Pepe Meade y el “nuevo PRI”

¡Pepe Meade!, así fue anunciada la llegada a tierras tlaxcaltecas de quien ahora es el virtual candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República, hace siete meses en la comunidad de José María Morelos (Tetla). Llamó la atención su presencia en un evento vinculado más al sector social y en una localidad pequeña, sobre todo cuando su encomienda como secretario de Hacienda y Crédito Público le exigiría mayor tiempo para resolver las diversas problemáticas del erario de este país.

Pero desde entonces la mesa ya estaba puesta y sus camaradas en esta administración la afianzaron poco a poco. El acto se convirtió en un foro de halagos hacia el funcionario, quien no desaprovechó el momento para sentar junto a él a un niño y obsequiarle un pastel por su cumpleaños.

José Antonio Meade Kuribreña estuvo en Tlaxcala en al menos cinco ocasiones en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto. En una de esas visitas, todavía como secretario de Desarrollo Social, anunció que Mariana González Foullon, hija del entonces gobernador en turno y priista Mariano González Zarur, asumiría como delegada en el estado.


No es ninguna coincidencia que apenas hace 15 días, las delegaciones de las dependencias federales cacarearan los “avances” en el combate a la pobreza en el estado entre 2014 y 2016, parte del periodo en el que Pepe ocupó la titularidad de la Sedesol. En rueda de prensa repasaron las cifras que desde hace muchos meses la Comisión Nacional de Evaluación de la Políticas de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer oportunamente.

Al proyectar un deterioro irreversible en el PRI, Ernesto Julio Teissier expone en su libro Ya nunca más, México en 1989, que después de las elecciones presidenciales de 1988 (selladas por la caída del sistema), el dedazo, la sumisión generalizada y el sindicalismo desenfrenado no volverían a presentarse en México.

Quién diría que a 29 años esta hipótesis sería disentida, porque la cuasi postulación de Pepe Meade, el simpatizante del tricolor y hasta ahora aspirante único por este partido, es producto del dedazo y de todo ese ritual ancestral en el que las organizaciones y sectores adherentes ciegamente arropan al elegido que en 2018 contenderá con las siglas de lo que aún se empeñan en llamar el “nuevo PRI”.