Música y política

Hay dos reflexiones iniciales que han dado vuelta al menos en mi cabeza. La primera consiste en analizar cuáles son los referentes actuales musicales que están acompañando al siglo XXI, sobre todo porque a diferencia de la época de la posguerra, a mitad del siglo XIX, se desató, por decir lo menos, todo un fenómeno musical derivado de la formación del bloque socialista y el bloque capitalista que fueron reconocidos durante la Guerra Fría, la disputa ideológica no sólo se dio en el campo de batalla como lo sucedido con Vietnam, también estuvo presente en el campo de la música, la cultura y la política.

En el contexto de la guerra parte de los géneros musicales y los movimientos sociales fueron una respuesta ante el escenario de la represión política enmarcados en el conflicto, mismo que concluyó con la caída del muro de Berlín y la descomposición de los países socialistas encabezado por la extinta URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) allá por los años 1989 y 1990. La música, puede decirse, expresó el sentir de millones de personas de todo el mundo e inclusive fue un factor de inclusión y exclusión entre los grupos y clases sociales. La música acompañó a los movimiento juveniles que clamaban amor y paz a través del fenómeno hippie o bien acompañaron el proceso de emancipación de los pueblos latinoamericanos encabezados sobre todo a partir de la Revolución Cubana, el emblemático Che Guevara y la música de protesta, que en su momento fueron punta de lanza, por ejemplo Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Mercedes Sosa, es decir, el planteamiento es quizás más puntual, ¿actualmente hay uno o varios géneros musicales que están acompañando el proceso de globalización y su proceso democratizador en todo el globo terráqueo? ¿Quizás el modelo global, al igual que la actual discusión sobre la pertinencia de mantener o no el discurso de la derecha, centro e izquierda, también trastocó al género musical generando fenómenos musicales globales externos a los cambios políticos y sociales de los países?

La segunda consiste en que el vertiginoso proceso de revolución científica tecnológica y en particular en crecimiento exponencial de la red de internet, ha permitido que a través del simple tecleo de letras y palabras puedas tener acceso a prácticamente todos los géneros y épocas musicales, y esto ha llamado poderosamente la atención. De hecho, la búsqueda de música en la red nos puede llevar directamente a recordar a The Beatles, The Rolling Stones, The Doors, Jimi Hendrix, Bob Dylan, The Who, Janis Joplin y, de paso, pero no menos importante, el movimiento hippie, hasta recordar incluso a Rockdrigo González y la versión en video del Metro Balderas que posteriormente fue y es un icono de El Tri de Alex Lora o bien el disco Rock and Ríos, producto del concierto en Madrid en el año 1982, evento emblemático del fin de la dictadura española; sin embargo, el acceso a la música no necesariamente está asociado a su contexto histórico y ese sentido es una invitación a reflexionar, conocer y comprender que todos los géneros musicales y sus respectivos éxitos masivos, ahora globales, tienen una raíz cultural y que de cierta forma deberíamos comprenderlos para saber el alcance de sus propuestas.


De hecho, The Beatles, The Rolling Stones, The Who, Jimi Hendrix, Bod Dylan y Janis Joplin son hitos de la década de los setenta, todos ellos marcaron en su música los principales cambios sociales de entonces, todos enmarcados en los efectos de la posguerra y de la Guerra Fría, de una manera u otra lograron impactar en diversos espacios sociales, culturales, de arte, literatura y hasta en aspectos económicos, de relaciones internacionales y políticos.

Basta recordar la canción Feliz Navidad (la guerra ha terminado) grabada por John Lennon, en relación a la guerra de Vietnam o los efectos de estos grupos en movimientos juveniles de la década de los sesenta en muchas partes del mundo; el ejemplo popularmente conocido fue la onda hippie, que expresó los cambios de una sociedad conservadora a una sociedad liberal, acompañada de sendas rupturas en todos los sentidos: la revolución sexual, el amor libre, las tendencias pacifistas y los posteriores movimientos feministas, a ello se añadieron los discursos de libertad y de justicia y sirvieron de punta de lanza de los movimientos ecologistas.

La música representó una visión del mundo y sin duda acompañó los procesos históricos de las transiciones políticas de muchos humanos, quizás uno de los ejemplos más analizados fue la efervescencia juvenil de la década de los sesenta, pues el movimiento del 68 en México no fue un evento aislado, sino que respondió a un fenómeno mundial de liberalización política. De hecho, muchos jóvenes quedaron marcados por la música de su época y esto formó parte de su proyecto de vida; sin embargo, para lo que va del siglo XXI, estos referentes se han diluido, la crisis también se incrustó en la música, se han perdido los derroteros que formaron generaciones, hoy la música y los músicos son de plástico, desechables, la velocidad con la que se mueve el mundo en general y en de a red, tienen tiempo de caducidad, la fama es efímera, aunque las ganancias sean extraordinarias.

La música fue pieza clave para el mundo de la política y por desgracia ahora no queda más que aguantar música y músicos que bajo la firma de un contrato de exclusividad ceden sus derechos para que sus tonos, sus fotos y su imagen se usen en el marco de las campañas políticas. El mundo del dinero está ganando la partida a las visiones del mundo, seguimos sin brújula, como diría El Tri, de Lora, “soy un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero”, ver para creer.




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