 de octubre de 1953 fue reconocida la ciudadanía de las mujeres y con ello su derecho al voto; 75 años más tarde y tras la reforma constitucional de 2014 que obliga a los partidos políticos a la paridad en las candidaturas, en un hecho histórico la configuración de un buen número de congresos locales, así como las Cámaras de Diputados y Senadores, alcanzarán prácticamente la paridad.

De esta manera, en San Lázaro la participación femenina alcanzará el 49.2 por ciento y en el Senado será de 50.78 por ciento. No debemos confundirnos, esta representación sin precedentes no obedece a un compromiso real y efectivo de los partidos políticos para impulsar, formar y afianzar liderazgos femeninos; tan es así que un buen número de estas mujeres no necesariamente sustentó su candidatura en méritos, trayectorias y valores democráticos, sino en cercanías, parentescos y complicidades personales. Otras tantas sencillamente fueron arrastradas por el efecto Peje, hay que ver la vergonzosa celebración de Alejandra del Carmen León Gastélum, virtual ganadora para ocupar un escaño en el Senado de la República por Baja California postulada por Morena, quien aparece en estado de ebriedad festejando su triunfo y diciendo a sus adversarios que “se quedaron como cucarachas”.

Sí, es un avance muy importante que las mujeres estén presentes y suficientemente representadas en los órganos de poder; es digno de reconocer que en el virtual gabinete del presidente electo exista un extraordinario número de mujeres, pero aún falta un largo trecho para lograr que esa representación implique que el impulso de una agenda de género como una cuestión de justicia, igualdad, libertad y democracia que se materialice en la transversalidad de la perspectiva de género como eje rector de las políticas públicas y los programas gubernamentales y, por ende, como detonante del desarrollo nacional.


En Tlaxcala, la representación femenina será mayoría, no basta la cantidad, hay que hacer que se traduzca en calidad legislativa, capacidad de diálogo, pero sobre todo en darle dignidad a la política.