Nigromante

José Vilchis Guerrero

En días aciagos para el gremio, vale recordar. Desde Unomásuno, que dirigía Manuel Becerra Acosta, surgió La Jornada el 19 de septiembre de 1984. De ahí salió la mayoría de sus directivos, reporteros y editores.

Junto con Carlos Ferreyra y Carmen Lira fuimos compañeros en El Sol de México, y Pedro Valtierra encabezó a los fotógrafos del diario que dirigiría Carlos Payán y la jefa de redacción sería la actual directora, quien me reclamó, amistosamente, por qué no había participado en el concurso para ingresar al diario, junto con los que fueron fundadores jornaleros.


Quedó para la anécdota la posibilidad de haber sido jornalero desde el inicio, porque este tecleador ya fungía como reportero de unomásuno, que tuvo una crisis similar en 1989, cuando un grupo –Víctor Manuel Juárez, Gonzalo Álvarez y Miguel Vadillo entre otros– salimos expulsados por incondicionales del gobierno que se apoderaron del cabezal y las instalaciones mientras el director Becerra Acosta fue deportado a España por Carlos Salinas de Gortari, quien orquestó el golpe, porque no fue apoyado en su campaña electoral de la presidencia que le robó a Cuauhtémoc Cárdenas, según reveló el poblano Manuel Barttlet Díaz. Al frente de la dirección quedó Luis Gutiérrez, que pasó a ser el usurpador.

Carlos Ferreyra recordó en su columna De memoria, aquellos acontecimientos: “Tras la aparición de Unomásuno y la creación de formas novedosas de presentar la información, de reportear e incluso de elaborar un medio de fácil manejo, varios años trabajamos con la convicción plena de que conformábamos una empresa cooperativa de la que los trabajadores éramos dueños y en la que no había candados ni límites como existían en Excélsior de Julio Scherer.

“Todo bien, hasta que nos enteramos que paralelamente se había creado, por Manuel Becerra Acosta, claro, una empresa paralela, sociedad anónima que se apropió del cabezal y de las instalaciones. Para los trabajadores quedaba el romanticismo de laborar “cooperativamente”, pero sin nada tangible. Las asambleas de la cooperativa eran dirigidas por Manuel, impositivo, en muchas ocasiones majadero con los reporteros, acompañado de Héctor Aguilar Camín, quien era su seguidor más fiel, su can cerbero”.

Se deshizo la cooperativa, los que estuvieron de acuerdo, recibieron acciones de la empresa, pero al final –me contó Manuel Arvizu, uno de los fundadores–,- “muchos, como yo, entregamos todas las acciones a Becerra Acosta”, antes de que se fuera a residir a España.

La historia es larga, pero en síntesis, el conflicto interno en Unomásuno concluyó en una división que generó la formación de un grupo encabezado por Carlos Payán, Miguel Ángel Granados Chapa y Carmen Lira, quienes fundaron y dirigieron La Jornada e igual, los trabajadores formaron el sindicato, el Sitrajor, que durante la huelga no obstaculizó la factura y circulación del diario.

Los jornaleros llegaron a ser los mejor pagados en el gremio, con prestaciones extraordinarias  las que a últimas fechas fueron disminuyendo ante la crisis generalizada en los medios, y también en La Jornada, que tuvo que recortarlas ante las presiones del caso. En sucesivas revisiones del Contrato Colectivo de Trabajo, el Sitrajor cedió terreno para salvar la fuente de empleo o se perdería.

Con el apoyo de la mayoría, Judith Calderón, la actual dirigente, ha sabido conducir con éxito las negociaciones del Sitrajor con la empresa.

Salvador Guerrero Chiprés, ex dirigente sindical del Sitrajor en los años noventa, reconoce en su columna Centro y periferia, en el portal Eje Central: “encabezamos una huelga que incluyó la total suspensión de actividades en el lejano 1996 pero se recuperó la empresa junto con los trabajadores”.