Más pequeños que el Guggenheim: tan pequeños que somos

Hacía rato que el Teatro Xicohténcatl no cobijaba una obra tan propositiva y audaz como Más pequeños que el Guggenheim, de Alejandro Ricaño. La producción sirvió de arranque a la Muestra Estatal de Teatro, que cumple su octava edición, segunda bajo este gobierno local, luego de años de olvido durante la pasada administración.

La pieza de Alejandro Ricaño, que entra holgadamente en los márgenes de la comedia fársica, apuesta por el minimalismo escenográfico: apenas una banca, un par de sillas, una mesa y una lámpara. La proposición se centra en la interpretación, que parte de diálogos ágiles, que se pisan los talones, y que nos develan los abismos existenciales de los personajes.

La obra evidencia una estructura rota, más narrativa que dramática, tan cercana al teatro clásico y al mismo tiempo tan contemporánea. Una pieza que trata sobre el montaje de una obra. Y dentro de esa obra, hay otro montaje: teatro dentro del teatro dentro del teatro: cajas chinas, que van más allá de la pirotecnia formal y de la experimentación por sí misma.


Sobre el escenario vemos a cuatro personajes que se desdoblan para ser otros, pero sin renegar de ellos mismos. Personajes que se representan a sí mismos, de hecho. Que juegan con las posibilidades del teatro de sombras, de la máscara que revela a la verdadera identidad, como ocurre con Sunday, quien tras su pinta agresiva y violenta, esconde a un ser frágil, pero que se atreve a salir del clóset para asumir su homosexualidad. Represor reprimido, Sunday logra escapar a su propia prisión de prejuicios. Por mucho, es el personaje más atractivo, seguido de cerca por Gorka, su perfecto contrapeso, que le toma el pulso a la desgracia y el infortunio.

Hace rato que estamos acostumbrados a ver la luz en los perdedores, outsiders que luchan a contrapelo contra su propio sino.

La idea de traer esta pieza ha sido de la actriz y directora escénica Haydeé López Díaz, quien ha catalizado al teatro en Tlaxcala. A ella se deben los montajes más propositivos que se han realizado en Tlx en los últimos cinco años, como Islandia, basada tangencialmente en Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Carta de la Maga al bebé Rocamadour, de José Sanchís Sinisterra, quien partió de un capítulo de Rayuela para escribir la pieza.

Honor a quien honor merece, López Díaz tiene a su cargo la organización de la Muestra, y con la presentación de Más pequeños que el Guggenheim nos ha permitido asomarnos a las posibilidades que tiene la representación hoy en día, cuando se combinan un grupo sólido de actores, un buen director y una extraordinaria obra. Ojalá y sirva de revulsivo para quienes hacen teatro en Tlx, que, todo hay que decirlo, la tienen bastante complicada.




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