La violencia que por razón de género se vive en la política

La violencia hacia las mujeres, en cualquiera de sus expresiones, es un tema de poder y discriminación, que cuando se coloca en lo público los primeros en sentirse aludidos son los hombres, desde una idea androcentrista de pérdida del espacio público, otorgado históricamente como suyo con el surgimiento del patriarcado.

Además, de ser notable que seguimos siendo las mujeres quienes nos ocupamos de reflexionar sobre los impactos de estas expresiones de violencia que se ejercen en todos los ámbitos donde participamos las mujeres; sin duda, ocupar estos espacios públicos sigue siendo complejo y con grandes brechas debido a la naturalización que se mantiene sobre los roles y estereotipos de género.

No se han construido las condiciones sociales para favorecer la participación política de las mujeres, las imposiciones por razón de género limitan e impiden el desarrollo pleno de los derechos políticos y ciudadanos cuando las mujeres participan en estos espacios, quienes viven diferentes formas de violencia por razón de género, que son parte de la violencia estructural que se mantiene en todos los ámbitos y que poco se ha hecho para modificar las conductas violentas que se continúan ejerciendo hacia las mujeres.


Por siglos, desde esta violencia sistemática, a las mujeres nos han impedido dar voz sobre nuestras realidades, han intentado mantenernos en silencio, invisibilizando y negando las problemáticas que vivimos y minimizando nuestra participación y aportaciones en lo público, siendo pocas las voces que intentan hacer frente a esta realidad de violencia machista.

Hoy la participación de las mujeres en todos los espacios públicos es una realidad, pero que ha costado muchas vidas, ya que lo hemos hecho en condiciones de seguridad precarias, con actitudes y conductas de discriminación que persisten hacia el género en el ámbito comunitario e institucional traducidos en diferentes expresiones de violencia, muchas veces sutiles pero que van en aumento; los motivos siguen siendo la misoginia y el sexismo, que culminan con quitarle la vida a las mujeres y naturalizando todas las formas de violencias hacia las mujeres por ser mujeres.

El feminicidio es el reflejo de una cultura de discriminación contra las mujeres, es una herramienta de sistema que garantiza la opresión de las mujeres, es la expresión última de las violencias que se ejercen de manera cotidiana; por lo que es importante analizar la relación directa que tiene este delito con la violencia política de género, y que además no se han implementado las acciones necesarias para minimizar los riesgos en los que nos coloca esta violencia sistemática y machista que impide el ejercicio de nuestro derecho a la participación política y ciudadana. Tlaxcala no está exento de ataques a mujeres que han ocupado o intentado ocupar puestos políticos y públicos, o quitándoles la vida y además impidiendo el acceso a la justicia, dejando en la impunidad los actos cometidos en su contra.

Tanto en este ámbito, como en los demás, se observa un efecto rebote, una respuesta que los hombres (principalmente) han dado a las acciones que las feministas y grupos de defensoras de los derechos de las mujeres han iniciado para contrarrestar estos actos; ha sido la muestra de la resistencia, enorme y clara, que existe para que las mujeres lleguen a puestos de toma de decisiones, sintiendo que pierden el poder.

Los mecanismos que el sistema patriarcal utiliza para mantener este orden androcentrista son diversos y uno de ellos que ha tenido gran impacto para cuidar estos mandatos ha sido la enemistad femenina; pues más que buscar estrategias para colocar a las mujeres en estos espacios públicos, se promueven actitudes de discriminación y competencia entre las mismas mujeres, imposibilitando la potencialización de hacer frente al orden machista que sigue siendo de los hombres y quienes siguen siendo quienes toman decisiones sobre nuestras problemáticas, nuestros cuerpos y nuestras vidas. Si bien el ser mujer no es garantía de ser sensible al género, sí es una forma de desestructurar estos mandatos misóginos y de nombrar las exigencias de todas las mujeres en los diversos contextos.

No podemos seguir viviendo con miedos, no podemos seguir minimizando los actos de impunidad que deja en total indefensión a las víctimas y sus familias de estas expresiones de violencia y en libertad a los agresores.

Es necesario un trato adecuado para la violencia política que viven las mujeres y no sigan quedándose en cifras negras; así como la debida tipificación del delito de feminicidio, que dicho sea de paso no se observa un compromiso real para garantizar que la tipificación del delito sea la adecuada, permitiendo la acreditación del feminicidio; que si bien ha existido el llamado y la disponibilidad por parte del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), desde el Colectivo Mujer y Utopía, organización integrante de la red y que la representa en Tlaxcala, no hay claridad en las acciones que permitan el acceso a la justicia de quienes han sido víctimas.

Por ello se ha hecho un llamado a las autoridades para que dejen de lado la resistencia para reconocer el delito de feminicidio y, por lo tanto, para investigar de manera adecuada.

Basta de minimizar los actos de discriminación hacia las mujeres en su participación política que permite poner en la agenda las necesidades sentidas de las mujeres en el estado, y que además permita la plena autonomía para poder ejercer todos nuestros derechos sin que nos cueste la vida; indistintamente de partido o postura política, así como del cargo que ocupen las compañeras, es urgente no minimizar o ser omisas ante estas expresiones de violencia y, al contrario, promover actitudes y relaciones sororales que de manera estratégica aporten a la construcción de la igualdad que garantice la vivencia plena de todos nuestros derechos, independientemente sea o no tiempo electoral, pues estas expresiones se ejercen de manera cotidiana.