La última disputa

Todo indica que Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente de México. Todos los estudios demoscópicos serios aseguran una ventaja amplia para el candidato de Juntos Haremos Historia, no habrá voto útil y si éste hubiera muy probablemente sería para AMLO. La diferencia es tan grande que a pesar de los intentos desesperados por comprar el voto, coaccionar a los empleados y condicionar los programas sociales, esta vez no les será suficiente para robar la elección presidencial. Sin embargo, la fórmula para garantizar el triunfo del Movimiento de Regeneración Nacional es ir a votar, de tal forma que el porcentaje de participación sea lo suficientemente grande para con votos detener todas aquellas trapacerías que están operando el partidazo, el gobierno federal y los estatales. El sufragio masivo es el mejor antídoto para enterrar al PRI y confirmar las preferencias que al día de hoy dan por ganador a Andrés Manuel López Obrador.

A estas alturas de la campaña la posibilidad de un cambio en las preferencias electorales es imposible, durante la precampaña, la intercampaña y a lo largo de la campaña presidencial no se modificaron y, por el contrario y a pesar de lo que muchos esperaban, AMLO no dejó de crecer, según los registros podría estar rebasando el umbral de los 50 puntos porcentuales, pero aunque no rebase ese máximo histórico, la brecha entre el puntero y el disputado segundo lugar hace impensable un resultado distinto al ya cantado. Sobra decir que incluso los intelectuales orgánicos han orientado sus análisis de los últimos días a promover el voto diferenciado en un intento por detener el voto parejo, cuyo problema de fondo se sitúa ya no en quién ganará la Presidencia, sino en impedir que la coalición Juntos Haremos Historia logre alcanzar las mayorías en el Senado, en la Cámara de Diputados y hasta en los congresos locales, esa es la discusión, si habrá o no contrapesos que limiten el de por si amplio poder presidencial. De hecho, la disputa por el segundo lugar debe leerse a la luz de cómo quedará conformado el nuevo mapa político, el propio sistema de partidos y los contrapesos en las entidades federativas que habrán de renovar los ejecutivos estatales, donde por cierto se prevé que Morena ganará la Ciudad de México, Morelos, Tabasco, Chiapas y estará por definirse si logra dar el campanazo en Veracruz y Puebla, pues al parecer sus posibilidades de triunfo en Yucatán, Guanajuato y Jalisco son muy remotas.

De hecho, la movilización y la disputa territorial de los últimos 10 días de campaña será precisamente para lograr ganar diputaciones, senadurías, gubernaturas y congresos locales, de tal forma que lo que está en juego, sobre todo ahora, es qué tanto y quiénes representarán la mayor y mejor oposición al lopezobradorismo y si es posible evitar carro completo. Por eso no es casual que las baterías se centren, por una parte, en la insistencia de López Obrador de pedir el voto parejo y la de los otros de pedir el voto diferenciado, por eso es fundamental tanto para el Frente como para el PRI posicionarse como el segundo lugar, porque seguramente eso podrá contribuir a ganar algunos espacios adicionales a los previstos por los estudios demoscópicos, que en suma muestran la peor caída del PRI en su historia y que vaticina una presencia marginal del partidazo en el Poder Legislativo.


De hecho, la mayoría de los estudios demoscópicos muestran que el segundo lugar siempre fue para Ricardo Anaya y que José Antonio Meade se mantuvo estancado en el tercer lugar. Ante ese escenario, la disputa por el segundo lugar en la lucha por la Presidencia tendrá efectos en la configuración del voto y del mapa político, de entrada todo indica que el Frente podrá tener más legisladores porque su base electoral está más consolidada –salvo el PRD de la Ciudad México– y ante la derrota anunciada de su candidato, los panistas votaran por sus legisladores, no ocurre lo mismo en la coalición Todos por México, si se mantiene la percepción de que José Antonio Meade quedará en tercer lugar, es muy probable que militantes y simpatizantes vuelquen su voto por Morena, pues la historia nos ha mostrado que ante el diluvio los priista y seguidores se van con el ganador y en esta ocasión no será la excepción. Acostumbrados a salir en la foto y a vivir del presupuesto, ante un escenario desastroso abandonarán el barco en los últimos días de campaña. En ese sentido, la disputa por el segundo lugar adquiere síntomas dramáticos para el partidazo, por eso no es casual el enojo del José Antonio Meade y su cuarto de guerra contra el sector empresarial, pues evidentemente el grupo de los millonarios empresarios apostó por Ricardo Anaya y a estas alturas su decantación es la puntilla que al PRI le faltaba. De hecho, el desánimo del priismo es notorio, la famosa campaña de brazos caídos está a flor de piel y salvo excepciones lograrán triunfos esporádicos, el tiempo se les acabó, la férrea disputa por el segundo lugar los dejó desamparados y quizás por fin estaremos en la víspera del fin del PRI.

Entre tanto, ante el eminente cierre del ciclo escolar, abundan las tareas individuales o en pareja, ¿usted como prefiere hacer la tarea?, mientras se siguen acumulando. Ver para creer.