Matadores de toros, seres de otro mundo; Angelino listo para reaparecer

José Luis Angelino espera recuperarse pronto de la cornada, ya que reaparecerá el 28 de mayo en Tlaxcala para partir plaza en una corrida a beneficio de una iglesia de la entidad. Foto:Alejandro Ancona/La Jornada de Oriente

Locos, seres de otro mundo, insensibles, entre otros, son muchos y diversos los calificativos que reciben en ocasiones los matadores de toros y quizá tengan algo de razón y más cuando no han pasado ni 72 horas de sufrir un grave percance y lo único que piensan es en volver a calzarse el terno de luces y volver a torear.

Es el caso del matador de Apizaco, Tlaxcala, José Luis Angelino, quien el pasado domingo sufrió una grave cornada que le “floreó” el muslo de la pierna derecha, a la altura de la ingle, que le ha generado dos heridas. La extensión de la misma, en suma, es de más de 40 centímetros y que lo ha postrado en la cama 107 de la Clínica Médica de Mérida, en el sureste yucateco.

El pasado domingo, el diestro José Luis Angelino actuaba en Seybaplaya, Campeche. Sí, allá mismo y el mismo día grande de esa comunidad, el 15 de mayo, pero de hace dos años, en donde un toro cegó la vida al joven forcado Eduardo del Villar Zamacona.


Sin atender esas coincidencias y malditas fechas que sólo a los supersticiosos detienen, el torero de Apizaco disfrutaba esa tarde de un mano a mano con el diestro José Mauricio.

Ya tenía asegurado el triunfo y su salida a hombros, pues había cortado dos orejas al primero de su lote. Pero quería más y con esa determinación cogió las banderillas para adornar el morrillo de su enemigo, un toro de la dehesa tlaxcalteca de Tepetzala, de los herederos de don Cirilo Sánchez Piedras.

La suerte estaba echada. Cuando se enfilaba a colocar el primer par, ese toro negro se terció hasta estirar el cuello para alcanzarlo y hundirle el pitón izquierdo en la pierna derecha, a la altura de la ingle. El terno palo de rosa y oro terminó hecho girones, porque además de la cornada, el mayor de los matadores Angelino sufrió una paliza.

De ese encuentro indeseable resultó una herida por asta de toro con dos trayectorias, una de 10 centímetros y otra de hasta 30 centímetros, que le generó pérdida de una gran cantidad de piel y desgarres musculares. La gente que asistió al ruedo, temió lo peor.

Y el periplo continúo, pues en Campeche sólo lo estabilizaron y de ahí a carretera, como ocurrió con Eduardo del Villar; en ese lugar los servicios médicos para ese tipo de percances es limitado. Tuvo que ser trasladado por tierra hasta la capital de Yucatán, en donde fue intervenido quirúrgicamente.

“Fue una cornada de caballo –dice desde la bocina de su teléfono–, la verdad es que fue muy dolorosa”, confirma lo que podemos apreciar por el tono de su voz, pues lleva casi tres días metido entre sábanas de camas de hospital y sondas por las cuales ha recibido un alto bombardeo de antibióticos y demás medicamentos.

“Afortunadamente no fue más grave, porque pudo ser, pero papá dios estaba conmigo y no quiso que las cosas se complicaran, afortunadamente no lesionó ni arterias ni vasos importantes”, explica con su característico talante, a pesar de sufrir esos sinsabores que también da la fiesta brava a los matadores de toros y a la mayoría de los actuantes de una corrida o festejo taurino.

A su lado, está su apoderado el ex novillero Raúl Alducín, y también está su mozo de espadas, Gabriel Muriel, quienes “gracias a dios se vinieron conmigo, a veces vengo al sur solo, pero no sé, esta ocasión vine acompañado, sino estaría peor, como perro en el hospital”.

Pero lo peor ya pasó, pues al momento de cerrar la información ya estaba listo para dejar el sanatorio y enfilarse, confió, al aeropuerto, pues anoche mismo quería viajar a México y de ahí a su natal Apizaco.

“Los percances ocurren, eso es un hecho intrínseco de la profesión y uno nunca quisiera que pasara, pero es así. Vamos, ya he dado algunos pasos en la habitación y he podido comer lo que podemos por la dieta blanda, creo que no hay complicaciones, ya en Apizaco terminaré la recuperación y a lo que viene”, dice con entereza José Luis Angelino.

Matadores de toros, siempre pensando en reaparecer

–¿Y qué es lo que viene torero?, pues fue duro el cate.

–No sé hacer otra cosa y no quiero hacer otra cosa que torear. Voy a recuperarme lo más pronto posible porque reaparezco el 28 de mayo –en 10 días– en Tlaxcala, hay una corrida muy bonita, y vamos a enfrentarla con mucha ilusión, dice uno de los matadores consentidos de Tlaxcala.

José Luis Angelino está acartelado para torear  el sábado 28 de mayo, a las 17 horas, en la plaza de toros Jorge El Ranchero Aguilar, en donde partirá plaza con los matadores Jerónimo y Jorge Sótelo, quienes despacharán tres toros de Coyotepec y otros tantos de Cortina Pizarro.

Ese festejo será benéfico y a favor de la Iglesia de la Santísima Trinidad, que en alguna ocasión resguardó la imagen de la virgen de Ocotlán, patrona de los tlaxcaltecas.

“Estoy dolorido, pero también puesto, esto tiene que seguir”, dice José Luis Angelino, y me recordó lo que muchas veces nos confió como máxima un torero que ahora vive la desgracia, Rodolfo Rodríguez El Pana: los toros dan mucho y pueden quitar todo.