LA PALABRA VANA

La experiencia demuestra que los organismos empresariales realizan encuentros con los candidatos a puestos de elección popular con dos intenciones: 1) promover al candidato afín a sus intereses y 2) crear puentes con los que en un futuro contratarán obras o servicios.

La acción de promoción, que casi siempre la bautizan como ciudadana, tiene una clara finalidad económica y política, tan es así que casi todos los dirigentes empresariales han terminado como funcionarios públicos en la administraciones perredista, panista y priista. 

Esto hace que el evento se cuide de tal forma que el conocimiento, el análisis, la reflexión, la propuesta o el debate nunca se realicen y todo evento concluya con una desangelada presentación de buenos deseos. 


El desencanto es tal que en algunos casos, ya ni los propios afiliados de las cámaras se presentan, mucho menos la totalidad de los candidatos, porque saben que el evento responde a los intereses de quien en ese momento dirige a la organización.

Al foro “Diálogo y compromiso con los candidatos” no llegaron cuatro de los nueve aspirantes a dirigir la capital del estado y por ningún lado se posibilitó el diálogo, ni siquiera entre candidatos, menos con el auditorio. 

A pesar de contar con 20 minutos para la exposición, ninguno de los aspirantes tuvo la capacidad de síntesis que permita, en unas cuantas líneas, señalar el problema y plantear la solución, todo se les va en promesas. 

Para que la discusión pública se produzca se requiere que los políticos se centren en un numero limitado de problemas que les permita movilizar conocimientos, experiencia y el interés de los electores.

La idea entre los aspirantes a políticos de que: “la política pública está hecha de palabras”, los lleva a confundir el argumento con el rollo y usan palabras vanas que no le dicen nada al elector, y en la mayor parte de los casos, ni a ellos mismos.




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