LOS CONFLICTOS

La política no puede existir sin la democracia, pero la democracia tampoco puede hacerlo sin el conflicto. Afirman Lefort y Gauchet: “El gesto inaugural sobre el que se funda el régimen democrático consiste en el reconocimiento de la legitimidad del conflicto.”

El conflicto en la democracia está determinado por la existencia de dos lógicas: la de la autonomía del Estado y la de la acción del pueblo. La figura del Estado tiene la apariencia de la unidad; en tanto la democracia, la de diversidad.

La política es el espacio de visibilidad por el que la experiencia humana expresa la necesidad de estar juntos, pero como un acuerdo y no sólo como una idea o imposición por factores externos a la voluntad colectiva.


Desde lo político existen cuando menos cinco formas para resolver los conflictos: la integración, el servilismo, la dominación, la evitación o el compromiso. La primera demanda la colaboración de los actores para lograr una solución aceptable para todas las partes.

El servilismo se produce cuando una persona o grupo no toma en cuenta las diferencias existentes  y enfatiza y destaca los aspectos comunes de todos para satisfacer el interés del actor más fuerte.

La dominación implica que una persona o grupo busque por todos los medios lograr su objetivo ignorando las necesidades de los otros, lo que significa una actitud autoritaria.

La evitación significa posponer el problema hasta que se considere el momento más propicio, lo que hace que las personas en lo individual y como grupo hagan a un lado las necesidades y demandas de la población.

Reconocer las necesidades y expectativas de los actores y ceder algo en la posición original para construir acuerdos aceptados por todos es lo único que logra establecer compromisos y salir adelante ¿Qué opción elegirán los ayuntamientos? ¿Y el Congreso?




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