Niños Mártires. Estrategia de conquista al educar los hijos de principales.

Niños mártires. Estrategia de conquista. No solo fueron las armas y la España, sino la educación

Niños mártires. Estrategia de conquista. No solo fueron las armas y la espada, sino la cruz y la educación. Esta consistía en reclutar a los niños pequeños hijos de los jefes principales para educarlos, a partir de enseñarles el idioma y transmitirles con ello la visión del mundo español.

Los niños se convierten así en el vehículo más importante para modificar a la sociedad nativa, ya que estos niños adoptan los principios de la nueva cultura como si fuera propia –nuestra escribe Muñoz Camargo-, lo que en principio les provoca conflicto, pero a final de cuentas terminan por hacerla suya, y, por tanto, asumirla como parte de su identidad. Lo que invariablemente choca con la cultura de sus padres.

Los hijos de los señores y personas principales se recogiesen en los monasterios

Esto sucede con los niños tlaxcalteca, algunos de los que van a convertirse en los llamados hoy mártires de Tlaxcala. Apunta López de Gómara: “Metían en la doctrina cristiana los hijos de señores y principales hombres, para ejemplo a los demás. No contradecían sus padres, por amor de Cortés, aunque algunos los escondían hasta ver en qué paraba la nueva religión, o enviaban otros por ellos”.


Confirma Fray Toribio de Benavente: “Al principio, cuando los frailes menores vinieron a buscar la salud de las ánimas de estos Indios, parecioles que convenía que los hijos de los señores y personas principales se recogiesen en los monasterios; y para esto dio mucho favor y ayuda el marqués del Valle que a la sazón gobernaba, y para todo lo demás tocante, a la doctrina cristiana; y como los Indios naturales le amaban y temían mucho, obedecían de buena gana su mandamiento en todo, hasta dar sus hijos, que al principio se les hizo tan cuesta arriba, que algunos señores escondían sus hijos, y en su lugar ataviaban y componían algún hijo de su criado o vasallo, o esclavillo, y enviábanle acompañado con otros que le sirviesen por mejor disimular, y por no dar al hijo propio.

Otros daban algunos de sus hijos, y guardaban los mayores y los más regalados. Esto fue al principio hasta que vieron que eran bien tratados y doctrinados los que se criaban en la casa de Dios, que como conocieron el provecho, ellos mismos los venían después a traer y a rogar con ellos, …”

Cristóbal, el primer niño mártir.

López de Gómara escribe que: “Acxotencatl, señor principal en Tlaxcallan, tenía cuatro hijos y aun sesenta mujeres. Dio los tres a la doctrina, y retúvose al mayor, que sería de doce años o trece, más al cabo lo dio, porque se supo; no le tuviesen por falso. Aprendió muy bien el muchacho la doctrina y el romance; bautizose, y llamáronle Cristóbal; derramaba el vino que tenía su padre, reprendiendo la borrachez; acusábale la multitud de mujeres, quebraba los ídolos de casa y pueblos que podía coger.

Acxotencatl tenía enojo de ello, pero pasábalo por quererlo bien y ser su mayorazgo. Entró el diablo en él, y a persuasión de Xochipapaloacín, una de sus mujeres, lo apaleó, acuchilló y echó en el fuego, que se quemase; de lo cual murió al otro día siguiente. Enterrole secretamente en una su casa de Atlihuezán, pueblo suyo, dos leguas de Tlaxcallan. Hizo matar, porque no lo dijese, a Tlapalxilocín, madre del Cristóbal, y su mujer, en Quimichuca, que está cerca de la venta de Tecouac.”

Y tomó a aquel su hijo Cristóbal que tenía determinado de matar.

Fray Toribio de Benavente “Motolinía” hace la descripción suscita del hecho, casi 10 años después de que le fue contado el suceso. “…envió a llamar a todos sus hijos, diciendo que quería hacer una fiesta y holgarse con ellos; los cuales llegados a casa del padre, llevolos a unos aposentos dentro de casa, y tomó a aquel su hijo Cristóbal que tenía determinado de matar, y mandó a los otros hermanos que se saliesen fuera; pero el mayor de los tres, que se dice Luis (del cual yo fui informado, porque este vio cómo pasó todo el caso).

Este como vio que le echaban de allí y que su hermano mayor lloraba mucho, subiose a una azotea, y desde allí por una ventana vio cómo el cruel padre tomó por los cabellos a aquel hijo Cristóbal y le echó en el suelo dándole muy crueles coces, de las cuales fue maravilla no morir (porque el padre era un valentazo hombre, y es así porque yo que esto escribo lo conocí).

Y como así no lo pudiese matar, tomó un palo grueso de encina y diole con él muchos golpes por todo el cuerpo hasta quebrantarle y molerle los brazos, y piernas, y las manos con que se defendía la cabeza, tanto, que casi de todo el cuerpo corría sangre: a todo esto el niño llamaba continuamente a Dios diciendo en su lengua: «Señor Dios mío, haced merced de mí, y si tú quieres que yo muera, muera yo; y si tú quieres que viva, líbrame de este cruel de mi padre»…

¡O padre! no pienses que estoy enojado, porque yo estoy muy alegre…

Viendo, pues, el cruel padre que el niño estaba con buen sentido, aunque muy mal llagado y atormentado, mandole echar en un gran fuego de muy encendidas brasas de leña de cortezas de encina secas, que es la lumbre que los señores tienen en esta tierra, que es leña que dura mucho y hace, muy recia brasa; en aquel fuego le echó y le revolvió de espaldas y de pechos cruelmente, y el muchacho siempre llamando a Dios y a Santa María: y quitado de allí casi por muerto, algunos dicen que entonces el padre entró por una espada, otros que por un puñal, y que a puñaladas le acabó de matar; pero lo que yo con más verdad he averiguado es que el padre anduvo a buscar una espada que tenía y que no la halló.

Quitado el niño del fuego, envolviéronle en unas mantas, y él con mucha paciencia encomendándose a Dios estuvo padeciendo toda una noche aquel dolor que el fuego, y las heridas le causaban con mucho sufrimiento, llamando siempre a Dios y a Santa María. Por la mañana dijo el muchacho que le llamasen a su padre, el cual vino, y venido, el niño le dijo: «¡O padre! no pienses que estoy enojado, porque yo estoy muy alegre, y sábete que me has hecho más honra que no vale tu señorío». Y dicho esto demandó de beber y diéronle un vaso de cacao, que es en esta tierra casi como en España el vino, no que embeoda, sino sustancial, y en bebiéndolo luego murió.”

Cristóbal vino al dicho su padre con mayor fervor y osadía a amonestarle, diciéndole que dejase su idolatría

La versión de Muñoz Camargo, es diferente: “Viendo que su padre todavía servía al demonio y a dioses de piedra y de palo, lo cual rogaba a la madre con grande instancia y de que fuese parte que su padre se tornara a Dios y dejase al demonio; la madre, viendo la razón que el hijo tenía, rogó a D. Cristóbal su marido que volviese a la ley de Dios, y que viese cuán buena y cuán limpia era y descansada, y que dejase de adorar a los ídolos *como su hijo le decía*; y que así se lo habían enseñado los Padres de Santa María, que eran los frailes, que en aquella sazón así los llamaban.

Y como este negocio fuese tan odioso a D. Cristóbal Axotecatl, mandó matar a su mujer. Muerta la madre, su hijo Cristóbal vino al dicho su padre con mayor fervor y osadía a amonestarle, diciéndole que dejase su idolatría y de servir a los ídolos, porque si no lo hacía y se enmendaba por bien, que él propio le quitaría los ídolos y descubriría; pero que como hijo le rogaba se quitase de ello, porque vivía corrido y afrentado entre los frailes siervos de Dios que le habían doctrinado; y que mirase era Señor y principal en la República de Tlaxcala, y no diese mala cuenta de su persona, ni lugar a que le perdiese la obediencia y respeto que le tenía de padre, porque en este caso no le podía guardar ningún decoro y que le quemaría los ídolos.

¿Cómo, hijo mío, engendrete yo para que me persiguieses y fueses contra mi voluntad?

De las cuales palabras el D. Cristóbal Axotecatl recibió grande enojo y terrible coraje contra Cristobalito su hijo, y un día, estando muy quieto y seguro Cristobalito en servicio de los religiosos, su padre le envió a llamar, y estando en su presencia le dijo estas palabras: ¿Cómo, hijo mío, engendrete yo para que me persiguieses y fueses contra mi voluntad? ¿Qué te va a ti que yo viva en la ley que quisiere y bien me estuviere? ¿Es este el pago que me das de la crianza que te he hecho?

Diciendo estas palabras arremetió a él y le dio de porrazos con una porra que traía de palo, con que le hizo pedazos la cabeza, y le mató. Después de muerto le mandó echar en una foguera que tenía hecha en su propia casa y aposento, y como no se pudiese quemar el cuerpo de Cristobalito, le mandó sacar de la foguera y le hizo enterrar en una foguera suya, que era aposento bajo de terrapleno. Hecho esto y enterrado al dicho su hijo lo más secretamente que pudo, al cabo de muy pocos días los religiosos echaron menos a su Cristóbal, que no solía faltar tanto tiempo.

Procuraron luego saber de él y buscarle con gran diligencia, que luego sospecharon lo que podría ser; y como no apareciese, al cabo de muchos días, por indicios y sospechas, se vino a sacar de rastro cómo su padre D. Cristóbal lo había muerto a él y a su madre; y luego por confesión suya se supo cómo los había muerto, cómo y de qué manera y la razón que para ello tuvo, y de cómo los tenía enterrados a las dos en su recámara.

Niños mártires. Estrategia de conquista. Un caso hipotético.

Imagínese que el día de hoy llega a su casa y encuentra que uno de sus hijos toma las imágenes religiosas que guarda en su casa. Su hijo baja con la imagen de la Virgen de Guadalupe y un San José de bulto. Con un cuchillo tasajea la imagen y su réplica de bulto es tirada al suelo haciéndose añicos. Su hijo pisotea los restos y le dice que eso que usted venera no son más que representaciones de “el infierno”, “el demonio”, “son herejías” y que él trae el verdadero dios.

Usted se queda estupefacto y se llena de paciencia para escuchar que le dice: La verdadera fe, “se deriva de ciertas verdades básicas; y entre estas verdades, la fundamental es: el hombre es un ser espiritual dotado de habilidades que van mucho más allá de lo que normalmente se imagina. No sólo es capaz de resolver sus propios problemas, lograr sus metas y conseguir felicidad duradera, sino también de alcanzar nuevos estados de conciencia que quizá nunca soñó posibles.” ¿Qué haría usted?