Medianoche en México

Medianoche en México. El descenso de un periodista a las tinieblas de su país (Alfredo Corchado, 2013, Random House Mondadori, México, pp. 312), es un libro de recuerdos, hace una larga travesía para escribir lo que todos sabemos del país, lo único interesante es que muestra el riesgo que viven los periodistas cuando tocan temas peligrosos y aunque aparentemente  no lo son, si los protagonistas consideran que “ponen en riesgo” sus intereses, fácilmente van contra el mensajero.

La parte mas interesante, desde mi perspectiva, es la dualidad en que se mueve el gringo–mexicano o el mexicano–gringo que le lleva a pensar siempre con la esperanza del cambio de un México que desde pequeño no suelta, ni puede soltar, porque fue “arrancado por su madre” para darle un futuro, que sólo podía encontrar en los Estados Unidos.

Esta visión es la que permea su esperanza, la sociedad mexicana que durante tantos años vivió a la sombra del PRI –y por tanto del narcotráfico– solo tiene salida, si adopta el modelo  de la democracia norteamericana, “¿De volverse un país más como Estados Unidos?” ¡Como si en los Estados Unidos no hubiera narcotráfico! La diferencia fundamental es que todavía se sigue pensando como un país de oportunidades no  determinadas por el apellido, la herencia, la pertenencia, sino por el trabajo.


Un gringo que denota que se siente incómodo, pero no por ello deja de disfrutarlo, vive en México como si fuera potentado, lo que se lo permite al ser un “corresponsal extranjero”. Tener chofer y jardinero, vivir en una de las mejores colonias, y de las mejores casas, sólo por ser extranjero, un extranjero que quiere mirar a México como si sus ojos fueran mexicanos, pero al que siempre se le atraviesan unos lentes norteamericanos. “Somos estadunidense por fuera y mexicanos por dentro”

Alfredo Corchado asume los valores norteamericanos del esfuerzo y deja que la fe la tenga su madre, pero es ella y la virgen de Guadalupe la que crean las condiciones sociales de oportunidad para que deje su aspiración de “capataz” para convertirse en periodista. La decisión para seguir la vocación siempre es influencia de mujeres; la virgen, su madre, la maestra, “alguien salva a alguien” y “yo fui el escogido. La divina providencia con rostro de mujer que llega hasta Ángela”.

Lo que dispara la narración es la amenaza de que un periodista gringo será asesinado en las próximas 24 horas y eso lo lleva a un recorrido de más o menos 50 años. Recorrido que le permite mirar y mirarse en esa realidad, de la que escribe y que le permite reconstruir los sueños de ese niño que fue desprendido de la madre tierra por su madre y que todavía se siente en la orfandad.

Su esperanza fue el PAN y con el PAN terminó. “Un gobierno de ocurrencias, que no tuvo la capacidad de apreciar la necesidad del cambio, la fortaleza del pueblo desperdiciada que se agotó en las veleidades personales y las vanidades de la pareja presidencial. Un final ridículo por la demanda de una pensión”. El foxismo fue la forma de demostrar que el empresariado de cuates, cuando, no se tiene empresa y se es subordinado también se incorpora al camino de hacer político para vivir del  erario.

Las decepción de Corchado fue grande, como grande fue poner en el cuerpo su cabeza toda la esperanza. La idea gringa de que el capitán América existe, como existen el Llanero Solitario, Superman o Batman, fuerzas individuales que lucha contra el mal y triunfan, en la experiencia de Fox fue que mientras más alta es la caída más fuerte es el porrazo.

“–Cuando gritamos: “¡A la  carga!”, y nos lanzamos cuesta arriba, me di cuenta de que no íbamos a caballo sino en burro” No digamos armas: no traíamos ni silla. Y cuando volteamos para atrás, toda la caballería iba en distintas direcciones”.

Para Corchado, el  mayor error de México es no haber sido una nueva Colombia. Si los mexicanos hubieran aceptado una ayuda más amplia de los Estados  Unidos y se hubiera dejado ayudar, dejando en manos de los E.U. la organización de la inteligencia, de los cuerpos policiales y militares, del control  de los medios de transporte, de seguro ahora se tendría una realidad muy diferente. Calderón pidió ayuda a Bush y éste se la brindó. Calderón abrió de par en par las puertas del gobierno, el problema es que la desconfianza de los grupos de interés y la inexperiencia del equipo gobernante cree que le dieron al traste a la Iniciativa Mérida.

“En el despacho Oval, Garza podía oír a los dos mandatarios mientras hablaban. Calderón fue  directo al grano. Describió secamente la situación de México. La comparó con abrir un cuerpo, pensando que todo lo que había que hacer era encontrar el tumor y extirparlo quirúrgicamente. Pero lo que se encontró fue un cuerpo podrido hasta la médula por años de corrupción. El cáncer se había extendido. Proponía lo inimaginable. Rompiendo todo el protocolo de generaciones y tragándose su propio nacionalismo estridente, Calderón le dijo a Bush que México necesitaba asociarse con el gobierno de Estados Unidos para restablecer la seguridad”

El libro de Corchado se convierte en un debate individual, introspectivo que se proyecta en la experiencia individual, de pareja y de periodista. La historia individual del reconocimiento a la oportunidad de la sociedad norteamericana para desarrollar las capacidades individuales, que le permiten una vida, una profesión para recorrer un país al que trata de apropiarse.

La relación entre el individuo y su idea del país que aspira, es un reflejo de la propia dificultad para concretar una relación de pareja; se conoce, se gusta, se comparte y en algún momento se considera una vida juntos, sin embargo el interés por forjar un proyecto individual hace que no sea posible construir un proyecto juntos, “México nos había unido. Ahora nos estábamos alejando”.

Eso lleva al periodista a reproducir una relación difícil con sus fuentes –usar y ser usado–, nadie que esté cerca del poder puede salir limpio. El periodismo, en cualquier área, si está cerca del poder, cerca del narcotráfico, cerca del fuego, es difícil no quemarse, no involucrarse en la realidad, ya no como periodista sino como protagonista, se pierde la subjetividad informada para convertirse en la subjetividad sensible. El investigador norteamericano es el alter ego de Corchado.

Un buen reto el que se impone Corchado para transformarse de periodista a escritor de no ficción, pero cuya aportación más significativa es el riesgo del ser periodista. Riesgo que se corre en cualquier trabajo que toca la fibras más sensibles del poder y el dinero, sobre todo cuando este sirve para aceitar una maquinaria cuyos engranes principales son la impunidad y la corrupción.

El libro de Corchado no alcanza para el subtítulo: “El descenso de un periodista a las tinieblas de su país”, sobre todo cuando se compara con los registros, tan solo de la colección “Crimen organizado” de la revista Proceso.




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