Opacidad e ineptitud: conflictos municipales

Apenas cumplido el primero de los cuatro años ocho meses que ostentarán el cargo, al menos dos presidentes municipales rindieron su informe de labores en medio del conflicto que puso en evidencia diferencias internas y el malestar de sus gobernados, lo que probablemente se agudizará al paso de los días con una carga político–electoral.

Herederos de la tradición al culto a la personalidad, se empeñan en tirar la casa por la ventana en un acto protocolario que reúne a personalidades de la administración pública y del ámbito político, y tal vez a algunos ciudadanos afines que elogian con aplausos el trabajo reportado. Un auditorio a modo que no cuestiona nada ni pone en tela de juicio ninguna acción u omisión.

Quizá por esta razón, en días pasados, Miguel Caballero, alcalde de Ixtenco, instruyó a policías municipales impedir el acceso de sus opositores al informe, entre ellos a regidores integrantes del ayuntamiento, también electos mediante el voto, además de expulsar a una persona que tomaba un video. El evento terminó en violencia. En Zitlaltépec una manifestación empañó la sesión solemne en la que el edil Alejandro Juárez Cajica realizó un recuento de actividades correspondientes a 2017. Lo hizo en medio de un contexto de reclamos de la ciudadanía, por la supuesta falta de transparencia en el manejo de los recursos públicos y por problemas de seguridad.


En el transcurso de los primeros días de 2018 surgieron problemas que han requerido la intervención de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Anabel Alvarado Varela, secretaria de Gobierno, enumeró cuatro casos: Ixtenco, Zitlaltépec, Calpulalpan y Acuamanala.

La autoridad municipal es la más cercana al pueblo. Según la Ley Municipal del Estado de Tlaxcala, el municipio será gobernado por un ayuntamiento, integrado por un presidente, un síndico, regidores y presidentes de comunidad.

El concepto de rendición de cuentas y transparencia todavía no queda claro a algunos gobernantes empeñados en asumir la conducta de virreyes intocables y en usar a elementos policíacos para intimidar a quien se atreva a cuestionarlos y para inhibir cualquier intento de reclamo, en lugar de encarar a sus opositores y mostrar voluntad para dirimir problemas con civilidad, madurez y habilidad política.