Memorias de Madera

Diversos han sido los ensayos de memoria que durante cinco décadas se han realizado sobre el asalto perpetrado por el Grupo Popular Guerrillero (GPG) al Cuartel Madera en Chihuahua. Destacan ensayos literarios, históricos, periodísticos, documentales y conmemoraciones. A grandes rasgos, se puede precisar que estas iniciativas de memoria han sido múltiples piezas atemporales, conjuntos de narrativas discontinuas que han sido convocadas en ciertas coyunturas. Dicho suceso ha sido abierto y mostrado como un pasado que parecía ya clausurado o en relativo olvido. Estos ensayos no han logrado conectarse entre sí en un proyecto común, colectivo, siguen siendo apenas fragmentos de una memoria revolucionaria.

En el pasado, el uso político del suceso ha sido canalizado a manera de homenaje al fallido asalto al Cuartel, así lo hizo la misma Liga Comunista 23 de Septiembre, no sólo por elegir la fecha como distintivo, sino también por incorporar el nombre de Madera a su periódico u órgano de difusión ideológico–político.

Este suceso fue también retomado por algunas fracciones revolucionarias para conmemorar el inicio de la nueva etapa armada en el país. Diversos grupos armados también homenajearon a los caídos en el asalto al Cuartel a través de los nombres que pusieron a sus brigadas, por ejemplo los Comandos “Arturo Gámiz”, “Oscar González” y “Carlos Armendáriz”.


Al paso del tiempo, los ensayos de memoria –principalmente narrativos– que se realizaron en torno al asalto al Cuartel Madera no se alejaron del principio de la conmemoración y comenzaron a construir una especie hagiografía revolucionaria, en la que se destacó el ideal, el valor y sacrificio puesto por los hombres que tomaron por asalto el Cuartel para cambiar las condiciones políticas, sociales y económicas. Así como las demandas de justicia.

Los fragmentos de memorias revolucionarias en torno al asalto no han logrado establecer claramente si deben ser memorias artísticas, conmemorativas o memorias pedagógicas, y esto, en términos de proyectos de memoria es un gran problema, pues la memoria no se construye como un proyecto vacío de contenidos políticos, sociales y culturales, es un proyecto de posicionamiento desde el presente. Posicionamiento aún ausente en el caso de los proyectos de memoria en torno al GPG y al asalto al Cuartel Madera.

Las iniciativas de memorias en torno al asalto al Cuartel siguen siendo un proyecto inconcluso, no han logrado insertarse en la narrativa nacional, no se han consolidado como una memoria permanente que dé cuenta de la violencia política del Estado mexicano en el pasado y sea un claro referente para el presente.

El GPG y el asalto al Cuartel Madera han entrado en la escena narrativa de la memoria oficial como una “memoria marginada”, que poco ha despertado el interés por hacer un uso político e incorporarla en la narrativa de la violencia estatal, tanto a nivel local como nacional.

Las memorias que se han tejido en torno al asalto no han logrado fungir como un vehículo a través del cual se explique la forma y la aplicación de la violencia del Estado mexicano en el pasado, particularmente, antes de que emergieran los movimientos armados socialistas, tanto rurales como urbanos.

Estas memorias son apenas iniciativas no oficiales, subterráneas, marginadas y que sobreviven por delgadas cadenas de oralidad y testimonios que se han transmitido a través de prácticas de resistencia cuasi clandestinas, las cuales aún hoy en día siguen pugnando por establecer un sentido diferenciado del pasado. En otras palabras, no han logrado estas memorias ser contra hegemónicas ni subalternas.

No lo son porque no datan de una experiencia histórica compartida, no han sido promovidas por organizaciones civiles con arraigada presencia de movilización nacional, si no, apenas local. No tienen contenidos precisos los cuales puedan ser comparativos en la esfera privada y pública por grandes sectores o capas sociales, ha sido borrada parcialmente, ha sido tachada del diálogo nacional u opacada por otros sucesos de violencia que han impactado y tenido un uso político diferenciado y favorecedor para el discurso del régimen, a decir la “democracia”, como ejemplo basta observar el uso político que se ha hecho del 68 y en últimas fechas del movimiento estudiantil de 1971.

Es importante subrayar las complicaciones en la creación y el establecimiento de este tipo de proyectos de memoria sobre la violencia política en el pasado, máxime, que los enclaves de poder de aquellos verdugos que torturaron, mutilaron, asesinaros y desaparecieron personas a nombre de su régimen, nunca se han ido y siguen reproduciendo, de múltiples formas y matices, la política del terror democrático.

Este elemento ha entorpecido la resignificación de este tipo de sucesos, así como otros acaecidos durante las últimas décadas del siglo XX y los primeros años del siglo XXI.

Así sucesivamente aparecen, se van y vuelven a aparecer, hasta llegar a Ayotzinapa y después, todo se cierra –aparentemente–y vuelve a aparecer, una y otra vez, y volverá a aparecer. Como si fuera un siniestro conjuro, una extraña profecía cíclica que repite un gobierno y otro, como si fuera la única forma de “gobernar” y “administrar la democracia”. Es difícil conferir un significado a esos sitios de horror cuando son un pasado siempre reciente, donde algunos sucesos parecen superar en sentido trágico a los otros.

El asalto al Cuartel Madera, como suceso histórico, nos sigue alertando sobre la dificultad que han tenido y tienen las organizaciones a favor de los derechos humanos y de los emprendedores de la memoria, la verdad y la justicia, así como en la búsqueda de medidas conmemorativas y compensatorias para las víctimas de la violencia y las políticas del olvido.

El asalto al Cuartel Madera nos alecciona que en México seguimos en la ardua búsqueda de un NUNCA MÁS y de UN QUE NO VUELVA A SUCEDER. Pero seguimos entrampados en los dilemas de cómo y para qué hacer memoria, el asalto al Cuartel Madera nos evidencia que como sociedad no hemos logrado consensar las dimensiones de la memoria: Si debe ser una memoria artística (colmada de escultura, mural, pintura) o conmemorativa (monumentos con los nombres de las víctimas) o memorias pedagógicas (centros de información y narrativas nacionales no dicotómicas, sino complementarias a la memoria e historias oficiales).

Esto nos coloca ante varios dilemas que aún no han sido resueltos. ¿Es el monumento una forma adecuada para recordar a las víctimas del Cuartel Madera? ¿Cómo se podría vincular una propuesta artística con una pedagógica? ¿Estas formas de memoria favorecen al establecimiento de la verdad y a la aplicación de la justicia? ¿Es posible y necesario un consenso de memoria en torno al Cuartel Madera sin matices? ¿Cómo podremos establecer una memoria revolucionaria si no hay un consenso social sobre el pasado y sus violencias y las memorias del asalto al Cuartel Madera? Este suceso sigue existiendo a través de múltiples fragmentos de una memoria revolucionaria.

Es importante reflexionar sobre cuánto más estaremos dispuestos a permitir que nos entorpezcan la re–significación de la permanente violencia política y la desaparición forzada,  cuánto más estos sucesos aparecerán, se irán, volverán a aparecer con un rostro más desecho que el de Ayotzinapa, para que esa cotidianeidad del horror y del terror nuevamente se vuelva a cerrar y vuelva a aparecer una y otra vez, como si padeciéramos ese circular y siniestro conjuro, esa extraña profecía cíclica que repite el gobierno, cualquier gobierno mexicano, ya está comprobado, es la única forma de administrar la democracia.

Cuánto tiempo más toleraremos el horror histórico que nos impide a plenitud dar significado al terror generado por el Estado, el horror como pasado siempre reciente, donde algunos sucesos del presente parecen superar en sentido trágico a los sucesos del pasado. Cuánto tiempo más esperaremos para alcanzar un NUNCA MÁS y UN QUE NO VUELVA A SUCEDER real y definitivo.

Esto nos debería exhortar a hacernos y responder una pregunta, tanto en el orden personal como colectivamente: ¿Cómo esos olvidos y silencios del ayer nos cobran sus réditos el día de hoy?