No Future

Los debates en México han sido uno de los mejores recursos mediáticos para nuestra híbrida democracia, incluso, es notorio que llegan a tener más resonancia económica que política. El último “debate” sostenido entre los candidatos a la Presidencia, que más que “debate” y más que parecer candidatos, figuraron como periodistas, intelectuales, comunicadores, politólogos o, incluso, estadistas, como esos que abundan en la televisión mexicana, esos que se venden como unas y unos sabelotodo y que están en las mesas de opinión de la televisión.

Los medios de comunicación se aceleraron para presentar a un ganador del “debate”, sería pertinente preguntarles qué observaron y que también nos precisen qué elementos tomaron en cuenta para decantarse por un candidato y presentarlo como ganador. Seamos honestos, ¿qué fue lo que debatieron? La mayoría de los cuestionamientos no fueron respondidos o al menos no correctamente, evadieron dar respuestas certeras a los intereses legítimos de la ciudadanía, mutilaron sus respuestas para denostar o cuestionar la altura moral o ética del candidato que tienen al lado, o del que está sentado al otro extremo de la mesa.

Hubo un vacío informativo y cortas explicaciones de los candidatos en temas cruciales como las formas de gobierno, el proyecto económico de México durante los próximos años, temas como el medio ambiente, salud, educación, ciencia y tecnología, etnicidad e igualdad, género. Estas últimas, agendas que brillan por su ausencia, en la agenda de todos los candidatos.


La ignominia comienza cuando a un candidato, al ser cuestionado sobre la equidad de género, prefirió hablar de fútbol y aprovechar ese tiempo para felicitar a la selección mexicana y refrendar su apoyo. Esta acción es signo de las preocupaciones reales de este candidato priista y su coalición.

Esta infamia fue acompañada por el nulo conocimiento que el candidato del PAN y anexos tiene sobre ciencia y tecnología, al prometer entregar celulares y tabletas a todos los mexicanos para que se inserten, de lleno, en el siglo XXI. Lachirigota se cuenta sola.

Esta chocarrería fue secundada por el gobernador de Nuevo León con licencia, que, además de sacar su celular y ser reprendido, sostuvo sólo estar observando la hora. Fue evidente que le urgía saber cuánto tiempo le faltaba para largarse de ahí. El tiempo restante lo utilizó para confirmar que sí, cortaría manos de manera legal y legítima a través de una “comisión mocha manos”, ello sin importarle el tema de la salud y la higiene de las corruptas y los corruptos amputados. No es un tema de salud, sentencia, es un tema de justicia ejemplar.

El candidato que anhela hacer historia con el pueblo, ellos, juntitos, los impolutos, terminó reproduciendo el mismo monólogo de hace ya algunos años: la corrupción y la mafia del poder son la única causa de todos los males. Habló de cortar el copete al gasto público, reducir los salarios de los altos funcionarios, mayor austeridad, aumento salarial a los que menos ganan, medicinas gratuitas, hospitales, escuelas, cancelar la reforma educativa, refinerías, regresar al campo, fortalecerlo, fortificar el mercado interno, reducir los impuestos, seguir con el Tratado de Libre Comercio, cuidar no aumentar la deuda, detener los gasolinazos, ampliar el programa a los adultos mayores –que, valga decir, subrayó salió de su cabeza y corazón–, nobles intenciones, más no ha querido, no ha podido por cuestiones de tiempo, explicitar de dónde obtendrá los recursos para toda esta miscelánea de acciones de gobierno. Sólo él y sus ingenieros y asesores ex priistas, ex perredistas y ex panistas, así como los nuevos discípulos morenistas y pesistas, saben por dónde va la fórmula.

Definitivamente, el “debate” o lo que haya sido, fue una sobreexposición de la desdicha política, la inanición de lo político, de lo común, de lo apremiante para el colectivo, de la agenda nacional. Este “debate” fue la exhibición más vulgar y descarada de la ignorancia, misoginia, cinismo y soberbia.

Como ciudadanos, por más fanáticos que seamos a un partido o a un candidato, no debemos tolerar esta baja calidad política y alta simulación democrática.

Lejos estamos también de guardar optimismo ante las disposiciones que a bote pronto aprueba el Instituto Nacional Electoral (INE), en las cuales, el elector puede escribir únicamente el nombre, incluso el apodo de un candidato en todo lo largo y ancho de la boleta –se agradece no haya aprobado ejercer el voto a través de un dibujo que represente al candidato elegido, porque entre un caballo y un burro tendrían problemas en las casillas para asignar el voto. Es una decisión que, definitivamente, favorece la incertidumbre, genera desorden y caos al momento de hacer el recuento de los votos. Tantos millones de pesos gastó el INE en su imagen, en imprimir las boletas, en aleccionar a los ciudadanos para que ejerzan su voto con apego a las reglas, así como días y meses asesorando a presidentes, funcionarios de casilla y al votante a través de los medios, para que, al final, con un inexplicable desprecio, nos califique, discretamente como analfabetas electorales y nos terminen diciendo: háganlo, voten como les de su regalada gana.

El optimismo perece cuando presenciamos las campañas electorales a nivel local, las cuales, son, literalmente, un acto terrorista para la democracia. Las prácticas de las campañas electorales nos regresan al México real, al país que nunca hemos dejado de ser: 112 políticos asesinados, según la consultora privada Etellekt que refiere Excélsior. 127 políticos que han recibido amenazas y actos de intimidación, 401 agresiones globales contra políticos y candidatos en 31 estados y 263 municipios, concentrándose en estados como Puebla, Guerrero, Veracruz y Oaxaca. Esta última entidad en la que hasta los y las fotorreporteras como María del Sol Cruz Jarquín han sido víctimas de esta demencial violencia permanente. Soeces acciones que han sido ejecutadas durante los actos de campaña y que han incentivado, con sobrada razón, a que las y los comunicadores locales bajen los brazos y exijan que, sin seguridad, no se deba cubrir a nadie.

Localmente presenciamos un bombardeo de campañas huecas realizadas por las y los candidatos a diputados federales y senadores. Campañas sin ton ni son, sin un programa estratégico y mínimo de comunicación. Gastan suela de manera solitaria, puerta a puerta al puro estilo religioso, aunque los expertos digan que eso es hacer campaña al aíre libre. Fotos y más fotos en Facebook, Instagram, “fanpage” o Twitter, fotografías que son las únicas evidencias tangibles de las campañas soterradas, aisladas y solitarias de las y los candidatos. A nadie parece importarle, todos tienen la certeza que su candidato y su partido ganará la grande. Comunicadores y escribanos tiran tinta para levantar el perfil a través de entrevistas cómodas y ruedas de prensa en el café de la esquina. Tal parece que para ellas y ellos, el voto ya tiene una sola dirección. Poco esfuerzo se requiere, todo depende de que la comunicación estratégica del presidenciable que las y los representa haga bien su trabajo.

Tlaxcala es un referente importante para observar y entender la lógica de nuestra democracia. Tlaxcala ha sido y es un laboratorio cuasi invisible del ejercicio político tutelado, basta con observar las prácticas soterradas propias del clientelismo más exacerbado que ejercen algunas y algunos políticos, en las cuales obligan a sus empleados, agremiados o subalternos a celebrar desayunos en su hogares, como si se tratara de un mole festivo, para que, después de desayunar –además de enviar sus fotografías como evidencia– exhorten a sus invitados a votar por tal candidata y candidato, así como por tal o cual partido político.

La realidad mexicana semeja tanto aquella parodia que Jhonny Rotten diera forma al componer la canción de “Dios Salve a la Reina” del grupo de punk Sex Pistols. El grupo subrayó que no compuso “Dios Salve a la Reina” porque odiara a los ingleses, que la compusieron porque los querían demasiado y estaban hartos de que los maltrataran.

Todo parece indicar, bajo esta lógica, que No Hay Futuro en el sueño de México. No Future. La democracia, tal y como la conocemos, tal como nos la enseñaron, está sucumbiendo.