La salud sexual y derechos sexuales, pendientes para la masculinidad tradicional

Desde hace ocho años se generado un esfuerzo para promover cada 4 se septiembre una mayor conciencia social sobre la salud sexual en todo el mundo. En 2010, la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS) hizo un llamado a todas sus organizaciones miembros y todas las organizaciones no gubernamentales para que cada año se sumen en este esfuerzo de celebrar el Día Mundial de la Salud Sexual. De esta manera cada año se establece un lema bajo una temática que busca generar diálogos y reflexiones en la sociedad con miras de reconocer la salud sexual y los derechos sexuales de todas las personas. Para este año, el lema es “Salud sexual y derechos sexuales: ¡Fundamentales! Para el bienestar.

En este contexto es que se abre una excelente oportunidad para compartir una reflexión sobre la salud sexual, desde una herramienta de la perspectiva de género que es el enfoque de masculinidades.

Primero, ¿qué es la salud sexual?, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia. Bajo este concepto, si echamos una mirada crítica a lo que sucede a nuestro alrededor en materia de sexualidad: un gran índice de embarazos en adolescentes, muertes de mujeres por abortos clandestinos, los jóvenes son el sector más afectado por el VIH/Sida, acoso callejero, abuso sexual infantil, explotación sexual comercial, violaciones y feminicidios, por mencionar algunos ejemplos de noticias que vemos y escuchamos muy a menudo en los últimos años; estamos aún muy lejos de considerar a nuestra sociedad como sexualmente sana, ya que aún persisten tantos mitos y tabús respecto a la sexualidad que constituyen un primer obstáculo para el reconocimiento y cuidado de nuestro cuerpo, ejerciendo un gran peso en el estado emocional y mental al tener sentimientos de vergüenza, de miedo y de culpabilidad al intentar ejercer nuestra sexualidad de manera autónoma y libre. Y no se diga de la violencia sexual, donde las principales víctimas son mujeres, niñas y niños y quienes ejercen este tipo de violencia son hombres, que en su mayoría no son enfermos mentales ni desconocidos como suele pensarse, son hombres cercanos: familiares, amigos, compañeros de trabajo o escuela, parejas y ex parejas.


Respecto a esto último, el enfoque de masculinidades nos brinda la oportunidad de reconocer que la sexualidad masculina ha sido y sigue siendo influenciada por un sistema de dominación de lo masculino y de subordinación de lo femenino, el sistema patriarcal–machista y que en conjunto con el sistema neoliberal, han impulsado la visión del cuerpo femenino como un objeto de satisfacción masculina que se puede comercializar. En este sentido, la masculinidad tradicional en el plano de la sexualidad prescribe la heterosexualidad como una norma rígida, “desear y poseer a las mujeres”, donde habita una fuerte resistencia por la aceptación y reconocimiento de la diversidad sexual, así como una enorme dificultad para dejar de focalizar el placer sexual en los genitales, limitando no solo a ellos sino también a sus parejas (mujeres) la posibilidad de ampliar sus experiencias sexuales placenteras y seguras. Acarreando uno de los mitos de la sexualidad masculina más perversos, al situar su deseo sexual como un instinto animal que está fuera de su control que justifica así todas aquellas actitudes y conductas que invaden el cuerpo y sexualidad de las mujeres, dando como resultado distintas formas de violencia sexual: acoso, abuso, violación, prostitución, trata con fines de explotación sexual, difundir por medios digitales imágenes o videos de contenido sexual sin el consentimiento de la o las personas involucradas.

Por tanto, dos consideraciones (al menos para este artículo) para la promoción de la salud sexual. Por un lado, como hombres tenemos que romper con ese molde rígido que se nos ha impuesto y que ha generado grandes costos para la vida y salud de las mujeres, y también para nosotros mismos. Pero esto implica un proceso de reeducación donde la perspectiva de género, el enfoque de masculinidades y el campo de la sexualidad humana han brindado herramientas, metodologías y espacios para hacerlo, dejar de considerar a las mujeres como parte de nuestra propiedad, como objetos sexuales, como cuerpos que pueden comprarse, responsabilizarnos de nuestras conductas violentas y asumirlas para cambiarlas, aprender a reconocer nuestro cuerpo de manera global para brindarle placer y cuidado, asumir nuestra corresponsabilidad en la prevención de embarazos no planeados  e infecciones de transmisión sexual incluido el VIH/Sida. Sin embargo, esto no es tan sencillo pues involucra constancia, honestidad y responsabilidad, así como la apertura para reconocer los privilegios otorgados por el hecho de ser hombres en una cultura machista y la disposición para soltar estos privilegios, que es ahí donde muchos hombres reaccionan con miedo y enojo, por ejemplo, cuando expresan “¿ahora ya ni un piropo puedo decirles?”

Por último y que es parte de ese proceso de educación y reeducación, como hombres tenemos un pendiente en materia de derechos sexuales, primero el interés por conocerlos y apropiarlos para asumir compartimientos sexualmente responsables, mencionemos algunos de estos derechos que la WAS ha declarado: derecho a la autonomía e integridad del cuerpo; a una vida libre de violencia y coerción relacionada con la sexualidad; derecho a la privacidad; al acceso a la información precisa y comprensible sobre la sexualidad, salud sexual y los derechos sexuales; derecho a la educación integral en sexualidad, entre otros. Sin el reconocimiento y respeto de los derechos sexuales de todas las personas, será difícil que se logre y se mantenga un enfoque respetuoso de la sexualidad y que las relaciones sexuales, libres de toda coacción, discriminación y violencia sean una realidad.

Si deseas conocer más sobre los derechos sexuales y la salud sexual, puedes revisar la página www.diamundialsaludsexual.org.