Los Programas Educativos de Equidad de Género y sus posibilidades de éxito

La semana pasada se dio a conocer que la Secretaría de Educación Pública del Estado de Tlaxcala puso en marcha el Programa Equidad de Género en Educación Básica, con el cual, de acuerdo al contenido de notas periodísticas, se busca garantizar una sana convivencia dentro de las escuelas, promover la igualdad sustantiva de las niñas y niños de la entidad, así como abordar el tema de violencia contra la mujer. De inicio el programa suena pertinente en un contexto donde la violencia hacia las mujeres persiste: acoso sexual, desapariciones, violación y trata de mujeres, sin embargo, habría que revisar los objetivos específicos del programa, las actividades, metas y los indicadores de cambio, de tal manera que los resultados no terminen en la simple memorización de algunos conceptos sin que las conductas cambien.

Muchas experiencias de educación social para el cambio cultural respecto a problemáticas sociales han demostrado que para tener cierto éxito se requiere de algunos elementos que permitan la verdadera introyección de cambios, entre estos elementos podemos enunciar los siguientes:

Utilizar el método de reflexión-acción. Si se utilizan métodos tradicionales donde las y los estudiantes simplemente reciben información esta suele memorizarse y después olvidarse. En algunas experiencias de educación popular con adolescentes y jóvenes hemos observado que se da mayor aprendizaje cuando se les encarga la realización de alguna actividad, por ejemplo, la réplica de talleres, presentación de temas con títeres u organización de otras actividades de difusión. Actuar desde lo aprendido no solo lleva a reafirmar el conocimiento, sino además a asumir cierto grado de compromiso frente a las problemáticas que se trabajan.


Partir del conocimiento que las personas tienen. Dado que se abordan problemáticas que les afectan, siempre es bueno recuperar el conocimiento que ellos tienen y de los efectos negativos que ellos ven. En el caso de las problemáticas sociales no se trata de memorizar conceptos, aunque estos ayuden a la comprensión, se trata más bien de aprender a analizar problemáticas desde la experiencia concreta y de recuperar sus iniciativas para la implementación de acciones que incidan frente al problema.

Incorporar a otros actores que respalden el proceso. Frente a problemáticas de carácter social, no basta con que las y los estudiantes transformen actitudes, pues pueden llegar a chocar con los patrones de conducta que tienen las y los docentes e incluso con sus padres. Por ejemplo, de poco sirve que a las alumnas y alumnos se les enseñe a identificar violencias como el acoso sexual si existen profesores que lo ejercen, validan y justifican; otro ejemplo es la educación para la modificación de la masculinidad hegemónica que puede chocar con prácticas familiares. Por ello es importante generar un mecanismo de trabajo, por mínimo que parezca con otros actores y si bien el trabajo con madres y padres no es una función de las escuelas, sí existen mecanismos de información que pueden aprovecharse para la formación y refuerzo de los procesos de aprendizaje de las y los alumnos.

Generar proceso de largo plazo. El aprendizaje social, como el aprendizaje de las ciencias exactas, requiere de un proceso de largo plazo, es poco posible que una persona en un periodo muy corto de tiempo pase de contar del uno al 10 a realizar cálculos diferenciales e integrales, lo mismo sucede en la educación con problemáticas sociales, pasar de aprender a identificar la violencia hacia las mujeres a no ejercerlas ni reproducirlas requerirá un proceso de largo plazo.

Si lo que hoy desde la Secretaría de Educación Pública se está planteando como Programas de Equidad de Género no tiene al menos los criterios planteados anteriormente, lo más probable es que esté condenado al fracaso, a ser una simulación más de la lucha contra la violencia hacia las mujeres y las niñas, pues se estarán realizando y reportando prácticas que no lleven a cambios de fondo, si es así la igualdad sustantiva, el derecho a vivir libres de violencia y de explotación sexual seguirá durmiendo el sueño de los justos.