Mentiras neoliberales

La idea de la autosuficiencia alimentaria es un mito, acaba de afirmar el residente de Los Pinos, para justificar su política entreguista al capital, que en el caso del campo se traduce en estrategias cada vez más radicales para desalentar y combatir la pequeña agricultura y la agricultura tradicional, mientras se subsidia con dinero público a los grandes productores alineados a los cultivos agroindustriales, que incluyen el uso intensivo de agrotóxicos y semillas transgénicas, propiedad de las grandes transnacionales. El último eslabón lo cierran las agroindustrias procesadoras y encarecedoras de los alimentos, vendidos en los supermercados de las ciudades, así como los medicamentos que la industria farmacéutica vende para aliviar (no curar) las enfermedades provocadas por una alimentación deficiente.

La esencia del modelo neoliberal es simple: todo hay que comprarlo, desde el alimento, hasta el alivio del dolor, pasando por todos los bienes que no son básicos, pero que dan “estatus” en la sociedad de hiperconsumo; y todo ello para alimentar la máquina insaciable de la ganancia y el lucro de unos cuantos. El discurso del presidente no sorprende, pues las pocas ideas que repite desde su fraudulenta llegada al gobierno, son pobres variantes del mismo discurso neoliberal engañabobos que ya nadie se cree, salvo los empleados del capital; sin embargo, vale la pena comentar que con esta declaración, queda claro para los campesinos que no hay, ni habrá, apoyo para el campo, es decir, para la producción de alimentos, porque la meta es precisamente privarnos de toda capacidad productiva propia, para engancharnos a la fuerza a la dependencia alimentaria de los países ricos, especialmente USA, quien, por ejemplo, se da el lujo de subsidiar a sus propios agricultores para que se vendan a precios más bajo en los países que ya se tienen sometidos mediante tratados como el TLCAN.

Paralelamente, obligan a los países colonizados a desmantelar su propia producción alimentaria, imponiendo políticas que supuestamente buscan apoyar a los productores más “competitivos”, que resultan ser las empresas agroalimentarias o los grandes productores nacionales, aliados a ellas, mientras los pequeños, los que realmente producen, son combatidos mediante programas asistenciales cuyo mensaje es: mejor no siembres tu tierra, pues ya no es rentable; mejor véndela, réntala y vive de lo que te den por ella y de las “ayudas” del gobierno. Esta es la realidad detrás de declaraciones absurdas como esta que se acaba de publicar. El hecho de que el presidente la repita, tiene una doble función: por un lado, sentar el dogma de que “no podemos” o “no tenemos la capacidad” de producir nuestros alimentos; por lo tanto, hay que resignarnos a comprar lo que los países ricos nos vendan; esto es más cómodo; esto es la modernidad, el mercado globalizado; por ello, no importa ya producir plátanos, naranjas o mangos en el país, si los podemos “comprar en el súper”, más baratos, aunque vengan del otro lado del mundo.


Sin duda, el presidente habla para las clases medias, prisioneras de la ciudad, cuya alimentación depende cada vez más de la dictadura de los supermercados, pero esos ciudadanos no son todos los mexicanos, pues hay una inmensa mayoría que sigue siendo independiente en su alimentación, en su salud, en su cultura y en su modo de vida; éstos son los peligrosos para el sistema, pues demuestran que el modelo neoliberal es absurdo y conlleva a la muerte.