Los enemigos de México

En su reciente visita a Tlaxcala, para “reactivar” la Cruzada Nacional contra el Hambre, la titular de Sedesol declaró que los principales enemigos de México siguen siendo la pobreza, el hambre y la desigualdad, lo cual justificaría la campaña para combatir el hambre mediante los programas asistenciales que este gobierno presenta como la mejor muestra de su compromiso por “mover a México”.

Ante este tipo de declaraciones, uno no sabe si reír, llorar, indignarse y decir: “estamos hasta la madre” de mentiras y de demagogia. Resulta un verdadero insulto a la inteligencia de los mexicanos pretender hacerles creer que las consecuencias de un modelo injusto, excluyente y empobrecedor, sean las enemigas a combatir y no lo sea la causa principal que las genera, es decir, el modelo neoliberal privatizador de los bienes comunes, concentrador de la riqueza en pocas manos y entreguista de los recursos naturales al capital extranjero. Este modelo es el que provoca la pobreza, el desempleo, la desigualdad, la corrupción, la violencia, el narcotráfico y todos los males que aquejan al país; y no son estos flagelos los que están destruyendo el tejido social, no surgen de la nada, sino que responden a una estrategia deliberada de “terrorismo social” del capital para mejor controlar y acaparar la riqueza.

Pero incluso, decir que el modelo neoliberal es la causa primera de todos los males, tampoco es muy exacto, pues pareciera que al igual que “la mano invisible del mercado”, se trataría de crear una entelequia abstracta, una especie de ser misterioso e inaccesible que con una mente perversa genera los flagelos que tienen a la sociedad de rodillas, en un “estado de shock” permanente para que no proteste, para que no se resista a ser sometida a los intereses de las transnacionales. No, no se trata de un ser abstracto, tiene nombres y apellidos: Nestlé, Coca-Cola, McDonald’s, Monsanto, Barrick Gold, Texaco, Sygenta, General Electric, Iberdrola, Gas Natural, Televisa, Grupo México, Telmex, Microsoft, Procter and Gamble, por mencionar sólo algunos. Y estas corporaciones tampoco son abstractas, tienen dueños, consejos de administración, gerentes, representantes con nombres y apellidos. Pero tampoco actúan solos, tienen sus empleados incrustados en los aparatos de Estado: sus partidos y sus diputados que promueven leyes a su favor (Ley Televisa o Ley Monsanto, reforma laboral), tienen sus ejecutivos y su “Pacto por México” que está promoviendo la privatización del petróleo, la exención de impuestos a las grandes empresas y el incremento del IVA, además de gravar medicinas y alimentos, o la reforma política que consolide la “partidocracia” y evite cualquier injerencia ciudadana en los asuntos públicos; tienen también sus secretarios de Estado que se hacen de la vista gorda ante las violaciones a los pocos derechos laborales que quedan, a la normatividad ambiental, a los derechos humanos; sus funcionarios locales que avalan “proyectos de desarrollo” a espaldas de la gente, que inventan “asambleas ejidales” para despojar a los comuneros. Así que como cantaba Zitarrosa: “vaya sacando la cuenta” de quiénes son los verdaderos enemigos de México.





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