La rebelión pacífica

Los desaciertos y abusos de los dos sexenios federales panistas, pero sobre todo los cometidos en el priista que pronto culminará, zanjaron el camino en 18 años a Andrés Manuel López Obrador y a su partido Morena. Aún con el fantasma de fraude electoral y el miedo sembrado antes y durante todo el proceso comicial, como nunca antes en la historia del país millones de mexicanos decidieron salir a votar y más del 50 por ciento de la totalidad lo hizo a favor del político tabasqueño.

Todavía la mañana y mediodía del domingo 1 de julio, operadores priistas se forzaban en mostrarse optimistas. “Vamos a ganar en la raya, con poquita diferencia”, se estimulaban entre ellos, porque esa fue la fantasía que su partido forjó cuando su candidato José Antonio Meade Kuribreña nada más nunca levantó en las encuestas verídicas.

Pero pudo más la repulsión a los muchos años de malos gobiernos y su descarada corrupción generadora de pobreza, impunidad e inseguridad, que la compra de sufragios y la tentación de no respetar la voluntad de las y los mexicanos. Sí, este fue el voto de castigo de un pueblo indignado que ya no puede soportar más.


Durante 12 años, Andrés Manuel López Obrador edificó la imagen del candidato de la esperanza de millones de pobres, fortalecida por los excesos de los grupos de poder. Por eso El Peje aplastó a sus contrincantes en las urnas y a estos no les quedó más remedio que aceptar la derrota a poco del cierre de las casillas, incluso al mismo presidente Enrique Peña Nieto. No había de otra, de lo contrario se podría haber generado confrontación. Impensable impugnar el resultado ante la incuestionable victoria.

Tal vez este sea el comienzo del despertar de una sociedad mexicana que determinó expresar su descontento mediante el sufragio. Esta elección significa la protesta pacífica de millones de personas que merecen reconocimiento al optar por esta vía civil para exigir un cambio. Ahora habrá que dar seguimiento al desempeño del próximo gobierno federal y demandar que cumpla compromisos; además, poner marcaje al Congreso de la Unión, donde Morena y sus aliados, PT y PES, serán una mayoría a disposición del Poder Ejecutivo, condición que genera incertidumbre.